sábado, 27 de agosto de 2016

Juan María Riera Moscoso, Obispo

Juan María Riera Moscoso, Obispo

(Enero 28, 1866 - Noviembre 20, 1915)

Durante toda su vida, el Ilmo. Juan María Riera se dedicó con verdadera vocación apostólica a cumplir con los mandatos de Jesús, predicando y enseñando su divina palabra en casi todos los rincones de la Patria.

RIERA MOSCOSO, Obispo Juan María.- Religioso nacido en la ciudad de Ambato el 28 de enero de 1866, hijo de don Carlos Riera y de doña Dolores Moscoso, y que fue bautizado con el nombre de Carlos Antonio.

Con muchos sacrificios logró realizar sus primeros estudios en las escuelas de Ambato y Latacunga, y a los 15 años de edad entró de novicio en el Convento de Santo Domingo, en Quito, donde dos años más tarde emitió sus votos y cambió de nombre adoptando el de Juan María.

Dentro de su plan general de estudios profundizó el aprendizaje de Latín, Aritmética, Geografía, Lógica, Matemáticas, Física, Metafísica, Teología Dogmática y Moral, Derecho Canónico, Historia Eclesiástica y Sagradas Escrituras, materias en las que se destacó además por su dedicación y sabiduría.

En la Catedral de Guayaquil se veneran las reliquias
incorruptas del pastor de almas, Ilmo. Juan María Riera.
En 1889, a causa de una grave enfermedad de debilitamiento producida por el régimen de austeridad, ayunos y silicios que acostumbraba a llevar, viajó a la ciudad de Cuenca en busca de mejor clima para su recuperación, y por fin, el 3 de agosto de 1890 recibió la orden sacerdotal de manos del Obispo de Cuenca, Ilmo. Miguel León Garrido.

Al año siguiente, luego de haberse recuperado inició una ejemplarizadora labor religiosa y educacional en diferentes lugares del país, inclusive en el oriente.
Durante los primeros años de la Revolución Liberal continuó desarrollando su importante misión evangélica en los diferentes rincones del país, por lo que en 1911 el Ilmo. Federico González Suárez solicitó su designación para el obispado de Guayaquil, y el 1 de enero de 1912, Su Santidad el Papa Pío X firmó el decreto que confirmaba su elección, de la que tomó posesión el 29 de junio de ese mismo año.

Pocos meses después comenzaron a sentirse en Guayaquil las terribles consecuencias de las pestes de bubónica y fiebre amarilla, y dedicado a su abnegada labor pastoral, socorriendo a los enfermos y asistiendo a los moribundos, fue también víctima de ellas. El 8 de diciembre, mientras celebraba la Pontifical Misa de la Virgen se sintió repentinamente mal, por lo que fue trasladado inmediatamente a su casa donde -a pesar de que la fiebre le subió a 40 grados- pudo salvarse de morir gracias a los cuidados que le brindó el Dr. Luis Felipe Cornejo; pero quedó tan delicado del corazón y los riñones, que necesitó usar muletas para poder movilizarse.

A pesar de su quebrantada salud continuó desempeñando su sagrada misión cristiana, visitando todas las parroquias, hasta que finalmente su cuerpo ya no pudo resistir las exigencias de su labor redentora, y murió en la ciudad de Guayaquil el 20 de noviembre de 1915.
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Enciclopedia del Ecuador.
Histórica * Geográfica * Biográfica
Por: Efrén Avilés Pino.
JUAN MARIA RIERA MOSCOSO
V OBISPO DE GUAYAQUIL.- Nació en Ambato el 28 de Enero de 1.866. Hijo legítimo de Carlos Riera Suárez, comerciante, Presidente del Concejo, Jefe Político del Cantón Ambato y en su primera juventud Director de una Escuela Fiscal. (Hijo de Joaquín Riera Valdivieso, quien consagró gran parte de su vida para dotar a Ambato de un templo digno y al fallecer en 1.840 lo vio casi concluido y de Josefa Suárez) y de Dolores Moscoso Suárez, natural de Ambato. El 30 fue bautizado y Confirmado con los nombres de Antonio Reinaldo por el Arzobispo Checa.

