viernes, 21 de julio de 2017

Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa, Monja Concepcionista

Venerable, Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa, Monja Concepcionista
Enero 16

1563 - + Enero 16, 1635

Mariana fue la primogénita de D. Diego Torres Cádiz y de Doña María Berriochoa Álvaro, que también tuvieron dos hijos varones; nació en el año 1563 en España.

La familia vivía en un pueblo de la provincia de Vizcaya, junto a las dependencias de la parroquia. Esta dichosa vecindad, a sus siete años, le daba lugar a ciertas fugas inocentes y frecuentes, con dirección segura y por todos conocida: ir a los pies del Sagrario, donde su corazón encontraba el amor de su vida.


Un día se produjo un gran incendio a causa de un descuido del sacristán, que consumió todo el templo, parroquias y sus dependencias, llegando el fuego hasta su casa, sus viñedos y pertenencias, reduciéndoles casi a la mendicidad. Por estas y otras razones, con esfuerzo y sacrificio, la familia se vio obligada a salir a Santiago de Galicia.

Rumbo a las Américas
En 1556, las piadosas mujeres de Quito, en comunión de ideales con su primer obispo, Don García Díaz Arias, habían elevado ferviente petición al Rey de España, Don Felipe II, para la fundación de un Monasterio de la Limpia Concepción.


Pasados algunos años, el Rey escogió personalmente en la provincia de Galicia, a cinco monjas Concepcionistas, que bajo la dirección de la Madre María de Jesús Taboada, llevasen a Quito el espíritu de la Orden de la Inmaculada Concepción.

Marianita contaba tan solo 8 años cuando lo supo. Creyó llegada la hora para dar expansión a sus ansias de amor sacrificado, correspondiendo a su Divino Esposo.


Rogó y obtuvo de su tía, la Madre Taboada, que la llevara consigo como aspirante a la vida religiosa.


Los razonamientos de su madre, peticiones de su padre y hermanos no fueron capaces para dar marcha atrás. La precoz niña veía ser esa su vocación y le hacia mucha ilusión. Se bien que, grande era el dolor de la separación de sus padres y de su patria, más grande era el fuego del amor Divino.


Después de pasar por grandes vicisitudes, al fin, al clarear el 30 de Diciembre de 1576, los clarines y tambores de la banda alegraban al pueblo por la llegada de las religiosas fundadoras.

Marianita, cuya entereza de ánimo no había flaqueado en la extremadamente dura prueba de la travesía; se convirtió en un núcleo de admiración y respeto.


Consagración al Señor
El 13 de enero de 1577, fue una fecha muy importante para la comunidad, que veía realizada la fundación. Por entonces Marianita estaba de Postulante. El 8 de septiembre de 1579 cumplidos todos los requisitos y casi cumplidos los 16 años, en una sencilla ceremonia tomó el Santo hábito. Sobresaliendo en la oración y la penitencia, se decía de ella, que "era una monja en miniatura".

El 4 de Octubre de 1581, Marianita, emite sus Votos entregándose por entero al Señor en un Místico Desposório: "Dios Esposo y dueño del alma ". Acabado de pronunciar los votos de Pobreza, Castidad y Obediencia, Marianita es sacada de sus sentidos y entra en un gozo estático por la aparición del Señor, quien amorosamente le acepta como Mística Esposa y le da a conocer profecías que se irán cumpliendo en el transcurso de los siglos, llegando hasta el siglo XIX.


En los Oficios del Monasterio
Fue muy probada por su propia tía, y en todo sobresalía con la virtud y humildad.
Se distinguía en todos los oficios  que le tocaba. Hay constancia de hechos con matices extraordinarios, como el multiplicar panes, porque no llegaban a toda la comunidad, siendo 'provisora'.

Curar a una joven que se dedicaba a los menesteres de la cocina y que un día se quemó la cara y el brazo; viendo que el facultativo no daba esperanzas por haberse formado ya una gangrena, ella se ofreció a atenderla y en un mes, hizo que todo desapareciera, sin dejar huellas.

Su alma se recreaba y gozaba con los detalles para los actos litúrgicos y sobretodo la Eucaristía, cuando era sacristana; también como vicaria de coro formó jóvenes en el canto, y armoniun para la solenmización de la liturgia.

La ciudad de Quito le llegó a conocer por sus consejos y ayudas que hacía con las personas que se acercaban al Monasterio, como la Madre.

Como Abadesa
A la muerte de su tía, la Madre María de Jesús, el año 1593, que había llevado 16 años en el cargo de abadesa y fundadora; la Madre Marianita fue proclamada por unanimidad Abadesa del Monasterio, contaba con 30 años.


Llega el término de su primer trienio, es reelegida por segunda vez, pero donde el Divino sembrador había regado, abonado y fecundado el dorado trigo, había crecido la cizaña. Una monjita criolla, a quien  los cronistas de su tiempo denominan "la capitana", apoyada por un eclesiástico, pariente suyo, provocó la desunión monacal.


Por aquellos tiempos la diócesis de Quito estaba bajo la dirección del Obispo Franciscano, Fray Luis López de Solís. Su vicario general, dejándose llevar por las palabras de la "monja capitana" destituyó de su cargo a la Madre Marianita y fue encarcelada en el mismo monasterio. Sólo la sacaban al refectorio para recibir de la comunidad improperios, insultos, desprecios, etc. mas ella, todo lo recibía con gran humildad y obediencia. Este ejemplo de sumisión, de no defenderse y solo confiar en su amado que todo lo sabe y lo permite para el bien del alma, sirvió para que otras hermanas se unieran a ella, llegando a 25 que pasaron por los mismos castigos, porque comprendieron que la cosa iba mal en la comunidad.

