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miércoles, 26 de julio de 2017

Novena de Navidad, por Fernando de Jesús Larrea

Novena de Navidad
por Fernando de Jesús Larrea

NOVENA PARA EL AGUINALDO

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les dísteis en vuestro hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén. (Se reza tres veces Gloria al Padre)

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VÍRGEN
Soberana María que por vuestras grandes virtudes y especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por madre suya, os suplico que vos misma preparéis y dispongáis mi alma y la de todos los que en este tiempo hiciesen esta novena, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado hijo. ¡Oh dulcísima madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y divina ternura con que lo aguardasteis vos, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén. (Se reza tres veces el Avemaría)

ORACIÓN A SAN JOSÉ
¡Oh santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan soberanos misterios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervoroso deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén. (Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria)


ORACIÓN NIÑO JESÚS
Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado". Llenos de confianza en vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos por los méritos infinitos de vuestra infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto. Nos entregamos a vos, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no que dará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.
CONSIDERACIÓN DÍA 1
En el principio de los tiempos el Verbo reposaba en el seno de su Padre en lo más alto de los cielos; allí era la causa, a la par que el modelo de toda la creación. En esas profundidades de una incalculable eternidad permanecía el Niño de Belén antes de que se dignara bajar a la Tierra y tomara visiblemente posesión de la gruta de Belén. Allí es donde debemos buscar sus principios que jamás han comenzando; de allí debemos datar la genealogía de lo eterno, que no tiene antepasados y contemplar la vida de complacencia infinita que allí llevaba.

La vida del Verbo eterno en el seno de su Padre era una vida maravillosa y sin embargo, ¡misterio sublime!, busca otra morada, una mansión creada. No era porque en su mansión eterna faltase algo a su infinita felicidad, sino porque su misericordia infinita anhelaba la redención y la salvación del género humano, que sin Él no podría verificarse. El pecado de Adán había ofendido a Dios y esa ofensa infinita no podía ser condonada sino por los méritos del mismo Dios. La raza de Adán había desobedecido y merecido un castigo eterno; era pues necesario para salvarla y satisfacer su culpa, que Dios, sin dejar el cielo, tomase la forma del hombre sobre la Tierra y con la obediencia a los designios de su Padre expiase aquella desobediencia, ingratitud y rebeldía. Era necesario, en las miras de su amor, que tomase la forma, las debilidades e ignorancias sistemáticas del hombre; que creciese para darle crecimiento espiritual; que sufriese, para enseñarle a morir a sus pasiones y a su orgullo. Y por eso el Verbo eterno, ardiendo en deseos de salvar al hombre, resolvió hacerse hombre también y así redimir al culpable.

CONSIDERACIÓN DÍA 2
El verbo eterno se halla a punto de tomar su naturaleza creada en la santa casa de Nazaret, en donde moraban María y José. Cuando la sombra del decreto divino vino a deslizarse sobre ella, María estaba sola y engolfada en la oración. Pasaba las silenciosas horas de la noche en la unión más estrecha con Dios; y mientras oraba, el Verbo tomó posesión de su morada creada. Sin embargo, no llegó inopinadamente: antes de presentarse envió a un mensajero, que fue Arcángel San Gabriel para pedir a María de parte de Dios su consentimiento para la encarnación. El creador no quiso efectuar ese gran misterio sin la aquiescencia de su criatura.

Aquel momento fue muy solemne: era potestativo en María rehusar... Con qué adorables delicias, con qué inefable complacencia aguardaría la Santísima Trinidad a que María abriese los labios y pronunciase el "sí" que debió ser suave melodía para sus oídos, y con el cual se conformaba su profunda humildad a la omnipotente voluntad divina. La Virgen Inmaculada ha dado su asentimiento. El arcángel ha desaparecidos. Dios se ha revestido de una naturaleza creada; la voluntad eterna está cumplida y la creación completa. En las regiones del mundo angélico estalla el júbilo inmenso, pero la Virgen María ni le oía ni le hubiese prestado atención a él. Tenía inclinada la cabeza y su alma estaba sumida en el silencio que se asemejaba al de Dios. El Verbo se había hecho carne, y aunque todavía invisible para el mundo, habitaba ya entre los hombres que su inmenso amor había venido a rescatar. No era ya sólo el Verbo eterno; era el Niño Jesús revestido de la apariencia humana, y justificando ya el elogio que de Él han hecho todas las generaciones en llamarle el más hermoso de los hijos de los hombres.

CONSIDERACIÓN DÍA 3
Así había comenzado su vida encarnada el Niño Jesús. Consideremos el alma gloriosa y el santo cuerpo que había tomado, adorándolos profundamente. Admirado en el primer lugar en el alma de ese Divino Niño, considerarnos en ella la plenitud de su gracia santificadora; la de su ciencia beatífica, por lo cual desde el primer momento de su vida vio la divina esencia más claramente que todo los ángeles y leyó lo pasado y lo por venir con todos sus arcanos conocimientos. No supo por adquisición nada que no supiese por infusión desde el primer momento de su ser; pero Él adoptó todas las enfermedades de nuestra naturaleza a que dignamente podía someterse, aun cuando no fuese necesario para la grande obra que debía cumplir. Pidámosle que sus divinas facultades suplan la debilidad de las nuestras y les den nueva energía; que su memoria nos enseñe a recordar sus beneficios, su entendimiento a pensar en Él, su voluntad a no hacer sino lo que Él quiere y en servicio suyo.

