lunes, 27 de febrero de 2017

Santos, Beatos, Venerables, Siervos y Fallecidos en Olor de Santidad, Ecuador

Sant@s

Beat@s

Venerables

Sierv@s de Dios

Fallecidos en Olor de Santidad
  • Padre Amadeo Millán de la Cuadra
  • Francisca de Mendiola y Fernández Caballero,
  • María Hilaria Cajekay
  • Jesús Caballero
  • Catalina de Jesús María Herrera Campusano, Escritora y Maestra de Novicias
  • Sor Eufemia de San agustín (Herminia Moscoso Zambrano)
  • Zoila Rosa Mariana de Jesús Salvador González
  • Fray José María Aguirre Moreno
  • Lucinda Toledo Paredes
  • Dolores Pérez Pareja
  • Mercedes María Morla Flor
  • Fray Jodoco Ricke
  • Hernando de la Cruz
  • María Beatríz Arrue y Onrramuño
  • Madre Teresa de Cepeda y Fuentes
  • Fray Fernando de Jesús Larrea
  • Padre, Agustín María León
  • Padre, Enrique María Mideros
  • Fray Tomás del Rosario Carrión
  • Antonia Carmen Inés Barona Guzmán
  • Padre, Manuel Herrera y Donoso
  • María Fabiola García Ramírez
  • Madre, María de San Pablo
  • Padre, Fray Miguel Izurieta
  • Mártir, Lucas Majano
  • Sebastiana de Casso y Paredes
  • Juana de Casso y Paredes de Gerrero Salazar
  • Madre, María Catalina de Jesús y de los Angeles
  • María de las Mecedes Darquéa
  • Fray José Arízaga Mosquera
  • Fray Cristóbal de Vera
  • María Duchicela Nanguay
  • Luz Emilia Saa cadena
  • Galo Merino Grijalva
  • Carmen Celia de Jesús
  • María Amalia Urigüen Espinoza
  • Hermana, Marianita Purificación de María Rosa Bueno
  • Sor Leticia Teresa de Jesús Jarrín Vallejo
  • Nicanor Corral de la Bandera
  • Mariana de Jesús Varela Vázquez
  • Presbítero, Eleodoro Villafuerte
  • Presbítero, Antonio Guzmán Villagómez
  • Sor Gertrúdis de San Idelfonso
  • Eliana de Jesús Espinoza
  • Regina Quiñónez de Caicedo
  • Luis Felipe Acosta Lasso
  • Padre, Antonio de Saavedra y Leiva
  • Sor Juana de Jesús (Expósita)
  • Rosario Guerrero Chiriboga
  • Sor Juana de la Cruz Bohorquez Ceballos
  • Rafaela Chávez
  • Rosalía Olvera
  • Dr, Antonio Cesar Pérez
  • Toyita Pereira de Vergara
  • Sor Martha Verónica Cepeda
  • Madre, Hipólita de San Pedro
  • Fray Hermenegildo de Jesús María Meneses
  • Hermano, Gabriel de la Dolorosa
  • Fray Dionicio Mejía
  • Dr. Julio Tobar Donoso
=


Julio María Matovelle Maldonado

Padre Julio María Matovelle Maldonado, Sacerdote Oblato
 8 de septiembre de 1852 - 18 de junio de 1929

«Por donde pasaba quería sembrar el bien y lo sembró con su palabra y, lo que es más importante, con su ejemplo. Durante los primeros años entre sus compañeros, y luego en la vida pública, en el Congreso Nacional, en el convento, en la congregación que fundara, entre sus discípulos, durante las misiones, desde la Catedral Sagrada, entre sus amigos, entre sus conciudadanos, entre todos los que le conocían, en todas partes, por donde sus nobles empeños lo llevaban, y lo hizo siempre con el carácter inalterable y dadivoso del sembrador congénito del bien».

(Lucio Salazar Tamariz.- Una Comarca y sus Destellos, p. 129 / Casa de la Cultura de Cuenca)

JULIO MATOVELLE
El padre Matovelle fue un escritor cuya obra a trascendido a las generaciones: En ella se destacan títulos como «El Catolicismo y la Libertad», «Un Drama en las Catacumbas», «Nuestra Señora de la Nube», «La Asunción de la Santísima Virgen», «Meditaciones Sobre el Apocalipsis» y «Documentos Para la Historia de la Beata Mariana de Jesús», entre otras, en las cuales pone de manifiesto su calidad literaria y su profunda fe religiosa.

MATOVELLE, Padre Julio María.- Sacerdote, abogado, poeta y político nacido en la ciudad de Cuenca el 8 de septiembre de 1852, hijo de don Santiago Matovelle y de la señora Juana Maldonado.

Por razones de índole familiar que no vienen al caso analizar, el pequeño pasó una infancia muy triste, pues desde su más tierna edad vivió primero con una tía, posteriormente fue criado por una india de un lugar cercano a Cuenca y finalmente pasó a cuidados de una mujer del pueblo llamada María Quinde, que lo amó y cuidó como una verdadera madre, aunque por su pobreza no pudo alimentarlo adecuadamente, por lo que el niño creció débil y enfermizo.

A los 10 años de edad entró en el Seminario de Cuenca donde en 1871 se graduó de Bachiller, e inmediatamente ingresó a la Universidad para estudiar Derecho.

Profundo amante de las letras y la literatura, dedicaba al estudio todas las horas libres que le dejaba la universidad. Leía y estudiaba todo libro que caía en sus manos, especialmente los de autores antiguos, que lo cautivaban no precisamente por la perfección de la forma sino por su gran sentido de la sencillez y la verdad. Entregado a estos estudios, tomó en sus manos también el Nuevo Testamento y se adentró en él para nutrirse con las Epístolas de los Apóstoles.

Por esa época fundó el "Liceo de la Juventud", al que pertenecieron los más brillantes jóvenes de la intelectualidad cuencana de esos años, como Remigio Crespo Toral, Honorato Vásquez, Alberto Muñoz Vernaza, etc.

En 1877 obtuvo el título de Doctor en Jurisprudencia y en Ciencias Religiosas, y el 21 de febrero de 1880, el Ilmo. Obispo de Cuenca, Mons. Estévez de Toral, lo consagró sacerdote.

Asistió como Diputado por su provincia a varias asambleas y congresos donde su elocuencia y erudición le dieron gran renombre político, pero también le significó la enemistad y el destierro al Perú por parte del gobierno liberal del Gral. Eloy Alfaro.