Por fin llega a los oídos del Obispo lo que estaban pasando en el Monasterio de la Limpia Concepción. Con dolor escuchaba las quejas del pueblo. Acudió pues al Monasterio para informarse personalmente y poner las cosas en su sitio y  la normalidad se fue restableciendo poco a poco gracias también a la bondad de la Madre Mariana de Jesús.

Aliento y consuelo de los demás
Uno de los muchos casos es el siguiente: Una madre que temía perder a la niña que esperaba con mucha ilusión, corrió al monasterio a pedir oraciones a la 'madre Marianita' y ésta le retornó a la hermana portera el obsequio de "agüita de anís del país" para que la tomara con confianza de que su parto iría bien y daría a luz una hermosa niña, sana, robusta, destinada por Dios para el Monasterio.


Pasado el tiempo, la niña ingresó en el convento. Se preparó para recibir el hábito y profesión religiosa y emprender el camino de la perfección, esforzándose siempre por pisar en las mismas huellas de santidad de su maestra; y así fue.


Cuando desempeñaba el oficio de enfermera, le preguntó a la madre si deseaba recibir los últimos sacramentos, esta le contestó que todavía no había llegado su hora, que los recibiría gozosamente el 16 último de su vida. Apenada la joven religiosa la dice:


Madre le ruego me lleve y no me deje ya que no tengo fuerzas físicas para resistir la dura prueba, a lo que la madre le respondió: pide al Señor esta gracia, si le place concedértela, prepárate para irnos. Y así sucedió, ella pide permiso a su madre abadesa para morir, pide que se le conceda el hábito más viejo para su mortaja, pide que venga su confesor, pide un hoyito en la huerta para su entierro, pide perdón a toda la comunidad y llena de alegría va a los pies de Jesús y se deshace en lágrimas de felicidad.

Cuando la madre Mariana murió, ayudó a preparar las cosas en la sacristía y ya colocado el cadáver en el coro para la ceremonia que se celebra al día siguiente, pidió a la Madre abadesa que le dejara pasar junto a su madre el último momento.

Se le concedió y se colocó a los pies con la frente y las manos sobre ella y no se movió de allí hasta que a la una de la madrugada vino la madre trayéndole una taza de caldo para que tomara y al llamarle no respondió; le llamó mucho la atención porque era una hermana dócil, la tomó del hombro para verla y cual fue el susto verla muerta con sangre en sus manos, boca y los pies de la difunta. La llevan a la celda y solo pueden confirmar su muerte. Así pues, la hermana Zoila Blanca Rosa de Mariana voló al cielo junto a su madre y maestra.

Era vista en Quito, como la 'madrecita' que arreglaba los problemas y conflictos familiares.

También se da fe del don de bilocación en Madre Mariana, para ayudar a los que se encomendaban a ella cuando hacían viajes en mulos ya que los caminos estaban llenos de ladrones.

Últimos días
La Navidad de 1534 fue una fiesta inolvidable para toda la comunidad, porque sabían que sus días se acortaban y todas querían unas palabras de la madre querida, que les decía entre otras cosas: "Mirad hijas mías, que mi destierro se ha prolongado mucho, todas mis hermanas fundadoras gozan ya de la visión de Dios, dentro de un mes y medio también yo os dejaré, como nos han dejado ellas".

La llama su biógrafo la 
"Monja que muere tres veces" porque se comprueba histórica y documentalmente que esta bendita monja, murió realmente en el año 1582; luego sigue viviendo y muere por segunda vez el 17 de septiembre de 1588, para resucitar y volver a morir definitivamente el 16 de enero de 1635 a la edad de 72 años.
A las tres de la tarde dejó de latir el corazón de Madre Marianita.


Cuerpo incorrupto de Madre Mariana de Jesús Torres, a quien Nuestra Señora del Buen Suceso le apareció en 1634 y le hizo numerosas profecias, varias de ellas ya realizadas, otras que se están cumpliendo y otras por fin que deben ocurrir.
Después de la muerte
Todo el pueblo de Quito se volcó para ver por última vez a la 
"madrecita buena". Entre el gentío había una pobre mujer, llamada Petra Martínez que deseaba llegar a las rejas del coro y suplicar curase a su niña ciega de nacimiento, que contaba con cinco años. No cesaba de repetir:



"Madre Marianita, duélete de nosotras! ¿Qué será de esta niña, después de mi vida? ¿Quién le acariciará como lo hacía vuestra merced? Insistía la madre, deje que la mire por primera y última vez mi niña, luego la madre metía la mano por las rejas con solo el deseo de coger una rosa que adornaba las andas y al no conseguir lo deseado salió corriendo y trajo un palo y así obtuvo lo deseado y con gran alegría cogiendo a la niña le frotaba los ojos pidiéndole a la madre Marianita le curase.


Y así entre llanto y súplicas se quedaron dormidas por un buen rato. Al cabo, la madre se despertó y comenzó nuevamente con sus rezos que despertó a la niña, la cual se incorporó poco a poco en las faldas de su madre y luego dando un salto a las rejas exclamando:

"Madre Marianita qué bonita ha sido, pero no duerma ya más, despiértese y levántese, otra madrecita tan bonita también está durmiendo"


A estas voces la madre no cabe en su asombro y el milagro se cumplía.