Estudió la primaria en Ambato y Latacunga y de sólo 15 años entró al Convento de Santo Domingo de Quito regido y reformado por los padres italianos desde 1.893 con la observancia regular y una acción organizada; pero, con el mismo arcaico sistema de estudios que imperaba en la colonia e inicios de la república, basado en la Filosofía tomística del medioevo y en el misticismo ascético del siglo de oro español.

Un año después hizo su profesión simple. El 83 emitió sus votos y cambió de nombre, llamándose Juan María. Tenía 17 años y era dirigido por el padre Jacinto La Cámara bajo la protección de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, exótica advocación traída de Italia.

Ya dentro del plan general de estudios rindió sus pruebas de Latín, Aritmética y Geográfica, en 1.883 las de Lógica y Matemáticas, en 1.884 estudió Física y Metafísica y entre el 85 y el 87 Teología Dogmática y Moral, Sagrada Escritura, Derecho Canónico e Historia Eclesiástica. En 1.888 fue el único en examinarse en Sagrada Escritura y el 89 prosiguió con las doctrinas de Santo Tomás de Aquino.

En Mayo de 1.885 había figurado entre los organizadores del “Liceo de la Verdad” con un órgano de publicidad manuscrito intitulada “La estrella dominicana” que dirigía el iterato Belisario Peña; el 3 de septiembre hizo su profesión solemne y el 25 de Septiembre de 1.887 recibió el Subdiaconado de manos del Obispo de Ibarra Pedro González Calisto.

Siempre había sido persona de contextura delgada y de naturaleza delicada, propensa a las enfermedades. En 1.889 enfermó gravemente de debilidad pulmonar, permaneció tres meses en cama y libre de sus acostumbrado “régimen de austeridad que incluía ayunos, disciplinas y cilicios”; entonces, el Dr. Manuel Baca Murgueitio, recomendó que se traslade a Cuenca en busca de mejores climas y allí se ordenó de diácono el 13 de Julio de 1.890 y el 3 de Agosto recibió el orden sacerdotal de manos del Obispo Miguel León Garrido.

Afines de ese año fue prosíndico del convento y escribió con el Padre Reginaldo María Duranti una relación acerca de los progresos de la Tercera Orden en Cuenca y del fervor que despertaba el rosario de la aurora.

En 1.891 fue profesor de Lugares Teológicos y Matemáticas en el convento de Quito y era considerado un sacerdote modelo de observancia regular y de solvencia académica. En 1.892 residió tres meses en Macas con el padre Alberto María Delgado, en ejercicios espirituales con los indios de esa región. A su regreso a la capital fue Vicemaestro de estudiantes.

El viernes santo de 1.894 predicó en la Iglesia dominicana y en Mayo pasó a residir al convento de Latacunga con el cargo de Superior, mostrándose observante e irreprensible, popularizando el culto de Nuestra Señora del rosario de Pompeya; pero, ese año, se produjo la controversia de los dominicanos con el Canónigo González Suárez por la publicación del Tomo IV de su Historia donde se referían algunos escándalos domésticos de la orden en el Quito del siglo XVII, polémica que se tornó nacional, interviniendo periodistas y autoridades políticas y religiosas.

El Obispo de Portoviejo Pedro Schumacher y el Superior dominicano Reginaldo María Duranti se lanzaron contra González Suárez, quien tuvo que alejarse del ambiente de Quito para escribir un defensa que tituló “Memorias Intimas”; mientras el país presenciaba el triunfo de la revolución liberal en la batalla de Gatazo, el fin de los regímenes progresista y la entrada de Alfaro en Quito, anunciando que acabaría con el gobierno de la teocracia. La Santa Sede creyó prudente designar a González Suárez para el Obispado de Ibarra y el Superior Duranti fue notificado por el Gobierno con una fuerte contribución que la Orden dominicana no pudo cubrir, sufriendo el embargo de una hacienda en Cayambe.
Manuel J. Calle editó su folleto “Los Dominicanos Italianos en la república del Corazón de Jesús”, acusación frontal por los malos manejos económicos de dichos padres, que tuvieron que salir en su mayor parte del país para no regresar jamás.