Su vocación por las letras hizo que fundara muchas revistas y centros literarios como "Luciérnaga", "El Liceo de la Juventud", "La República del Sagrado Corazón de Jesús", "La Academia del Derecho Público", "El Boletín de la Basílica del Sagrado Corazón " y "El Reinado Social de Jesucristo". Publicó además "El Catolicismo y la Libertad", "Un Drama en las Catacumbas", "Nuestra Señora de la Nube", "La Asunción de la Santísima Virgen", "Meditaciones sobre el Apocalipsis", "Documentos para la Historia de la Beata Mariana de Jesús", etc., obras en las cuales pone de manifiesto su calidad literaria y su profunda fe religiosa.

Gracias a sus gestiones obtuvo que los padres salesianos vengan al Ecuador; fue el mentalizador, defensor y constructor de la Basílica del Voto Nacional y del Monumento a la Santísima Virgen en el Panecillo; fue fundador de los Oblatos y las Oblatas de los Sagrados Corazones de Jesús y María; y de numerosos centros históricos, patrióticos y de beneficencia social.

"Por donde pasaba quería sembrar el bien, y lo sembró con su palabra y, lo que es más importante, con su ejemplo. Durante los primeros años entre sus compañeros, luego en la vida pública, en el Congreso Nacional, en el Convento, en la Congregación que fundara, entre sus discípulos, durante las Misiones, desde la Cátedra Sagrada, entre sus amigos, entre sus conciudadanos, entre todos los que le conocían, en todas partes, por donde sus nobles empeños lo llevaban, y lo hizo siempre con el carácter inalterable y dadivoso del sembrador congénito del Bien" (L. Salazar Tamariz.- Una Comarca y sus Destellos, p. 129).


Adornado de méritos y virtudes sobrenaturales, murió en su ciudad natal, Cuenca, el 18 de junio de 1929, dejando en este mundo un caudal luminoso de ejemplos magníficos y enlutando a la Iglesia y a la Patria.

Su causa está abierta al proceso de beatificación, y en marzo de 1994 el Vaticano reconoció sus virtudes y milagros.

Enciclopedia del Ecuador.
Histórica * Geográfica * Biográfica

Por: Efrén Avilés Pino.

domingo, 26 de febrero de 2017

Estampita y Oración del Venerable, Padre Julio María Matovelle Maldonado



Estampita y Oración por la Glorificación del Venerable,
Padre Julio María Matovelle Maldonado

Teresa de Cepeda y Fuentes, Sobrina de Santa Teresa de Avila

Teresa de Cepeda y Fuentes o Teresita de Ahumada
Sobrina de Santa Teresa de Avila

Octubre 25, 1566 - Septiembre 10, 1610

Nació. En Quito, Octubre 25, 1566. De Quito hacia España, llevando nuestro dialecto y forma de ser, sobresalió, como uno de nuestros mejores regalos a la Madre Patria, la primera Carmelita Iberoamericana, sobrina carnal de Sta Teresa de Jesús (de Avila). (Hija de su hermano el Sr. Lorenzo de Cepeda).

Humilde, obediente, pura... su tía escribía de ella: "Encomienden a Dios a Teresa, que está muy santita, y con mucho deso de verse profesa. Dios la tenga de su mano" (Carta 262, P. Tomás).

El P. Aurelio Espinoza Pólit, S.J., la ubicó como la primera poetisa ecuatoriana. El P. Bernardo Recio, S.J., en su "Compendiosa Relación de la Cristianidad en el Reyno de Quito" copia presisamente "Unos versos devotos de Teresita de Jesús".

En los que hacía cantar en sus misiones populares. Profesó Noviembre 9, 1582, en San José de Ávila. Un día le dijo a su tía: "Lo mejor sería fundar una comunidad en que cada casa tuviera pocas hermanas". Santa Teresa consideró esta idea como venida del cielo y se propuso fundar un nuevo convento, con pocas hermanas pero bien fervorosas. Llena de méritos divinos, murió en Ávila, España. Sptiembre 10, 1610.

NACIDA EN QUITO, VIRREINATO PERUANO, A LOS 8 AÑOS -HUÉRFANA DE MADRE-
PASÓ A SEVILLA Y A LOS 15 AÑOS PROFESÓ COMO CARMELITA EN SAN JOSÉ DE ÁVILA.

Teresita de Ahumada, la primera carmelita de América, sobrina de santa Teresa

Hija de don Lorenzo, hermano mayor de Teresa, la sobrina "engreída" (mimada) de Santa Teresa, la acompañará en varias de sus viajes como el último, en Alba, antes de partir para la eternidad. La menciona con frecuencia en sus cartas. Por su parte, la sobrina declarará de modo entrañable en el proceso de beatificación de su tía santa

Estamos de lleno en el V Centenario de la Santa. Salamanca está en punta de lanza en las celebraciones a través de congresos y celebraciones. Sigo con vivo interés desde el Perú el entusiasmo y la profesionalidad con que se está acometiendo.

Me interesa conocer la huella teresiana en el Perú a través de la pintura, escultura, literatura, etc. Hace unos días colgaron varias fotos de cuadros muy deteriorados del Monasterio del Prado de Lima. Hoy mismo acabo de ver una firma que como preciada reliquia ofrecen en el nuevo museo que inauguraron la semana pasada las Carmelitas Nazarenas de Lima.

En la presente nota tan sólo pretendo tender un puente entre Santa Teresa y América a través de su sobrina Teresita, la primera carmelita de América.

El culto y celoso obispo de Puebla y Osma-Soria, Beato Juan de Palafox y Mendoza (1600-1659), universitario en Salamanca, que al igual que Teresica vivió en el Nuevo Mundo y regresó a Castilla, embebido por la hondura de las cartas de Teresa y la trayectoria vital de la sobrina, lo plasmó de modo profundo y sintético:

"¡Oh buena sobrina! ¡Oh buena pariente! ¡Oh buena nepote! Valióse de las virtudes de su tía, no para regalo ni el favor, sino para imitar sus excelentes virtudes!"[1]/.

Tal como escribe la Santa en su autobiografía, fueron doce hermanos: "éramos tres hermanas y nueve hermanos" (Vida I, 4) : María, hermanastra, 10 años mayor que ella;  Juan de Cepeda, nacido en 1507, capitán de infantería, que murió en plena  juventud en la guerra de África, Hernando, Teresa, Rodrigo, Juan de Ahumada, Lorenzo, Antonio, Pedro, Jerónimo, Agustín y Juana[2]. La mayoría, siete, se establecieron en América.