Son muchos los prodigios obrados por la intercesión de esta sierva de Dios.

jueves, 20 de julio de 2017

Estampita y Oración de Sor Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa




Estampita y Oración de

Santos, Beatos, Venerables, Siervos y Fallecidos en Olor de Santidad, Ecuador

Sant@s

Beat@s

Venerables

Sierv@s de Dios

Fallecidos en Olor de Santidad
  • Francisca de Mendiola y Fernández Caballero,
  • María Hilaria Cajekay,
  • Jesús Caballero, Amiga de Santa Narcisa de Jesús
  • Catalina de Jesús María Herrera Campusano, Escritora y Maestra de Novicias
  • Sor Eufemia de San agustín (Herminia Moscoso Zambrano)
  • Zoila Rosa Mariana de Jesús Salvador González
  • Fray José María Aguirre Moreno, Franciscano
  • Lucinda Toledo Paredes,
  • Dolores Pérez Pareja,
  • Mercedes María Morla Flor, Madre de los Pobres
  • Fray Jodoco Ricke y Marselaer, Religioso Franciscano
  • Hernando de la Cruz, Fernando de Rivera, Jesuita y Pintor
  • María Beatríz Arrue y Onrramuño,
  • Madre Teresa de Cepeda y Fuentes,
  • Fray Fernando de Jesús Larrea,
  • Padre, Agustín María León,
  • Padre, Enrique María Mideros Almeida, 
  • Fray Tomás del Rosario Carrión,
  • Antonia Carmen Inés Barona Guzmán, Monja Dominica
  • Padre, Manuel Herrera y Donoso,
  • María Fabiola García Ramírez,
  • Madre, María de San Pablo,
  • Padre, Fray Miguel Izurieta,
  • Mártir, Lucas Majano,
  • Sebastiana de Casso y Paredes,
  • Juana de Casso y Paredes de Gerrero Salazar,
  • Madre, María Catalina de Jesús y de los Angeles,
  • María de las Mecedes Darquéa,
  • Fray José Arízaga Mosquera,
  • Fray Cristóbal de Vera,
  • María Duchicela Nanguay,
  • Luz Emilia Saa cadena,
  • Galo Merino Grijalva,
  • Carmen Celia de Jesús,
  • María Amalia Urigüen Espinoza,
  • Hermana, Marianita Purificación de María Rosa Bueno,
  • Sor Leticia Teresa de Jesús Jarrín Vallejo,
  • Nicanor Corral de la Bandera, Apóstol de Guayaquil,
  • Mariana de Jesús Varela Vázquez,
  • Presbítero, Eleodoro Villafuerte,
  • Presbítero, Antonio Guzmán Villagómez,
  • Sor Gertrúdis de San Idelfonso,
  • Eliana de Jesús Espinoza,
  • Regina Quiñónez de Caicedo,
  • Luis Felipe Acosta Lasso,
  • Padre, Antonio de Saavedra y Leiva,
  • Sor Juana de Jesús (Expósita),
  • Rosario Guerrero Chiriboga,
  • Sor Juana de la Cruz Bohorquez Ceballos,
  • Rafaela Chávez,
  • Rosalía Olvera,
  • Dr, Antonio Cesar Pérez,
  • Toyita Pereira de Vergara,
  • Sor Martha Verónica Cepeda,
  • Madre, Hipólita de San Pedro, Religiosa Agustina
  • Fray Hermenegildo de Jesús María Meneses,
  • Hermano, Gabriel de la Dolorosa, (Carlos Alberto Luna Báez),
  • Fray Dionicio Mejía,
  • Dr. Julio Tobar Donoso,
  • Pedro Schumacher Niessen, Monseñor
  • Padre Eustasio Esteban Esteban
  • Pedro Manuel Salado de Alba, Misionero
  • Aldo Menghi, Misionero Diácono Mártir
=


Antonia Lucía del Espíritu Santo Maldonado y Verdugo, Fundadora

Sierva de Dios, Madre Sor Antonia Lucía del Espíritu Santo Maldonado y Verdugo
Junio 12, 1646 - Agosto 17, 1709

Vocación extraordinaria de Antonia Lucía
Antonia Luía del Espíritu Santo, ha sido una de aquellas privilegiadas, escogidas por Dios para realizar en su Iglesia obras enteramente divinas y sobrenaturales. Mucho favoreció el Señor al Perú durante la administración española, concediéndole en gran número pastores celosos, apóstoles incansables, vírgenes puras, almas penitentes hasta el heroísmo, santos y bienaventurados dignos del honor de los altares; y Antonia Lucía se halla colocada en puesto muy eminente entre estos seres providenciales, pues su actuación en Lima la hace merecedora de ese puesto eminente.

Nacida en Guayaquil el 12 de junio de 1646, de padres nobles y virtuosos, pero pobres de bienes temporales, muerto el padre, pasó con su madre viuda al puerto del Callao a los 11 años de su edad y como esta señora era muy virtuosa y veía que su hija lo era tanto, deseaba para remediar la situación de ambas que la niña llegara a edad competente para casarla, y tan pronto llegó el momento oportuno.

Cuando cumplíó los 30 años, contrajo matrimonio por decisión de su madre con Don Alonso Quintanilla, hijo de Don Benito de los Santos y de Doña Andrea Flores, siendo un hombre humilde también y artillero de oficio en el puerto del Callao, contrajeron nupcias el 6 de abril de 1676. Su esposo vio en Antonia Lucía su intensa vocación al servicio de Dios fue así que por mutuo acuerdo decidieron guardar castidad perfecta. Su matrimonio no duró mucho tiempo ya que Alonso de Quintanilla falleció el 30 de enero de 1681.

Quedando en libertad, y habiendo dicho a su confesor su enorme deseo de servir a Dios, cabe resaltar que uso ropa de luto de color morado, que años después sería el hábito oficial de las Madres Nazarenas y de los devotos del Señor de los Milagros.