La Orden empezó a quedar sin dirigente y quiza por ello, el 5 de marzo de 1.897, el Padre Magalli firmó el nombramiento de Vicario Provincial a favor de Riera, que se hallaba en Latacunga y viajó urgentemente a Quito, donde recibió al Visitador General, padre Segundo Fernández, que llegaba de Chile.

En 1.897 fundó la revista mensual “La Corona de María” con los padres Alfonso Jerves y Ceslao Moreno, fue lector de Sagradas Escrituras y Latín y comenzó a transcribir el libro autobiográfico de Sor Catalina de Jesús Herrera, encontrado por el Padre Francisco de las Planes en el Convento de Santa Catalina de Siena de Quito. Con este fin escribió un resumen titulado “Secretos entre el Alma y Dios”, añadiendo notas explicativas con citas de Santo Tomás y de las experiencias similares de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa.

En 1.898 fue lector de Teología Moral. El 99 Vicemaestro de Novicios, Promaestro de estudiantes, Lector de Moral y de Derecho Canónico, director de la Tercera Orden, confesor de las monjas de Santa Catalina y Secretario del Consejo conventual. En 1.900 fue electo Definidor del Capítulo dominicano; ya había escrito un opúsculo titulado “Principios generales de Teología Mística y extracto sistemático de las Sentencias de San Juan de la Cruz” y un texto para sus alumnos sobre “Principios generales de Teología Mística” deducidos de la teología tomística. Esos trabajos reflejan erudición y piedad y un peligroso alejamiento de la problemática nacional y mundial.

En 1.902 fue electo Provincial dominicano en reemplazo de Fray Enrique Vacas Galindo, dirigió numerosas misivas en Latín a los miembros de su orden y en compañía del hermano Antonio Avecillas realizó un viaje de un mes por los pueblos de la Misión dominicana del oriente.
En 1.904 viajó a Roma con el padre Tomas Racines, interviniendo en el Capítulo General de la Orden. Pío X les dio la bendición, de regreso fundó en Quito el “Comité del rosario” bajo la presidencia de Manuel Jijón Larrea. En 1.906 González Suárez ascendió al Arzobispado y se registraron incidentes con el Gobierno de Alfaro.

Riera fue reelecto Provincial y presentó su trabajo sobre Catalina de Jesús. Entonces ocurrió el enojoso asunto de la entrega de los conventillos de Ibarra, Latacunga y Loja que exigiera el Arzobispo para dedicarlos a escuelas y colegios y aunque primeramente Riera se opuso, después defendió el principio de autoridad y hasta se enfrentó al dominicano Vicente María Caicedo, Prior en Loja, de suerte que obtuvo la gratitud de González Suárez que lo presentó para ocupar el Obispado de Portoviejo, vacante desde la huida de Monseñor Pedro Shumacher en 1.894.

En 1.907 presidió las honras fúnebres del general Ignacio de Veintemilla en la Catedral de Quito.
En Febrero de 1.908 llegó el Breve Pontificio a Quito y el 3 de Mayo fue solemnemente preconizado en la Catedral, sellándose de tal suerte las paces, entre el Arzobispo historiador y la Orden dominicana, a los 14 años del escándalo de la publicación del Tomo IV de la Historia del Ecuador; pero el Ministro de Cultos, Amalio Puga Bustamante, manifestó que la Diócesis manabita había sido suprimida por el Congreso en 1.902 y que, en consecuencia su nombramiento no tenía ningún valor; Riera protestó como Obispo y se ordenó su enjuiciamiento penal por “haber usurpado el título de Obispo de la Diócesis de Portoviejo”, quedando prácticamente confinado en Quito e impedido de viajar a Manabí.