Lorenzo, padre de Teresa, fue a Perú con la expedición de Vaca de Castro en 1540. Se avecina en Quito hacia 1549. El 1° de enero de 1550 fue nombrado regidor del cabildo y, el 23 del mismo mes, tesorero de las Cajas Reales. Desempeñó los cargos de teniente de gobernador y capitán general, así como de alcalde ordinario de la ciudad.

El 18 de mayo de 1556 se casa con doña Juana de Fuentes y Espinosa, oriunda de Trujillo (Perú) e hija de Francisco de Fuentes y Bárbola Espinosa; esta última fue fruto de la unión ilegítima de una india con el célebre Licenciado Gaspar Espinosa, oidor de Santo Domingo y primer gobernador de Panamá[3]/.

Juana, esposa de Lorenzo, en el momento de la boda contaba 18 años y pertenecía a la alta sociedad limeña. Santa Teresa no ahorra comentarios laudatorios:

"Ahora vengamos a hablar en mi querida hermana la señora doña Juana [...] Siempre me escriba vuesa merced del contento y conformidad que tiene, que me consuela mucho" (C.2) [4]/.

Esposa y madre ejemplar, vivía un cristianismo comprometido entregándose a la oración cuando podía y ejercitando la caridad en su derredor. En los 11 años que duró su matrimonio le nacieron 7 hijos. Los primeros, 5 varones.

Al establecerse la Audiencia en Quito, Lorenzo fue nombrado Juez de Residencia del Adelantado Juan de Salinas y Visitador Fiscal de Loja, Cuenca y Zamora.  Ejerció también como Justicia Mayor de Loja, Cuenca, Zamora y sus distritos. Como visitador de los tribunales de la Real Hacienda en 1565 prohíbe tajantemente la servidumbre de los indios [5]/. Parece que le fueron bien los negocios pues le encontramos entre los "vecinos más ricos que hay en la tierra". Su hacienda valdría 35.000 pesos y pudo ayudar a las fundaciones teresianas.

El 25 de octubre de 1566 nace Teresa. Nos lo confirma la nota siguiente del Monasterio de San José de Ávila:

"Nació nuestra hermana Teresa de Jesús en las Indias, en la ciudad de Quito, a 25 de octubre, viernes, dos o tres horas antes que amaneciese, año de 1566.

Baptizóse en la dicha ciudad, a cuatro días del mes de noviembre del dicho año por el Señor Canónigo de Soto; fue su padrino Hernando de la Parra y su mujer Doña Francisca Corral[6].

Esto es a la letra la partida que se sacó por fe de notario del libro que tenía el cura de Quito de la iglesia mayor, adonde se asientan los que se batpizan en la dicha iglesia. Es hija del Señor Lorencio de Cepeda y de Doña Juana de Fuentes" [7]/.

Una semana antes de tan fausto acontecimiento, el 17 de octubre, había tenido lugar la ya comentada infausta erupción del volcán Pichincha. Por si quedaba duda de que el nombre de Teresita se debía a la hermana preferida de su padre don Lorenzo, éste escribirá en el codicilo de su testamento: " (...) por tanto, digo y mando que, si la dicha Teresa mi hija, que no siendo monja, se ha de llamar Doña Teresa de Ahumada" [8]/.

Un año apenas pudo gozar la niña de las caricias de su madre. Crecería en medio de los halagos paternales. Elegancia señorial, liberalidad generosa, hondura espiritual, honradez profesional, conciencia de educador. Todo se lo transmitiría a su hija, también la tristeza de su viudez. Estaría rodeado de alguna india doméstica de servicio o de alguna española de virtud y confianza.

La educación fue la mejor que podía darse en una ciudad naciente que no contaba siquiera con un convento o colegio de niñas. La pequeña aprendió a leer y a escribir correctamente. Lo vemos por su elegante caligrafía de la copia del "Libro de su Vida", las "Relaciones espirituales de Santa Teresa según el Códice de Salamanca", "Virtudes de nuestra Madre Teresa según la relación de su prima la Venerable Madre María de San Jerónimo", “Narración del recibimiento aque hizo la ciudad de Ávila a D. Álvario de Mendoza”"Últimas acciones de la vida de Santa Teresa por la Venerable Ana de San Bartolomé"- como atestigua el P. Silverio que recuerda en palabras de la Santa que "su sobrina tenía muy linda letra" [9]. Además de la doctrina cristiana y esta primera instrucción de Lengua, sabría algo de aritmética y algunas frases del quechua por su contacto con niñas indias.

Al llegar a Sevilla su tía queda prendada con la sobrina, la cual no ahorra calificativos: "La Teresa habrá ocho o nueve años, harto bonita y hermosa"(C. 86, 3). Su vivencia indiana estará siempre presente. ¡Con qué avidez escucharían sus "cosas de los indios y del mar" del lejano y fabuloso Nuevo Mundo! Era el puente cultural, la simbiosis entre el Nuevo y el Viejo Mundo.  Lo cierto es que Teresita cautiva el corazón de las moradoras de aquel palomarcico sevillano. Y así lo manifestará en las cartas de la Madre desde Avila. Teresa, empeñada en cerrarse más y más en vida austera y recoleta, pero -corazón maternal- al mismo tiempo abre la ventana, más aún la puerta, para esta primicia, fruto bendito de su amado hermano y bienhechor Lorenzo. Su residencia en los Carmelos, vestida ya con su parda estameña, le hará vivir la regla acomodada a sus fuerzas infantiles.

¡Qué equilibrio en la educación para no "quemar" etapas, para no empachar, para proporcionarle un espacio a esta pequeña gran dama de la aristocracia quiteña que deja su vida acomodada por la regla más estricta de los recios tiempos de la Reforma Católica! Sin duda que fue un solaz, un desahogo o "desaguadero" afectivo para la Santa Tía, a quien no se le ahorraba tensión por las malquistas tierras de Andalucía. Desde Malagón dirá al P. Gracián que su "ángel Teresa" ha venido dando recreación por el camino y sin ninguna pesadumbre"(C.104, 8). En el convento de San José fue recibida la niña con tanto gozo como en Sevilla, Malagón y Toledo. Así lo anotan en el Libro de Entradas:

"Recibímosla en esta casa el mismo día que entró en Avila, que un jueves, a doce del mes de julio, año de 1576, con mucho contento y placer de todo el convento".