Inspirada de Dios fundó en el Callao una casa religiosa dedicada a la imitación de Jesús Nazareno, donde el mismo Señor la visitó con la túnica de Nazarena, diciéndole estas memorables palabras: "Mi madre ha dado su traje de pureza para hábito a otras almas y yo te doy a ti mi traje y hábito con que anduve en el mundo: estima mucho este favor, que a nadie he dado mi santa túnica".

En esta casa murió la madre de nuestra santa, llena de merecimientos y asistida de su buena hija.

Dispuso la Providencia que del Callao pasase a Lima, a fundar una nueva casa de Nazarenas en la capital, en la calle de Monserrat.

Esto pasaba por los años 1683, vistiendo solemnemente el santo hábito la pequeña Comunidad, el día 1° de enero de 1684.

Con haberse trasladado de la calle de Monserrat junto al Señor de los Milagros, la Congregación de Nazarenas, fundada por la Madre Antonia Lucía, venía a obtener corona y complemento la obra de esta predestinada criatura; debemos decir que Dios formó a Sor Antonia Lucía para culto perpetuo del Señor de los Milagros, y el Señor de los Milagros vino a corresponder a los anhelos del corazón de Sor Lucía, como víctima que deseaba consagrarse al amor de Jesús Nazareno.

Su penitencia: Ayunos.- La Madre Antonia Lucía sólo cada 24 horas tomaba un alimento que consistía en una pequeña cantidad de pescado y dos yemas de huevo: fuera de la hora señalada para esta frugal comida, jamás probó cosa alguna.  Y todos los viernes del año dejaba de tomar alimento, empezando este ayuno desde la víspera al medio día y terminándolo el sábado a las dos de la tarde.  Ayunaba toda la semana santa sin probar bocado, a no ser que interviniese la voluntad de su confesor y entonces probaba algunos bocados de verdura.

Disciplinas.- Eran cruelísimas las disciplinas que acostumbraba, azotándose todo el cuerpo, puesta de rodillas, y los viernes con derramamiento de sangre.

Su cama era una tarima, defendiéndose del frío con una sábana y una frazada.  Sobre la tarima tenía colocada una cruz grande sobre la cual dormía, sirviéndole de cabecera sus propios brazos, abrazándose además, con su santocristo.

La Madre Antonia Lucía padecía enfermedades varias y continuas, con dolores intensos de todo el cuerpo, de los cuales nunca se quejó pareciéndole injusto pretender bajar de la cruz en que el Señor la ponía.

Agregábase a esto angustias y sequedades del alma, mucho más crueles que los dolores corporales, en medio de los cuales no exhalaba otro suspiro, sino: Gracias a Dios; hágase su voluntad.  Y cuando el confesor le preguntaba: ¿Cómo vamos? Respondía: Padecer, Padre, padecer, mientras el Señor así lo quiera.  Cuando el padecer llegaba a su colmo, algunas veces exclamaba: Téngame lástima que estoy en el infierno, padeciendo como tizón de él.  Al disminuir la fuerza del padecimiento, luego prorrumpía en alabanzas a Dios.

Todos los días de 12 a 3 de la tarde, padecía mucho y de un modo especial.

Todos los viernes del año andaba enteramente descalza y con especies amarguísimas en la boca.

Su continua oración y presencia de Dios.-  La Madre Sor Antonia Lucía del Espíritu Santo tenía la conciencia que siempre y a todas horas estaba en la presencia de Dios, adorándole; así lo aseguraba ingenuamente a sus confesores.  A esto unía un vivo deseo de hacer siempre lo más perfecto.

Todos los días se iba a la iglesia a las cinco de la mañana, se confesaba y luego recibía la santa comunión.  Se quedaba orando hasta las diez de la mañana.  En esta oración recibía del Señor favores singulares.  Cuando no le apremiaban las ocupaciones, prolongaba esta oración hasta las dos de la tarde y siempre salía de la oración como endiosada.

Puede asegurarse que oraba día y noche, elevando continuamente su espíritu a Dios y teniendo siempre su corazón en dulce contacto con su Divina Majestad, esto no se lo estorbaban los cuidados de la prelacía.

Como fruto y efecto de su oración sentía ansias ardientes de la salvación de las almas; y si de ella hubiera dependido, habría recorrido el mundo, clamando como los profetas de Israel, en calles y plazas para que los hombres se convirtieran a Dios.  Igual deseo le acompañaba de que los infieles recibiesen la luz del Evangelio y el santo bautismo.  Y esto pedía a Dios sin cesar y dejó esto mismo como herencia a sus hijas.

Rezaba con frecuencia la oración del Padre Nuestro uniéndose en espíritu con Nuestro Señor Jesucristo, que lo había dictado a sus apóstoles.

Con la oración continua y el trato incesante con Dios, obtuvo una singular prudencia y sabiduría que no se ocultaba a las personas que la trataban de cerca, algunas de ellas eclesiástico ilustrados; aunque ella con su humildad profunda se acogía generalmente al sagrado silencio, sin pretender nunca hacerse la maestra.

Veamos como habla de ella misma de los efectos de la oración: "Estando llorosa sentí una marea suave con incomparable gozo y consuelo de grande fe que daba por hecho lo que antes lloraba dudosa, pasó esto a elevación de los sentidos y suspensos ellos de lo que el alma gozaba, entendí en la mente que veía al Espíritu Santo tan amoroso como Padre que me decía: Mírate en ese espejo.  Entendió mi alma y ví que de las manos del Santísimo Señor salía una tabla dorada con unas letras que decían:

LA REGLA DEL CARMEN CEÑIDA AL INSTITUTO NAZARENO: VIDA APOSTÓLICA SIGUE MI EVANGELIO: EN ELLA.