I pasaron 2 años hasta que en Diciembre de 1.910 fue comisionado por el Arzobispo para realizar una visita pastoral a Guayaquil cuya sede estaba vacante desde 1.894. Poco después, González Suárez, decidido a solucionar el impase con el gobierno, solicitó la designación de Riera para ese Obispado y Pío X firmó el 1°. de Enero de 1.912 el Decreto, encargándole, además, de la Administración Apostólica de Manabí. En 17 Junio entró en el puerto y el 23 tomó la posesión canónica, “cautivando por la suavidad de sus costumbres y la tranquilidad e inalterable serenidad de la almas virtuosas”; pero, la sede estaba empobrecida por el largo abandono en que había permanecido y Dolores Irrazabal de Peña tuvo que donar un edificio para residencia del Obispo, pues este no tenía donde habitar. Ignacio Robles, que había dirigido la comisión de recepción, conformó una Colecta pública y su sobrina política Angela Carbo Macías de Aspiazu hizo de tesorera y se encargó de proveer las siguientes mensualidades a fin de conservar al Obispo con un mínimo de decoro, dada sus altas funciones. (1)

En octubre comenzó la bubónica y fiebre amarilla, muchos eran atacados y morían. El 8 de diciembre, mientras Riera celebraba de pontificial la misa de la Virgen, comenzó a sentirse mal y tuvo que ser llevado a Palacio, donde le subió la temperatura a 40 grados. Le había
(1) Josefa Macías y Triviño, cuñada de Robles y tía de la señora de Aspiazu, había casado sucesivamente con dos tíos de Monseñor Riera llamados Juan Bautista y Benjamín Moscoso Suárez.
comenzado la fiebre amarilla que casi acabó con su vida, salvando milagrosamente por los cuidados del Dr. Luis Felipe Cornejo Gómez, pero quedó tan delicado del corazón y los riñones, que se les hincharon las rodillas y solo podía moverse con muletas. Su médico le aconsejó viajar a Posorja y someterse a una estricta dieta de pescado y legumbres, sin carnes ni sal.

De regreso a Guayaquil solemnizó los festejos de la Semana Santa de 1.913. El 1°. de Junio comenzó visitar la aparroquias rurales y salió en defensa de la propiedad de la Orden dominicana, amenazada por la Municipalidad y la Junta Municipal de Beneficencia de Guayaquil, que le habían arrebatado el cerro contiguo al convento, so pretexto de ciertas edificaciones. Riera buscó en el archivo dominicano, encontró el título y con él pudo hacer una venta al Dr. Alfredo Valenzuela, pero no consiguió la devolución de los restantes terrenos que se habían dividido la Municipalidad y la Beneficencia, como ya se dijo.

En 1.914 intervino en la pugna de González Suárez con el padre dominicano Jacinto Palacios acerca del cambio de rostro de la imagen de la Virgen del Rosario; su aclaración se publicó en Quito y el padre Palacios fue asignado a un convento fuera de la capital. En ese incidente, como siempre, Riera formó filas con González Suárez. También inició la devoción de San Vicente Ferrer en el pueblo guayaquileño, bendijo la imagen nueva y presidió su solemne Novena en santo Domingo.

En Junio de 1.915 viajó a Riobamba a visitar a su amigo el Obsipo Andrés Machado pero no resistió la altura, le faltó aire, sentía palpitaciones, de regreso guardó cama en Noviembre aquejando de una tuberculosis declarada. Monseñor Machado le vino a pagar la visita y se quedó cuidándole. Su lecho de enfermo era atendido por numerosos facultativos y el sábado 20 de Noviembre, después de recibir la visita de Machado, murió sin muestras de agonía, a las 10 y 5 de la mañana, considerado y tenido como un santo varón de Dios. Tenía solamente 49 años de edad y menos de 3 como Obispo de Guayaquil.
Placa en las Reliquias de Juan María Riera Moscoso
El 22 se celebraron la solemnes exequias. José Félix Rousilhe pronunció la Oración Fúnebre y fue enterrado en la cripta de la Catedral.