Cualquier menudencia le sirve a la Santa para mencionar a Teresita. Así, al escribir a María de San José que las monjas no quieren la estameña tan cara, anotará "la de que se hacen las sayas por acá es como las que se hacían a Teresa, y más grosero" (C. 122, 1). O cuando da cuenta de que "no parece el 'Agnus Dei' [10]/ grande de Teresa, ni las dos sortijas de las esmeraldas" (C. 126, 4). Un mes después lo encuentra: "Ahí escribe Teresa. El 'agnusdei' y sortijas parecieron, gloria a Dios, que me dio cuidado al principio" (C. 132, 4).
Convento de San José, en Ávila.
Aquí murió Teresita de Cepeda, y aquí está enterrado Don Lorenzo de Cepeda, hermano de Santa Teresa

La joven Teresita, sobrina carnal preferida, será testigo de los tremendos sufrimientos de la Santa reformadora, pero sobre todo nos transmite la humildad, obediencia y paz gozosa con que lleva todos los contratiempos de la vida. Teresita graba fielmente en su retina los sublimes ejemplos de su tía. Nos fijamos en los aspectos más sobresalientes subrayados por ella tal como lo manifiesta sus declaraciones en los dos procesos, el primero el 22 de enero de 1596 donde menciona con frecuencia que “esta declarante” “vio”, “estuvo presente”. La segunda tuvo lugar el 9 de septiembre de 1610 en el Convento de San José ante el Dr. Pedro de Tablares, arcediano de la catedral, juez apostólico, ante Francisco Fernández de León, notario público apostólico, el mismo de 1598.

Ella misma nos declara el significado y la trascendencia del proceso en carta a la Hermana Ana de San Bartolomé, 24 de mayo de 1610:

“Agora nos ocupamos en dar las informaciones para la canonización de nuestra Santa Madre. Hartos testigos y buenos salen; bendito sea Dios, y todos con tanta devoción que no parece es en su ciudad. Y así, cuando se presentaron las Remisoriales, fueron tantas las fiestas que se hicieron y la solemnidad que por admiración dicen los prelados lo han de imprimit para que lo vean en otras partes”[11]

En su Declaración aporta datos autobiográficos y relación de parentesco de gran interés:

“Esta declarante es sobrina de la dicha madre Teresa de Jesús, hija de hermano y que la conoció y trató y comunicó por tiempo de ocho años, en veces que la sana Madre vino a esta casa, a la cual acompañó desde Sevilla hasta la casa de San José de Ávila, y de ella salió en compañía a cabo de algunos días, a la fundación de Burgos, y en el último año en que la Santa Madre murió, siempre, siempre anduvo en su compañía y se halló a su muerte en la ciudad de Alba cuando murió” (Proc. 1596)

“Y que aunque esta declarante es sobrina de la Santa Madre Teresa de Jesús, hija del dicho Lorencio de Cepeda, hermano de la dicha beata Madre…declara que desde que conoció a la dicha beata Madre, su tía, que fue desde que esta declarante tenía ocho años, hasta los dieciséis, nunca la tuvo esta declarante amor de parentesco, antes se señalaba en tener despego y desvió de ella…y junto con este natural tan seco, no conocía ni el bien que de su mano recibía esta declarante, ni los privilegios en que Dios la señalaba en santidad y otras obras maravillosas, sobre las cuales no la bastaban para tener estima como la debía tener de sus cosas. "(...) y muchas veces esta declarante se recelaba de que la dicha Beata Madre su tía supiese sus cosas así interiores como exteriores, siéndole ocasión por estas causas de mortificarla en muchas cosas y darla en qué merecer a la dicha Santa Madre, viendo lo mal que esta declarante correspondía al mucho bien que la hacía (D2, 315)

Otra vez...en negocios tocantes al testamento de su padre y su dote de esta declarante, muy turbada y apartándose de los  consejos  y comunicación de la dicha Santa Madre, hacía esta declarante el parecer de otras personas seglares, procurando encubrirlo todo cuanto podía" (D2, 340). (...) batallando dentro de sí, de si dejaría esta Orden e iría a otra, y todo esto encubriéndolo mucho a la Santa Madre, al tiempo que más quiso disimular con ella con rostro algo severo dio a entender a esta declarante lo que en su corazón había pasado y le fue haciendo una contraposición de lo que deseaba o pensaba de ir a otra Religión más abierta, dejando el bien que tenía sin conocerle…" (...) estando esta declarante caída en algunas faltas y no muy arrepentida, sino esquivándose y encubriéndose con la Santa Madre, ella, con severidad suave, dijo a esta declarante el peligroso estado en que estaba y el mal aparejo que tenía para profesar, con otras palabras que la traspasaron el corazón sin saber qué la responder"" (D2, 344).

MÁS DATOS:

BENITO RODRÍGUEZ, José Antonio

1993. "Teresa de Ahumada, la primera carmelita de América, sobrina de santa Teresa" I Congreso Internacional del monacato en España, Portugal y América 1492-1992 (1.1992. León). Universidad de León, pp.333-357.

2007  La sobrina más engreída de América (Teresa de Ahumada, la primera carmelita de América, sobrina de Santa Tersa de Jesús) Colibrí Ediciones, Lima, pp.137

POLIT, Mons. Manuel María La familia de santa Teresa en América. Friburgo, Herder, 1905.

[1]/ Palafox y Mendoza, Juan de. Cartas de Santa Teresa de Jesús.  Imprenta Joseph Doblado, 1793, p. 387.

[2] Efrén de la MADRE DE DIOS y O. STEGGINK: Tiempo y vida de Santa Teresa BAC, Madrid, 1968, pp.35-41

[3]/ Antonio Unzueta Echevarría. La Orden del Carmen en la evangelización del Perú. Vitoria, Ediciones El Carmen, 1992, p.114.

[4]/ Se indica el número de carta según la edición de Obras Completas. Madrid, Espiritualidad, 1984.

[5]/ Archivo de la Tesorería de Hacienda de Quito. Cit. En [M.M.Pólit. La familia..., p. 77. Prohibía que se utilizaran indios como acémilas en la ruta del puerto de Paita a Loja.

[6]/ Aunque no lo dice, se supone que fue ella la madrina.