Volví y dije: Señor a mí tanta dicha? Temo la ilusión: y díjome el amantísimo bien nuestro: para venideros tiempos te muestro esta tabla, para que se diga que fue dada y dirigida del Espíritu Santo".

Apariciones, éxtasis y otros favores divinos.-  Eran frecuentes en ella varios fenómenos extáticos, y algunos de ellos se realizan periódicamente durante el año.  Desde el día de la Conmemoración de los Difuntos por ocho días consecutivos se hallaba en éxtasis no interrumpido; privada del uso de los sentidos, exceptuando el tiempo necesario para recibir la santa comunión.

El fenómeno se repetía no pocas veces mientras rezaba el Oficio divino, durante el cual gozó también de apariciones y visiones del niño Jesús, y en otras ocasiones del Divino Nazareno, cansado y afligido que alentaba a su sierva a la imitación, especialmente en la pobreza y penitencia.

De sus admirables éxtasis, algunos de los cuales fueron presenciados por sus confesores, volvía en sí con un sentimiento de profunda humildad, deseosa de esconderse debajo de la tierra.

La escritora de su vida, la Madre Josefa de la Providencia como testigo de ésta, dice: "Una noche estando en la capilla, que llamaban Belén en el Beaterio, estaba yo y algunas de mis hermanas, y la sierva de Dios, se había sentado en un poyo de dicha capilla, desde donde estaba hablando, y de repente la vimos que había salido de sí, con los ojos abiertos, muy hermosos elevados al Cielo; de lo que quedamos todas atónitas viéndola de este modo, por espacio de tres o cuatro credos, hasta que volviendo en sí, como quien sale de un gran sueño, y como avergonzada de que la hubiéramos visto, salió con gran prisa para afuera".

Algunos de estos éxtasis eran con elevación en el aire de todo su cuerpo.

Su retiro.-  Fruto y fomento de la oración es el retiro y la soledad que fueron amados con todo extremo por la Madre Antonia Lucía.  Aún para llevar a buen término sus fundaciones, para las cuales era menester la cooperación de muchas personas, no quiso disminuir su retiro donde esperaba que la Divina Providencia le favoreciese con todo lo necesario; y en efecto, así le acontecía.  Ella apenas tenía comunicación con las familias de la capital, ni pretendía influjos de los poderosos.

Su humildad.-  Es cosa rara e increíble el estado de ánimo en que vivía continuamente Sor Lucía del Espíritu Santo; pues se creía merecedora de que la castigasen como delincuente con maltratos.

Terminada la confesión sacramental, que era diaria, salía del confesionario hecha un mar de lágrimas considerándose mala, monstruosamente mala; ella que llevaba una vida angelical, preservándola Dios bondadosamente de faltas advertidas y de malicia, aún de las pequeñas.
Esta su humildad tan profunda como sincera, sorprendía a los que la trataban, no ignorando la serie de favores extraordinarios con que el cielo la distinguía.

Gozaba en humillarse en el refectorio, según es costumbre en las religiones, pidiendo frecuentemente perdón a sus hijas de los malos ejemplos que en ella vieran, y con gran ternura y lágrimas les besaba los pies.  Las hijas quedaban con esto compungidas y edificadas.

Su caridad.-  El amor al prójimo es efecto del amor a Dios, y las almas santas en cuyos pechos arde el amor divino, no pueden menos de sentir un celo ardiente del bien del prójimo.

Sor Lucía ejercitaba un apostolado no interrumpido en sus conversaciones con los prójimos, a quienes impulsaba con una fuerza secreta pero eficaz a deseos de perfección y santidad.  Esta fuerza secreta sentían con más eficacia sus hijas reunidas con ella en torno de Jesús Nazareno.  Sentíanla también sus confesores que hallaron en el trato con esta alma pura, santa y penitente, estímulos poderosos para procurar con ahínco la santidad sacerdotal.

Además, su apostolado tuvo ocasiones propicias para remediar males espirituales de diversas personas.  Un religioso acreditado como sabio e ilustrado cayó enfermo con síntomas de locura.  Nada bastó para curarlo, hasta que tuvo ocasión de verse con la Madre Lucía, la cual le amonestó que se condujese bien, indicándole un punto en que debía poner remedio.  Con la entrevista no sólo quedó sano del mal, sino muy resuelto a aspirar a la santidad religiosa y a dedicarse a la conversión de los infieles, entre los cuales obtuvo la palma del martirio.

A este tenor logró la reforma de muchas personas, para lo cual la favoreció el Señor con el don de la penetración de los secretos del corazón.

Su devoción al Santísimo Sacramento, a María Santísima y a los Santos.-  Siendo la Venerable Madre Antonia, amantísima de la Pasión de Nuestro Señor, no podía dejar de serlo de su perpetuo memorial: la Sagrada Eucaristía; así llegando el octavario de Corpus lo celebraba con toda pompa y solemnidad.  Lo mismo podemos decir de su devoción a María Inmaculada, la cual cultivó en su alma desde sus más tiernos años y procuró se mantuviese siempre en el Instituto, determinando que diariamente en la Comunidad se rezase el santo rosario y la corona dolorosa.