Como religioso fue modelo de observación; amaba el retiro, el silencio y la oración. Fue un asceta de ascendrada religiosidad, “llama de amor en medio de la tormenta”.

Blanco pálido, ojos negros, suaves maneras, baja estatura, delgado y hasta magro de carnes; su causa de beatificación se encuentra en trámite, iniciada por orden de Monseñor Bernardino Echeverría Ruiz que decidió que la Diócesis de Guayaquil merecía contar con un Obispo en camino a los altares.
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La causa de beatificación del prelado compatriota se encuentra en el Vaticano desde hace 21 años; sus restos se conservan en la Catedral Metropolitana, donde su memoria privada la veneran cada 3 de agosto y los 3 de cada mes.

viernes, 5 de agosto de 2016

Novena a Santa Mariana de Jesús Paredes y Flores

NOVENA A SANTA MARIANA DE JESÚS PAREDES Y FLORES
De pie, delante de la imagen de Santa Mariana de Jesús deParedes y Flores, levantaré por algunos momentos mi vista alcielo, imaginando  que veo  su purísima  alma bañada  de loscelestiales resplandores que refleja en ella el cordero de Dios,y  luego  me  persignaré y   con todo   el  fervor  posible  haré  elsiguiente acto de contrición.

ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, crucificado por mi amor, que no quieresla   muerte   del   pecador   sino   que   se   convierta   a   ti   y   viva  laverdadera vida de gracia; ten misericordia y perdóname por tusagrado corazón, manantial de bondad y mansedumbre,   lasinnumerables culpas que he cometido hasta el presente; queyo las detesto de corazón, todas en general, cada una de ellasen particular, y proponga, auxiliado por tu divina gracia, antesmorir que pecar. AMÉN.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dulcísimo Jesús mío, que, como nos apacentas entre las azucenas, pusiste los ojos desde la eternidad en la fragantísima azucena de Quito, y luego de que le diste el ser, lapreviniste con todas las bendiciones de dulzura que sueles derramar sobre las almas en las que has de poner tu trono. Heme aquí postrado entre las sagradas aras, implorando tu divina misericordia por los méritos de tu fiel sierva y amantísimaesposa Mariana. Dame Señor, que por la perfecta imitación de sus heroicas virtudes, sea yo buen olor tuyo en todo lugar, paraque en todas partes sea glorificado por mi tu santo nombre. AMÉN.

(Se hace la oración del dia y luego, Rezar 3 padrenuestros, 3ave marías y un gloria)

DIA PRIMERO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que apreciando justamente el don inestimable de la Fe que recibiste en el santo bautismo. No solo procuraste acrecentarla en ti desde la infancia, instruyéndote con solidez en sus divinos misterios y verdades, y conformando todas tus obras con las creencias católicas, sinoque, con un aliento muy superior a tu sexo,  intestaste a los diez años salir de tu casa, con otras niñas, a darte a conocer a los infieles, y derramar hasta la última gota de sangre en demanda; intercede por mí en este día con tu celestial esposo, cuya mayor gloria anhelaste toda la vida, y alcanzándome de su divina clemencia que avive tanto mi Fe, que no me avergüence de confesarla de palabra y por obra, ni tema, comoel mismo Señor que me enseña, a los que matan el cuerpo, mas no pueden matar el alma, sino a Dios, que pueden arrojarme en cuerpo y alma al infierno; para que no rehusando perder por el la vida temporal, logre alcanzar la vida eterna. AMÉN

DÍA SEGUNDO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que confiada en la suma bondad y poder infinito de tu divino Esposo, jamás desmayaste en los contratiempos y disgustos de tu vida, ni en las enfermedades, corporales y tribulaciones del espíritu, ni en las contradicciones de los hombres, antes bien, esperando contra toda esperanza, arrastraste animosa todas las dificultades de lavida perfecta en siglo y en el seno mismo de tu familia, apoyada en el poderoso brazo de Jesús, que te confortaba; alcánzame, amadísima santa mía, de su Divina Majestad, copiosa gracia para llenar de tal modo los deberes de mi estado, que viniendo en el mundo no sea del mundo, sino de mi redentor Jesucristo. AMÉN.