[7]/Libro de Entradas y Profesiones del Monasterio de San José de Ávila. Archivo histórico.

[8]/ Cit. en Polit, M.M. La familia..., p. 370.

[9]/ BMC. Obras de Santa Teresa. II, pp. xx-xxii.

[10]/ Relicario que llevaban al cuello especialmente las mujeres.

[11] Cit. en Polit “Familia de Santa Teresa en América” Cap. VIII, pp.232-35
=
Artículo de: José Antonio Benito


sábado, 27 de agosto de 2016

Juan María Riera Moscoso, Obispo

Juan María Riera Moscoso, Obispo

(Enero 28, 1866 - Noviembre 20, 1915)

Durante toda su vida, el Ilmo. Juan María Riera se dedicó con verdadera vocación apostólica a cumplir con los mandatos de Jesús, predicando y enseñando su divina palabra en casi todos los rincones de la Patria.

RIERA MOSCOSO, Obispo Juan María.- Religioso nacido en la ciudad de Ambato el 28 de enero de 1866, hijo de don Carlos Riera y de doña Dolores Moscoso, y que fue bautizado con el nombre de Carlos Antonio.

Con muchos sacrificios logró realizar sus primeros estudios en las escuelas de Ambato y Latacunga, y a los 15 años de edad entró de novicio en el Convento de Santo Domingo, en Quito, donde dos años más tarde emitió sus votos y cambió de nombre adoptando el de Juan María.

Dentro de su plan general de estudios profundizó el aprendizaje de Latín, Aritmética, Geografía, Lógica, Matemáticas, Física, Metafísica, Teología Dogmática y Moral, Derecho Canónico, Historia Eclesiástica y Sagradas Escrituras, materias en las que se destacó además por su dedicación y sabiduría.

En la Catedral de Guayaquil se veneran las reliquias
incorruptas del pastor de almas, Ilmo. Juan María Riera.
En 1889, a causa de una grave enfermedad de debilitamiento producida por el régimen de austeridad, ayunos y silicios que acostumbraba a llevar, viajó a la ciudad de Cuenca en busca de mejor clima para su recuperación, y por fin, el 3 de agosto de 1890 recibió la orden sacerdotal de manos del Obispo de Cuenca, Ilmo. Miguel León Garrido.

Al año siguiente, luego de haberse recuperado inició una ejemplarizadora labor religiosa y educacional en diferentes lugares del país, inclusive en el oriente.
Durante los primeros años de la Revolución Liberal continuó desarrollando su importante misión evangélica en los diferentes rincones del país, por lo que en 1911 el Ilmo. Federico González Suárez solicitó su designación para el obispado de Guayaquil, y el 1 de enero de 1912, Su Santidad el Papa Pío X firmó el decreto que confirmaba su elección, de la que tomó posesión el 29 de junio de ese mismo año.

Pocos meses después comenzaron a sentirse en Guayaquil las terribles consecuencias de las pestes de bubónica y fiebre amarilla, y dedicado a su abnegada labor pastoral, socorriendo a los enfermos y asistiendo a los moribundos, fue también víctima de ellas. El 8 de diciembre, mientras celebraba la Pontifical Misa de la Virgen se sintió repentinamente mal, por lo que fue trasladado inmediatamente a su casa donde -a pesar de que la fiebre le subió a 40 grados- pudo salvarse de morir gracias a los cuidados que le brindó el Dr. Luis Felipe Cornejo; pero quedó tan delicado del corazón y los riñones, que necesitó usar muletas para poder movilizarse.

A pesar de su quebrantada salud continuó desempeñando su sagrada misión cristiana, visitando todas las parroquias, hasta que finalmente su cuerpo ya no pudo resistir las exigencias de su labor redentora, y murió en la ciudad de Guayaquil el 20 de noviembre de 1915.
=
Enciclopedia del Ecuador.
Histórica * Geográfica * Biográfica
Por: Efrén Avilés Pino.
JUAN MARIA RIERA MOSCOSO
V OBISPO DE GUAYAQUIL.- Nació en Ambato el 28 de Enero de 1.866. Hijo legítimo de Carlos Riera Suárez, comerciante, Presidente del Concejo, Jefe Político del Cantón Ambato y en su primera juventud Director de una Escuela Fiscal. (Hijo de Joaquín Riera Valdivieso, quien consagró gran parte de su vida para dotar a Ambato de un templo digno y al fallecer en 1.840 lo vio casi concluido y de Josefa Suárez) y de Dolores Moscoso Suárez, natural de Ambato. El 30 fue bautizado y Confirmado con los nombres de Antonio Reinaldo por el Arzobispo Checa.

Estudió la primaria en Ambato y Latacunga y de sólo 15 años entró al Convento de Santo Domingo de Quito regido y reformado por los padres italianos desde 1.893 con la observancia regular y una acción organizada; pero, con el mismo arcaico sistema de estudios que imperaba en la colonia e inicios de la república, basado en la Filosofía tomística del medioevo y en el misticismo ascético del siglo de oro español.

Un año después hizo su profesión simple. El 83 emitió sus votos y cambió de nombre, llamándose Juan María. Tenía 17 años y era dirigido por el padre Jacinto La Cámara bajo la protección de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, exótica advocación traída de Italia.

Ya dentro del plan general de estudios rindió sus pruebas de Latín, Aritmética y Geográfica, en 1.883 las de Lógica y Matemáticas, en 1.884 estudió Física y Metafísica y entre el 85 y el 87 Teología Dogmática y Moral, Sagrada Escritura, Derecho Canónico e Historia Eclesiástica. En 1.888 fue el único en examinarse en Sagrada Escritura y el 89 prosiguió con las doctrinas de Santo Tomás de Aquino.

En Mayo de 1.885 había figurado entre los organizadores del “Liceo de la Verdad” con un órgano de publicidad manuscrito intitulada “La estrella dominicana” que dirigía el iterato Belisario Peña; el 3 de septiembre hizo su profesión solemne y el 25 de Septiembre de 1.887 recibió el Subdiaconado de manos del Obispo de Ibarra Pedro González Calisto.

Siempre había sido persona de contextura delgada y de naturaleza delicada, propensa a las enfermedades. En 1.889 enfermó gravemente de debilidad pulmonar, permaneció tres meses en cama y libre de sus acostumbrado “régimen de austeridad que incluía ayunos, disciplinas y cilicios”; entonces, el Dr. Manuel Baca Murgueitio, recomendó que se traslade a Cuenca en busca de mejores climas y allí se ordenó de diácono el 13 de Julio de 1.890 y el 3 de Agosto recibió el orden sacerdotal de manos del Obispo Miguel León Garrido.