Para con los santos tuvo especial devoción al Señor San José, San Juan Evangelista, el Angel de la Guarda, Santa Teresa de Jesús su maestra, y otros más, recibiendo de ellos señalados favores, para sí y para sus hijas.  Cuéntase entre otros, el caso siguiente: Estando el Beaterio en la calle Monserrat, deseaban sus hijas una imagen de Nuestra Señora, y se lo manifestaron a Venerable Madre, quien lo encomendó al glorioso San Pedro de Alcántara, no bien lo hizo, cuando a poco se presentó el criado de una señora con una imagen de la purísima en bulto, que medía más de una vara de alto, y la vendía por doscientos pesos.

La Venerable Madre ofreció cien a la persona que la había enviado, escribiéndole una carta suplicatoria, y para complacer a la Madre Providencia que le pedía pusiese la carta en manos de la imagen para obtener lo solicitado, ésta, que tenía las manitas pegadas por las palmas y deditos, al ponerle el papel la Sierva de Dios, dio un traquido, que todas las que estaban presentes lo oyeron y quedó la imagen con las manitas bien desunidas hasta el día de hoy.  Tomando luego la Sierva de Dios la carta de las manos de la imagen, la envió a la señora, quien no aceptando la oferta pasó al Beaterio para llevársela y al llegar y ser interrogada por la Sierva de Dios de: ¿Cómo había sabido que deseaban la imagen?, dijo la señora, que un Padre Franciscano muy flaco y amarillo se lo había dicho; lo que hizo suponer a sus hijas, que fue San Pedro de Alcántara.

Determinada la señora a no venderla por los cien pesos, ordenó al criado que la cogiera para volverla a su casa, pero siendo el mismo que la había llevado a Beaterio no podía moverla, viendo con admiración tantos prodigios, la señora se conformó con los cien pesos y se marchó asombrada.

Última enfermedad y muerte de la Madre Antonia Lucía, en pie y con los brazos en Cruz.
Estando en cama la sierva de Dios Sor Lucía en su última enfermedad, una hija suya vio sobre ella una corona y una palma, hechas de oro finísimo y hechura primorosa.  Conociemdo la Madre la visión de la hija no pudo negar que aquella corona y aquella palma se las daba el Señor en premio de su santa vida, toda consagrada al amor de Dios y del prójimo, a la penitencia y mortificaciones con acciones virtuosas nunca interrumpidas.

Su última enfermedad y su muerte estuvieron caracterizadas por el amor y el dolor.  El amor, lo incendios de la caridad divina, ponían en movimiento su corazón que latía con violencia.  El dolor, el purgatorio anticipado, hacía de la enferma una mártir.

La enferma pidió los últimos sacramentos el martes 13 de agosto.  Apenas vio a Jesús Sacramentado que entraba en la celda, tuvo un transporte extático que no pudo dominar, de modo que el sacerdote hubo de mandarla que volviese en sí para recibir la sagrada comunión, como efectivamente volvió, recibiendo luego a su amado con encendidos afectos de amor, reverencia y alegría.

El sábado 17 indicó que su muerte sería a las dos de la tarde.
Hallándose presentes a esa hora tres de sus hijas y el médico que la asistía, se incorporó en la cama, luego se puso en la cabeza una mantilla que le cubría todo el cuerpo y velozmente se puso en pie sobre la cama, sin que nadie interviniera en esto; extendió los brazos en cruz a imitación de su Divino Maestro; fijó la mirada en el cielo, con los ojos abiertos que brillaban como dos luceros; puso un pie sobre el otro y permaneció con esta postura estática durante un cuarto de hora; el éxtasis terminó con la muerte, exhalando su postrer suspiro en aquella actitud.  Después que expiró, inclinándose por sí misma, suavemente pero sin encoger los brazos, ni separar los pies, se colocó en la cama y reclinó la cabeza sobre la almohada.

El privilegio de morir con los brazos en cruz dejó la santa Madre hereditario a algunas de sus hijas, aunque no en pie, sino echadas en la cama.  Así murió Sor Josefa de la Santísima Trinidad, sobrina de la sierva de Dios, Sor Catalina de San Juan, Sor Felician de Santa Teresa, Sor Luisa de San Padre de Alcántara y otras más.

Las circunstancias de la muerte de la Madre Antonia Lucía son excepcionalmente prodigiosas, sin duda no vistas en ningún otro santo de la Iglesia de Dios, y contribuyen a la gloria especial de la heroína, digna del aprecio de los mortales.

A su muerte siguieron un gran número de prodigios; pues a las diez de la noche, ya difunta, volvió a poner los brazos en cruz con los dedos encogidos, permaneciendo así hasta la aurora, hora en que colocó el brazo derecho junto al muslo y puso la mano izquierda extendida sobre el corazón, ostentando el rostro hermosísimo.

Tuvieron insepulto el cadáver durante cuatro días, con un concurso incesante e innumerable que obtenía por intercesión de la Sierva de Dios gran número de curaciones de varias enfermedades.


Sus restos reposan en el Santuario de Las Nazarenas en Lima, en cuyo altar mayor se encuentra la imagen del Cristo de Pachacamilla.
SOR ANTONIA LUCIA DEL ESPIRITU SANTO
Antonia Lucia Maldonado de Verdugo nació en Guallaquil, Ecuador el día Sabado 12 de Junio de 1646.

Huerfana de padre llegó al Callao en compañia de su madre en 1657. A los 30 años Antonia Lucia, fue casada por su madre con Alfonso Quintanilla hombre pobre de caudales pero de grandes dotes morales. Sin embargo Alfonso Quintanilla al darse cuenta que su esposa tenia inclinación hacia el servicio de Dios, de mutuo acuerdo guardaron castidad.