DÍA TERCERO
Bienaventurada   Mariana   de   Jesús,   cuyas   obras   palabras   ypensamientos, desde el libre uso de la razón, hasta tu últimoaliento, fueron animados de la caridad de Dios, que el EspírituSanto derrama en nuestros corazones, y que rebosó tanto en eltuyo   que   inflamabas  en   el   amor  divino   con  tus   discursos  yejemplos   a   cuantos   tratabas   o   hablabas,   ruega   fervorosavirgen,   en   este   día,   a   tu   amantísimo   y   amadísimo   esposoJesucristo, que  arroje  en mi  helado   corazón,  aquel  sagradofuego que vino a prender en la tierra, deseoso de que ardieratoda en tu amor, para que mis potencias y sentidos se ocupensolamente en servirle y amarle durante esta vida, para mereceramarle y gozarle después por todos los siglos. AMÉN.

DÍA CUARTO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que le diste a Dios el honory  culto   que  le  debemos   como   nuestro   Creador  y   Redentor,manifestando en la modestia y compostura exterior, con queasistías diariamente a Misa y en la profunda humildad con querecibías   el   pan   de   los   ángeles,   que   estabas   firmementepersuadida de la infinita Majestad y grandeza de Dios, y de lapequeñez   y   bajeza   del   hombre,   admitido   por   la   divinamisericordia   a   tan   sacrosantos   misterios:   Impétrame   de   tuamado y amante Esposo la virtud de la religión, para que en eltemplo y  en  mi  casa, y  en todo  lugar  y  tiempo,  te  alabe  yglorifique, como debo hacerlo, con el corazón y con los labios. y te   adore en espíritu  y verdad,  como conviene a  adorarle.AMÉN.

DÍA QUINTO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que no fuiste menos dócil y puntual en poner prácticas las lecciones que te dieron sucesivamente tus directores sobre la oración, que en seguir la inspiración del Espíritu Santo, que desde los primeros años te condujo a la soledad y retiro para hablarte allí al corazón: alcánzame santa mía, de tu divino esposo Jesús, la misma humildad y docilidad, para que practicando fielmente los consejos y avisos de mi padre espiritual, viva ajeno de ilusiones, y llegue por fin al grado de oración en que me quiere su divina Majestad. AMÉN.

DÍA SEXTO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que desde tu mismo nacimiento empezaste por divina inspiración los ayunos, que después aumentaste e hiciste más rigorosos en el discurso de tu vida, juntando con ellos la mortificación de los sentidos, y cubriéndote de pies a cabeza de asperísimos cilicios para que ninguno de tus inocentes miembros descansara hasta el sepulcro: Meréceme, Santa Mía por tu asombrosas penitencias la gracia de traer siempre en mi cuerpo la mortificación de tu amadísimo esposo Jesús , para que manifestándose en mi cuerpo la vida pasible de Jesús, sea glorificado con el mismo Jesús por los siglos de los siglos. AMÉN

DÍA SEPTIMO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que no logrando consagrando enteramente a Dios en el claustro, como anhelabas, hiciste dentro de las paredes domésticas vida religiosa, guardando allí con la mayor escrupulosidad y perfección los tres votos que la constituyen, de pobreza, castidad y obediencia, con que por divina inspiración quisiste ligarte perpetuamente: suplica, virgen candorosa, a tu dulcísimo esposo Jesús, que por entrega total de ti misma y de todos tus vienes le hiciste en la primavera de tu vida, y por la fidelidad con que guardaste tus santos votos hasta la muerte, me otorgue la gracia que necesito para servirle con la perfección propia del estado en que ha puesto su divina providencia. AMÉN.