Afines de ese año fue prosíndico del convento y escribió con el Padre Reginaldo María Duranti una relación acerca de los progresos de la Tercera Orden en Cuenca y del fervor que despertaba el rosario de la aurora.

En 1.891 fue profesor de Lugares Teológicos y Matemáticas en el convento de Quito y era considerado un sacerdote modelo de observancia regular y de solvencia académica. En 1.892 residió tres meses en Macas con el padre Alberto María Delgado, en ejercicios espirituales con los indios de esa región. A su regreso a la capital fue Vicemaestro de estudiantes.

El viernes santo de 1.894 predicó en la Iglesia dominicana y en Mayo pasó a residir al convento de Latacunga con el cargo de Superior, mostrándose observante e irreprensible, popularizando el culto de Nuestra Señora del rosario de Pompeya; pero, ese año, se produjo la controversia de los dominicanos con el Canónigo González Suárez por la publicación del Tomo IV de su Historia donde se referían algunos escándalos domésticos de la orden en el Quito del siglo XVII, polémica que se tornó nacional, interviniendo periodistas y autoridades políticas y religiosas.

El Obispo de Portoviejo Pedro Schumacher y el Superior dominicano Reginaldo María Duranti se lanzaron contra González Suárez, quien tuvo que alejarse del ambiente de Quito para escribir un defensa que tituló “Memorias Intimas”; mientras el país presenciaba el triunfo de la revolución liberal en la batalla de Gatazo, el fin de los regímenes progresista y la entrada de Alfaro en Quito, anunciando que acabaría con el gobierno de la teocracia. La Santa Sede creyó prudente designar a González Suárez para el Obispado de Ibarra y el Superior Duranti fue notificado por el Gobierno con una fuerte contribución que la Orden dominicana no pudo cubrir, sufriendo el embargo de una hacienda en Cayambe.
Manuel J. Calle editó su folleto “Los Dominicanos Italianos en la república del Corazón de Jesús”, acusación frontal por los malos manejos económicos de dichos padres, que tuvieron que salir en su mayor parte del país para no regresar jamás.

La Orden empezó a quedar sin dirigente y quiza por ello, el 5 de marzo de 1.897, el Padre Magalli firmó el nombramiento de Vicario Provincial a favor de Riera, que se hallaba en Latacunga y viajó urgentemente a Quito, donde recibió al Visitador General, padre Segundo Fernández, que llegaba de Chile.

En 1.897 fundó la revista mensual “La Corona de María” con los padres Alfonso Jerves y Ceslao Moreno, fue lector de Sagradas Escrituras y Latín y comenzó a transcribir el libro autobiográfico de Sor Catalina de Jesús Herrera, encontrado por el Padre Francisco de las Planes en el Convento de Santa Catalina de Siena de Quito. Con este fin escribió un resumen titulado “Secretos entre el Alma y Dios”, añadiendo notas explicativas con citas de Santo Tomás y de las experiencias similares de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa.

En 1.898 fue lector de Teología Moral. El 99 Vicemaestro de Novicios, Promaestro de estudiantes, Lector de Moral y de Derecho Canónico, director de la Tercera Orden, confesor de las monjas de Santa Catalina y Secretario del Consejo conventual. En 1.900 fue electo Definidor del Capítulo dominicano; ya había escrito un opúsculo titulado “Principios generales de Teología Mística y extracto sistemático de las Sentencias de San Juan de la Cruz” y un texto para sus alumnos sobre “Principios generales de Teología Mística” deducidos de la teología tomística. Esos trabajos reflejan erudición y piedad y un peligroso alejamiento de la problemática nacional y mundial.

En 1.902 fue electo Provincial dominicano en reemplazo de Fray Enrique Vacas Galindo, dirigió numerosas misivas en Latín a los miembros de su orden y en compañía del hermano Antonio Avecillas realizó un viaje de un mes por los pueblos de la Misión dominicana del oriente.
En 1.904 viajó a Roma con el padre Tomas Racines, interviniendo en el Capítulo General de la Orden. Pío X les dio la bendición, de regreso fundó en Quito el “Comité del rosario” bajo la presidencia de Manuel Jijón Larrea. En 1.906 González Suárez ascendió al Arzobispado y se registraron incidentes con el Gobierno de Alfaro.

Riera fue reelecto Provincial y presentó su trabajo sobre Catalina de Jesús. Entonces ocurrió el enojoso asunto de la entrega de los conventillos de Ibarra, Latacunga y Loja que exigiera el Arzobispo para dedicarlos a escuelas y colegios y aunque primeramente Riera se opuso, después defendió el principio de autoridad y hasta se enfrentó al dominicano Vicente María Caicedo, Prior en Loja, de suerte que obtuvo la gratitud de González Suárez que lo presentó para ocupar el Obispado de Portoviejo, vacante desde la huida de Monseñor Pedro Shumacher en 1.894.

En 1.907 presidió las honras fúnebres del general Ignacio de Veintemilla en la Catedral de Quito.
En Febrero de 1.908 llegó el Breve Pontificio a Quito y el 3 de Mayo fue solemnemente preconizado en la Catedral, sellándose de tal suerte las paces, entre el Arzobispo historiador y la Orden dominicana, a los 14 años del escándalo de la publicación del Tomo IV de la Historia del Ecuador; pero el Ministro de Cultos, Amalio Puga Bustamante, manifestó que la Diócesis manabita había sido suprimida por el Congreso en 1.902 y que, en consecuencia su nombramiento no tenía ningún valor; Riera protestó como Obispo y se ordenó su enjuiciamiento penal por “haber usurpado el título de Obispo de la Diócesis de Portoviejo”, quedando prácticamente confinado en Quito e impedido de viajar a Manabí.