En esa época Antonia Lucia vestia tunica morada con la debida autorización de su esposo y la debida licencia eclesiastica del 6 de Agosto de 1677 o 1678. Al poco tiempo falleció su esposo el día 30 de Enero de 1681, siendo enterrados sus restos en el Convento de Santo Domingo.

Al quedar viuda Antonia Lucia, quedó en libertad de cumplir con su proposito y verdadera vocación. Y el luto que vistio fue el de la tunica morada la misma que despues distigiria a sus fieles y adnegadas discipulas y seguidoras en el Beaterio de Monserate.
Antonia Lucia de Maldonado y Verdugo, (I.- 0549, 196, (f)), Nacio en Guayaquil el 12-6-1646. Al morir su padre don Antonio Maldonado y Mendoza, fue al Callao con su madre doña Maria Verdugo Gaytan que estaba en la mas absoluta de las pobezas.

Habia casado doña Antonia Lucia con Alonso Quintanilla, que sin el conocimiento de este, colectó limosnas para la creacion de un beaterio de Nazarenas.

Tanto su marido como ella fueron muy devotos y él la permitio que tomase habito mientras él se encerro en el monasterio de los Descalzos anticipandose su muerte y doña Lucia ya viuda, entro en el beaterio con su madre.

En 1681 por asuntos de disgustos se traslado a Lima retirandose durante un año al monasterio de Santa Rosa de Viterbo. Ayudada del capitan don Roque Falcon que la proporciono 12.000 pesos, planto en el año 1683 el beaterio en la casa que compro a Fernando Perez junto al convento de Monserrat, extinguiendose despues por los años de 1698 al no condedersele licencia para su ereccion. En el beaterio que fundo el capitan Sebastian de Autuñano busco refugio asi como otras monjas dispersas ocupando el cargo de superiora con el nombre de: Antonia del Espiritu Santo.
Falleció el 17-8-1709.
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miércoles, 19 de julio de 2017

Nicanor Corral y Banderas, Apóstol de Guayaquil

Tomado del libro: Nuestra Contribución al Cielo
por: Padre Hugo Vázquez y Almazan, +
Nicanor Corral y Banderas, Apóstol de Guayaquil
Julio 17, 1837 - Octubre 23, 1903

RELIGIOSO.- Nació en Cuenca el 17 de julio de 1.837 en el hogar de Juan de Dios Corral y Guerrero y Mercedes Banderas, comerciantes quiteños establecidos en Cuenca, donde formaron un hogar religioso y modelo, crisol de formación para tres sacerdotes: los Dres. Nicanor, Pío Vicente y Adolfo Corral y Banderas.

Desde muy niño dio muestras de piedad y hasta de heroísmo pues, de escasos 13 años, reunía a sus amiguitos de los barrios de San Cristóbal y San Blas y les enseñaba la doctrina cristiana llenándoles de fervor y con ellos fundó "La Sociedad de la Agonía" para asistir moribundos y dar sepultura a los muertos pobres. '"Causaba admiración ver como los niños y jóvenes capitaneados por Nicanor Corral pasaban por las calles llevando en sus hombros los cadáveres que ellos mismos habían amortajado"; por eso, el Obispo Miguel León diría después: "Jamás he visto a joven alguno que haya pisado las vanas preocupaciones del inundo, como supo hacerlo en temprana edad Nicanor Corral".

Pronto ingresó al Seminario donde por sus dotes naturales llegó a ser escogido por el Obispo Remigio Estévez de Toral, quien le dijo: "Yo quiero que tu hagas reinar la piedad en mi Seminario" y lo designó Regente y Prefecto de Piedad, cumpliendo tan a la perfección sus obligaciones que muchos años después aún lo recordaban sus antiguos alumnos. En Julio de 1.862 celebró su primera misa en San Juan, pequeña población a orillas del río Gualaceo.

En 1.865 fue llamado a Riobamba por el Obispo Ignacio Ordóñez, para ocupar el curato de la Parroquia de Sicalpa y de allí pasó en 1.868 a Licto, en 1.871 a Punín y en 1.874 a Cajabamba. En todos esos pueblos restauró las iglesias, organizó las escuelas parroquiales, visitó los anejos y con ternura y unción se dedicó al servicio de sus feligreses indígenas.

En 1.871 y durante la gran sublevación indígena de Fernando Daquilema en Cacha, fue sorprendido con otros blancos mientras huía del lugar; los indios mataron horriblemente a todos, excepto a Corral, a quien sólo golpearon hasta dejarlo inconsciente, perdonándole la vida por ser "excelente persona" y es fama que fue el único blanco que sobrevivió en esos contornos, desde entonces creció su fama de hombre recto y bondadoso, justo y caritativo, sobre todo con los pobres, a quienes siempre ayudó con cariñosa unción.

En 1.874 asistió al Concilio Provincial Quitense y fue presentado al Presidente García Moreno, que en Diciembre lo premió con una silla del Coro Catedralicio de Guayaquil.

Ya en el Puerto Principal empezó a tener actitudes poco ortodoxas pues, siendo Canónigo, no se avergonzaba de subir a una mula y salir a la sabana a reunir numerosos niños de los llamados "cholitos sabaneros" y debajo de un árbol cualquiera los adoctrinaba con palabras propias para esa edad y como era un orador nato y sabía darse mañas para distraer a cada auditorio, llegaba a conmoverlos. Los niños se retiraban profundamente impresionados y aguardando con ansias la siguiente reunión que nunca se hacía esperar. Así le nació la idea de fundar una Capilla al lado del actual Manicomio y una Iglesia en el despampado que hoy es el barrio de la Victoria, donde tantas horas invertía en hablar de Dios.