DÍA OCTAVO
Bienaventurada Mariana de Jesús, devotísima y relajadísima hija de la Santísima Virgen, a quien veneraste y obsequiaste como madre de Dios y de los hombres, celebrando de mil modos sus inefables misterios, y tomándola desde la infancia por modelo y dechado de todas tus acciones: alcánzame de nuestro Señor Jesucristo la cordialísima devoción que profesaste constantemente a su Madre Santísima, y en especial que la honre, venere y ame en el ministerio de su concepción inmaculada, declarado ya de fe, como la obsequiabas, reverenciabas y amabas tú por siglos antes de tu definición dogmática. AMÉN.

DÍA NOVENO

Bienaventurada Mariana de Jesús, candidísima y fragantísima azucena de la ciudad de Quito, que a los singulares y heroicos ejemplos que nos diste en el cortísimo espacio de veintiséis años que duró tu preciosa existencia, y que hemos consideradoen el discurso de esta Novena, con igual admiración que confusión nuestra, añadiste el de la mayor caridad que puede tenerse, de dar tu propia vida por tus amigos, los habitantes de Quito, afligidos sobremanera por los terribles azotes de la pestey terremotos: alcánzanos de tu divino Esposo que no nos castigue más con semejantes plagas, y que después de practicar en salud todo género de virtudes, muramos todos abrasados de la doble caridad de Dios y del prójimo, merecer estar a tu lado en el paraíso celestial. AMÉN.


Novena a Santa Narcisa de Jesús Martillo Morán

Oración Preparatoria
Señor mío Jesucristo, que dijiste: “pidan y recibirán; busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá” Vengo a tus pies implorando la gracia que ardientemente anhela mi corazón. Pero reconociendo mi indignidad, pongo por intercesora en mi favor a tu fiel sierva Santa Narcisa, dedicando en su honor y para tu gloria esta novena.
Se reza la invocación de cada día.
Invocaciones
1
Celestial protectora mía, Santa Narcisa de Jesús, tu vida fue un ardiente deseo de perfección cristiana, por eso te suplico que enciendas en mi alma un vivo anhelo de santidad, y me alcances la gracia particular, que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

2
Gloriosa Santa Narcisa de Jesús, que pasaste por el mundo sin aficionarte a sus vanidades. Ya que te mueve a compasión mi vida absorbida  por lo material, alcánzame del Señor la perfecta renuncia y negación de mi mismo, junto con la gracia particular que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

3
Amorosa Santa Narcisa de Jesús, que viviste imflamada en el amor a Jesucristo. Alcánzame una chispa del fuego que abrasó tu corazón, junto con la gracia particular que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

4
Ángel de caridad, Santa Narcisa de Jesús, que cruzaste por este mundo enseñando con tus ejemplos el verdadero amor al prójimo. Ten compasión de mi egoísmo y alcánzame la verdadera caridad, junto con la gracia que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

5
Violeta perfumada, que en tu profundísima humildad quisiste pasar olvidada y escondida entre los tuyos. Compadécete de mi orgullo y amor propio, y alcánzame la verdadera humildad, junto con la gracia particular que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

6
Esforzada Santa Narcisa de Jesús, que tanto apreciaste negar tu voluntad para seguir las inspiraciones del Señor. Alcánzame vencer la rebeldía de mi débil voluntad, y la gracia particular que te ruego en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

7
Lirio de pureza, que cruzaste por este mundosin ser manchada por el lodo de la impureza. Contémplame sin aliento para vencer mis tentaciones e inclinaciones desordenadas, y no me nieguex el auxilio de tu protección, junto con la gracia particular que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

8
Heroica Santa Narcisa de Jesús, que cifraste  tu felicidad en ofrecerte como víctima  de expiración por los pecados de tu pueblo. Compadécete de mi poca virtud y alcánzame del Señor el perdón de mis pecados, juntamente con la gracia que ahora te imploro.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


9
Alma prudente, que llena por el amor divino te refugiabas siempre a la sombra del Altísimo, alejándote de los peligros que acechaban tu virtud. Defiéndeme con tu eficaz intercesión y alcánzame el triunfo en las tentaciones, junto con la gracia particular que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.