I pasaron 2 años hasta que en Diciembre de 1.910 fue comisionado por el Arzobispo para realizar una visita pastoral a Guayaquil cuya sede estaba vacante desde 1.894. Poco después, González Suárez, decidido a solucionar el impase con el gobierno, solicitó la designación de Riera para ese Obispado y Pío X firmó el 1°. de Enero de 1.912 el Decreto, encargándole, además, de la Administración Apostólica de Manabí. En 17 Junio entró en el puerto y el 23 tomó la posesión canónica, “cautivando por la suavidad de sus costumbres y la tranquilidad e inalterable serenidad de la almas virtuosas”; pero, la sede estaba empobrecida por el largo abandono en que había permanecido y Dolores Irrazabal de Peña tuvo que donar un edificio para residencia del Obispo, pues este no tenía donde habitar. Ignacio Robles, que había dirigido la comisión de recepción, conformó una Colecta pública y su sobrina política Angela Carbo Macías de Aspiazu hizo de tesorera y se encargó de proveer las siguientes mensualidades a fin de conservar al Obispo con un mínimo de decoro, dada sus altas funciones. (1)

En octubre comenzó la bubónica y fiebre amarilla, muchos eran atacados y morían. El 8 de diciembre, mientras Riera celebraba de pontificial la misa de la Virgen, comenzó a sentirse mal y tuvo que ser llevado a Palacio, donde le subió la temperatura a 40 grados. Le había
(1) Josefa Macías y Triviño, cuñada de Robles y tía de la señora de Aspiazu, había casado sucesivamente con dos tíos de Monseñor Riera llamados Juan Bautista y Benjamín Moscoso Suárez.
comenzado la fiebre amarilla que casi acabó con su vida, salvando milagrosamente por los cuidados del Dr. Luis Felipe Cornejo Gómez, pero quedó tan delicado del corazón y los riñones, que se les hincharon las rodillas y solo podía moverse con muletas. Su médico le aconsejó viajar a Posorja y someterse a una estricta dieta de pescado y legumbres, sin carnes ni sal.

De regreso a Guayaquil solemnizó los festejos de la Semana Santa de 1.913. El 1°. de Junio comenzó visitar la aparroquias rurales y salió en defensa de la propiedad de la Orden dominicana, amenazada por la Municipalidad y la Junta Municipal de Beneficencia de Guayaquil, que le habían arrebatado el cerro contiguo al convento, so pretexto de ciertas edificaciones. Riera buscó en el archivo dominicano, encontró el título y con él pudo hacer una venta al Dr. Alfredo Valenzuela, pero no consiguió la devolución de los restantes terrenos que se habían dividido la Municipalidad y la Beneficencia, como ya se dijo.

En 1.914 intervino en la pugna de González Suárez con el padre dominicano Jacinto Palacios acerca del cambio de rostro de la imagen de la Virgen del Rosario; su aclaración se publicó en Quito y el padre Palacios fue asignado a un convento fuera de la capital. En ese incidente, como siempre, Riera formó filas con González Suárez. También inició la devoción de San Vicente Ferrer en el pueblo guayaquileño, bendijo la imagen nueva y presidió su solemne Novena en santo Domingo.

En Junio de 1.915 viajó a Riobamba a visitar a su amigo el Obsipo Andrés Machado pero no resistió la altura, le faltó aire, sentía palpitaciones, de regreso guardó cama en Noviembre aquejando de una tuberculosis declarada. Monseñor Machado le vino a pagar la visita y se quedó cuidándole. Su lecho de enfermo era atendido por numerosos facultativos y el sábado 20 de Noviembre, después de recibir la visita de Machado, murió sin muestras de agonía, a las 10 y 5 de la mañana, considerado y tenido como un santo varón de Dios. Tenía solamente 49 años de edad y menos de 3 como Obispo de Guayaquil.
Placa en las Reliquias de Juan María Riera Moscoso
El 22 se celebraron la solemnes exequias. José Félix Rousilhe pronunció la Oración Fúnebre y fue enterrado en la cripta de la Catedral.

Como religioso fue modelo de observación; amaba el retiro, el silencio y la oración. Fue un asceta de ascendrada religiosidad, “llama de amor en medio de la tormenta”.

Blanco pálido, ojos negros, suaves maneras, baja estatura, delgado y hasta magro de carnes; su causa de beatificación se encuentra en trámite, iniciada por orden de Monseñor Bernardino Echeverría Ruiz que decidió que la Diócesis de Guayaquil merecía contar con un Obispo en camino a los altares.
=
=
La causa de beatificación del prelado compatriota se encuentra en el Vaticano desde hace 21 años; sus restos se conservan en la Catedral Metropolitana, donde su memoria privada la veneran cada 3 de agosto y los 3 de cada mes.

viernes, 5 de agosto de 2016

Novena a Santa Mariana de Jesús Paredes y Flores

NOVENA A SANTA MARIANA DE JESÚS PAREDES Y FLORES
De pie, delante de la imagen de Santa Mariana de Jesús deParedes y Flores, levantaré por algunos momentos mi vista alcielo, imaginando  que veo  su purísima  alma bañada  de loscelestiales resplandores que refleja en ella el cordero de Dios,y  luego  me  persignaré y   con todo   el  fervor  posible  haré  elsiguiente acto de contrición.

ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, crucificado por mi amor, que no quieresla   muerte   del   pecador   sino   que   se   convierta   a   ti   y   viva  laverdadera vida de gracia; ten misericordia y perdóname por tusagrado corazón, manantial de bondad y mansedumbre,   lasinnumerables culpas que he cometido hasta el presente; queyo las detesto de corazón, todas en general, cada una de ellasen particular, y proponga, auxiliado por tu divina gracia, antesmorir que pecar. AMÉN.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dulcísimo Jesús mío, que, como nos apacentas entre las azucenas, pusiste los ojos desde la eternidad en la fragantísima azucena de Quito, y luego de que le diste el ser, lapreviniste con todas las bendiciones de dulzura que sueles derramar sobre las almas en las que has de poner tu trono. Heme aquí postrado entre las sagradas aras, implorando tu divina misericordia por los méritos de tu fiel sierva y amantísimaesposa Mariana. Dame Señor, que por la perfecta imitación de sus heroicas virtudes, sea yo buen olor tuyo en todo lugar, paraque en todas partes sea glorificado por mi tu santo nombre. AMÉN.