Pero no se piense que sólo era bueno para catecismo y capillas, también dedicaba parte de su tiempo al fomento de la educación y con parte de su dinero fundó varias escuelitas para niños pobres de la Diócesis. Una estuvo ubicada en 9 de Octubre y Chanduy en un solar de la Sociedad Filantrópica del Guayas y otra frente al estero Salado, regentada por las hermanas de la Caridad.
Nicanor Corral viajando por el Ejipto,
la Palestina, la Siria I la Turquía

En 1.879 fue nombrado por Monseñor Carlos Alberto Marriott Cura Interino de la Catedral y tomó posesión el 13 de febrero, pero en el primer sermón cometió la imprudencia de dejarse llevar por su "inagotable cotorrería" y de los temas sagrados pasó a los profanos y zamarreó al gobierno del General Veintemilla; la primera autoridad del Guayas se enteró y el 24 de ese mes, a sólo doce días de la posesión de Corral, fue obligado a embarcarse a Panamá en el paylebot "Payta" y allí estuvo algún tiempo. Después pasó a Chile y al Perú y en Lima fue Capellán de las Monjas del Buen Pastor.

En 1.881 volvió a Guayaquil porque después de todo "su crimen no había sido de marca mayor", pero se tuvo que quedar calladito. En agosto partió a Roma y cumplió ante la Santa Sede una delicada misión, luego siguió a Tierra Santa.

A su regreso fue Capellán del Manicomio y se ganó la simpatía de los internados presentándose ante ellos como "uno más entre vosotros"; pero, a la larga, sus ideas se alteraron, pues el mucho trato con locos como que desquicia al más cuerdo. De esa época fue su inagotable vena folklórica, sus temas permanentes y hasta mandó a imprimir un pintoresco afiche que donde se lo ve pidiendo dinero para la construcción de la Iglesia del Purísimo Corazón de María.

Sobre esto cuéntase que en cierta ocasión se metió en una panadería a pedir limosnas y fue recibido con un rotundo no, entonces el padre se plantó firme y dijo: "El no es para mi y ¿Qué para la Virgen?" desarmando al panadero que terminó por reírse y chacotear con Corral hasta que finalmente le entregó una buena limosna. De todos esos esfuerzos nació el templo del Purísimo Corazón de María y el barrio de la Victoria que pronto fue habitado por familias conocidas y se incorporó a la ciudad. En diciembre de 1.886 editó el Semanario religioso científico y literario "La vida" con el Dr. Luis Antonio Chacón en 16 págs. a dos columnas pero sólo aparecieron 6 números, allí escribió ¿De qué trata un periodista religioso, de lo que eleva el corazón y necesita el alma; la paz, la moral y la virtud.

Revmo Dr. NICANOR CORRAL Y BANDERA
Párroco de la Iglesia del
Corazón de Jesús en Guayaquil
En 1.891 formó un Seminario con un grupo de estudiantes que lo seguían como a profeta y con ellos inauguró dos escuelitas, la del Belén para niños y la de la Aurora para niñas, que abrió sus puertas en 1.893; y cuando se llevó a los Seminaristas a estudiar a Daule, tuvo que dejar profesores al frente de ellas.

La transformación Liberal no le complicó la vida. El 16 de Nov. de 1.895 mandó bajar de la torre del templo del corazón de María el pabellón azul y blanco que entonces representaba al partido liberal, produciéndose un tumulto entre los feligreses y la intervención del Intendente Eduardo Hidalgo Arbelaez, pero el día 19 dio una explicación y se superó el impase.

En abril de 1.896 volvió a sermonear de política durante una misa en la Catedral, fue conducido al vapor "Imperial" y salió desterrado a Panamá; al enterarse Alfaro de este suceso, ordenó desde Quito que lo regresen para evitar que sablee en el istmo a los panameños -como que lo conocía bien- y así volvió Corral en noviembre, siendo aclamado en el barrio y tal como lo había pensado Alfaro trajo numerosas limosnas que aplicó para la terminación de la Iglesia, que inauguró personalmente y en medio del general entusiasmo de la nación que había seguido con curiosidad sus esfuerzos.

Para entonces ya disponía de cuatro sacerdotes y fundó otra escuelita que llamó del Sinaí por su destierro y el del pueblo judío. Sus últimos tiempos gastó en servir esa parroquia y robustecer a su incipiente comunidad religiosa.

En 1.903 viajó al Salitre en misión pastoral y a su regreso se sintió mal y falleció posiblemente del corazón, el viernes 23 de octubre de 66 años de edad. La ciudad entera se conmovió porque había muerto el "Apóstol de Guayaquil" y se le tributaron honores de santo y hasta los liberalotes de entonces asistieron a sus honores fúnebres que fueron solemnísimos y "en medio de un numeroso concurso de sacerdotes y fieles de todas las condiciones sociales. Jamás se había visto en Guayaquil entierro en que los acompañantes guardasen mayor compostura y manifestarse mayor devoción". Todos decían: "Ha muerto un santo".

Sus restos fueron sepultados en el cementerio y el 19 de enero de 1.907 se exhumaron y colocaron en un sencillo túmulo de la Iglesia de la Victoria.

Poco después el neurótico arzobispo Federico González Suárez terminó con la "Sociedad de Sacerdotes del Purísimo Corazón de María", única congregación religiosa guayaquileña en lo que va de más de cuatro siglos y medio que lleva de vida esta ciudad. ¿Por qué lo hizo González Suárez?. El no acostumbraba explicarse, había semanas enteras que ni hablaba, recogido y ensimismado en sus pensamientos, por eso sólo lo que quiso decir, dejó escrito para que se publicara después de su muerte.
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