(Se hace la oración del dia y luego, Rezar 3 padrenuestros, 3ave marías y un gloria)

DIA PRIMERO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que apreciando justamente el don inestimable de la Fe que recibiste en el santo bautismo. No solo procuraste acrecentarla en ti desde la infancia, instruyéndote con solidez en sus divinos misterios y verdades, y conformando todas tus obras con las creencias católicas, sinoque, con un aliento muy superior a tu sexo,  intestaste a los diez años salir de tu casa, con otras niñas, a darte a conocer a los infieles, y derramar hasta la última gota de sangre en demanda; intercede por mí en este día con tu celestial esposo, cuya mayor gloria anhelaste toda la vida, y alcanzándome de su divina clemencia que avive tanto mi Fe, que no me avergüence de confesarla de palabra y por obra, ni tema, comoel mismo Señor que me enseña, a los que matan el cuerpo, mas no pueden matar el alma, sino a Dios, que pueden arrojarme en cuerpo y alma al infierno; para que no rehusando perder por el la vida temporal, logre alcanzar la vida eterna. AMÉN

DÍA SEGUNDO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que confiada en la suma bondad y poder infinito de tu divino Esposo, jamás desmayaste en los contratiempos y disgustos de tu vida, ni en las enfermedades, corporales y tribulaciones del espíritu, ni en las contradicciones de los hombres, antes bien, esperando contra toda esperanza, arrastraste animosa todas las dificultades de lavida perfecta en siglo y en el seno mismo de tu familia, apoyada en el poderoso brazo de Jesús, que te confortaba; alcánzame, amadísima santa mía, de su Divina Majestad, copiosa gracia para llenar de tal modo los deberes de mi estado, que viniendo en el mundo no sea del mundo, sino de mi redentor Jesucristo. AMÉN.

DÍA TERCERO
Bienaventurada   Mariana   de   Jesús,   cuyas   obras   palabras   ypensamientos, desde el libre uso de la razón, hasta tu últimoaliento, fueron animados de la caridad de Dios, que el EspírituSanto derrama en nuestros corazones, y que rebosó tanto en eltuyo   que   inflamabas  en   el   amor  divino   con  tus   discursos  yejemplos   a   cuantos   tratabas   o   hablabas,   ruega   fervorosavirgen,   en   este   día,   a   tu   amantísimo   y   amadísimo   esposoJesucristo, que  arroje  en mi  helado   corazón,  aquel  sagradofuego que vino a prender en la tierra, deseoso de que ardieratoda en tu amor, para que mis potencias y sentidos se ocupensolamente en servirle y amarle durante esta vida, para mereceramarle y gozarle después por todos los siglos. AMÉN.

DÍA CUARTO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que le diste a Dios el honory  culto   que  le  debemos   como   nuestro   Creador  y   Redentor,manifestando en la modestia y compostura exterior, con queasistías diariamente a Misa y en la profunda humildad con querecibías   el   pan   de   los   ángeles,   que   estabas   firmementepersuadida de la infinita Majestad y grandeza de Dios, y de lapequeñez   y   bajeza   del   hombre,   admitido   por   la   divinamisericordia   a   tan   sacrosantos   misterios:   Impétrame   de   tuamado y amante Esposo la virtud de la religión, para que en eltemplo y  en  mi  casa, y  en todo  lugar  y  tiempo,  te  alabe  yglorifique, como debo hacerlo, con el corazón y con los labios. y te   adore en espíritu  y verdad,  como conviene a  adorarle.AMÉN.

DÍA QUINTO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que no fuiste menos dócil y puntual en poner prácticas las lecciones que te dieron sucesivamente tus directores sobre la oración, que en seguir la inspiración del Espíritu Santo, que desde los primeros años te condujo a la soledad y retiro para hablarte allí al corazón: alcánzame santa mía, de tu divino esposo Jesús, la misma humildad y docilidad, para que practicando fielmente los consejos y avisos de mi padre espiritual, viva ajeno de ilusiones, y llegue por fin al grado de oración en que me quiere su divina Majestad. AMÉN.

DÍA SEXTO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que desde tu mismo nacimiento empezaste por divina inspiración los ayunos, que después aumentaste e hiciste más rigorosos en el discurso de tu vida, juntando con ellos la mortificación de los sentidos, y cubriéndote de pies a cabeza de asperísimos cilicios para que ninguno de tus inocentes miembros descansara hasta el sepulcro: Meréceme, Santa Mía por tu asombrosas penitencias la gracia de traer siempre en mi cuerpo la mortificación de tu amadísimo esposo Jesús , para que manifestándose en mi cuerpo la vida pasible de Jesús, sea glorificado con el mismo Jesús por los siglos de los siglos. AMÉN

DÍA SEPTIMO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que no logrando consagrando enteramente a Dios en el claustro, como anhelabas, hiciste dentro de las paredes domésticas vida religiosa, guardando allí con la mayor escrupulosidad y perfección los tres votos que la constituyen, de pobreza, castidad y obediencia, con que por divina inspiración quisiste ligarte perpetuamente: suplica, virgen candorosa, a tu dulcísimo esposo Jesús, que por entrega total de ti misma y de todos tus vienes le hiciste en la primavera de tu vida, y por la fidelidad con que guardaste tus santos votos hasta la muerte, me otorgue la gracia que necesito para servirle con la perfección propia del estado en que ha puesto su divina providencia. AMÉN.

DÍA OCTAVO
Bienaventurada Mariana de Jesús, devotísima y relajadísima hija de la Santísima Virgen, a quien veneraste y obsequiaste como madre de Dios y de los hombres, celebrando de mil modos sus inefables misterios, y tomándola desde la infancia por modelo y dechado de todas tus acciones: alcánzame de nuestro Señor Jesucristo la cordialísima devoción que profesaste constantemente a su Madre Santísima, y en especial que la honre, venere y ame en el ministerio de su concepción inmaculada, declarado ya de fe, como la obsequiabas, reverenciabas y amabas tú por siglos antes de tu definición dogmática. AMÉN.

DÍA NOVENO

Bienaventurada Mariana de Jesús, candidísima y fragantísima azucena de la ciudad de Quito, que a los singulares y heroicos ejemplos que nos diste en el cortísimo espacio de veintiséis años que duró tu preciosa existencia, y que hemos consideradoen el discurso de esta Novena, con igual admiración que confusión nuestra, añadiste el de la mayor caridad que puede tenerse, de dar tu propia vida por tus amigos, los habitantes de Quito, afligidos sobremanera por los terribles azotes de la pestey terremotos: alcánzanos de tu divino Esposo que no nos castigue más con semejantes plagas, y que después de practicar en salud todo género de virtudes, muramos todos abrasados de la doble caridad de Dios y del prójimo, merecer estar a tu lado en el paraíso celestial. AMÉN.