Del alma del Niño Jesús pasemos ahora a su cuerpo, que era un mundo de maravillas, una obra maestra de la mano de Dios. No era, como el nuestro, una traba para el alma; era, por el contrario, un nuevo elemento de santidad. Quiso que fuese pequeño y débil como el de los niños, y sujeto a todas las incomodidades de la infancia, para asemejarse más a nosotros y participar de nuestras humillaciones. El Espíritu Santo formó ese cuerpecillo divino con tal delicadeza y tal capacidad de sentir, que pudiese sufrir el exceso para cumplir la grande obre de nuestra redención. La belleza de ese cuerpo divino fue superior a cuanto divino fue superior a cuanto se ha imaginado jamás; la divina sangre que por sus venas empezó a circular desde el momento de la encarnación es la que lava todas las manchas del mundo culpable. Pidámosle que lave las nuestra en el sacramento de la penitencia, para que el día de su Navidad nos encuentre purificados, perdonados y dispuestos a recibirle con amor y provecho espiritual.

CONSIDERACIÓN DÍA 4
Desde el seno de su madre comenzó el Niño Jesús a poner en práctica su entera sumisión a Dios, que continuó sin la menor interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, le amaba, se sometía a su voluntad, aceptaba con resignación el estado en que se hallaba conociendo toda su debilidad, toda su humillación, todas sus incomodidades. ¿Quién de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante con el pleno goce de la razón y de la reflexión?, ¿quién pudiera sostener a sabiendas un martirio tan prolongado, tan penoso de todas maneras?. Por ahí entró el Divino Niño en su dolorosa y humilde carrera; así empezó a anonadarse delante de su Padre, a enseñarnos lo que Dios merece por parte de su criatura, a expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados, y hacemos sentir toda la criminalidad y desórdenes del orgullo.

Deseamos hacer una verdadera oración; empecemos por formarnos de ella una exacta idea contemplando al Niño en el seno de su madre, El Divino Niño ora y ora del modo más excelente. No habla, no medita ni se deshace en tiernos afectos. Su mismo estado, aceptado con la intención de honrar a Dios, es su oración y ese estado expresa altamente todo lo que Dios merece y de qué modo quiere ser adorado por nosotros.

Unámonos a las oraciones del Niño Dios en el seno de María; unámonos al profundo abatimiento y sea este el primer afecto de nuestro sacrificio a Dios. Démonos a Dios, no para ser algo como lo pretende continuamente nuestra vanidad, sino para ser nada, para quedar eternamente consumidos y anonadados, para renunciar a la estimulación de nosotros mismos, a todo cuidado de nuestra grandeza aunque sea espiritual, a todo movimiento de vanagloria. Desaparezcamos a nuestros propios ojos y que Dios sólo sea todo para nosotros.

CONSIDERACIÓN DÍA 5
Ya hemos visto la vida que llevaba el Niño Jesús en el seno de su purísima Madre; veamos hoy toda la vida que llevaba también María durante el mismo espacio de tiempo. Necesidad hoy de que no tengamos en ella si queremos comprender, en cuanto es posible a nuestra limitada capacidad, los sublimes misterios de la encarnación y e l modo como hemos de corresponder a ellos.

María no cesaba de aspirar por el momento en que gozaría de esa visión beatifica terrestre; la faz de Dios encarnado. Estaba a punto de ver aquella faz humana que debía iluminar el cielo durante toda la eternidad, Iba a leer el amor filial en aquellos mismos ojos cuyos rayos deberían esparcir para siempre la felicidad en millones de elegidos. Iba a ver aquel rostro todos los días, a todas horas, cada instante, durante muchos años. Iba a verle en la ignorancia aparente de la infancia, en los encantos particulares de la juventud y en la serenidad reflexiva de la edad madura... Haría todo lo que quisiese de aquella faz divina; podría estrecharla contra la suya con toda la libertad del amor materno; cubrir de besos los labios que deberían pronunciar la sentencia a todos los hombres; contemplarla a su gusto durante su sueño o despierta, hasta que la hubiese aprendido de memoria...¡cuán ardientemente deseaba ese día!.

Tal era la expectativa de María...era inaudita en sí misma, mas no por eso dejaba de ser el tipo magnífico de toda la vida cristiana. No nos contentemos con admirar a Jesús residiendo en María, sino por esencia, potencia y presencia.
Sí, Jesús nace continuamente en nosotros y de nosotros, por las buenas obras que nos hace capaces de cumplir y por nuestra cooperación a la gracia; de manera que el alma del que se halla en gracia es un seno perpetuo de María, un Belén interior sin fin. Después de la comunión Jesús habita en nosotros, durante algunos instantes, real y sustancialmente como Dios y como hombre, porque el mismo Niño que estaba en María está también en el Santísimo Sacramento. ¿Qué es todo esto sino una participación de la vida de María durante esos maravillosos meses, y una expectativa llena de delicias como la suya.

CONSIDERACIÓN DÍA 6
Jesús había sido concebido en Nazaret, domicilio de José y María, y allí era de creerse que había de nacer, según todas las probabilidades. Mas Dios lo tenía dispuesto de otra manera y los profetas habían anunciado que el mesías nacería en Belén de Judá, ciudad de David. Para que se cumpliese esa predicción, Dios se sirvió de un medio que no parecía tener ninguna relación con este objeto, a saber la orden dada por el emperador Augusto, que todos los súbditos del imperio romano se empadronasen en el lugar de donde eran originarios. María y José, como descendientes que eran de David, no estaban dispensados de ir a Belén. Ni la situación de la Virgen Santísima ni la necesidad en que estaba José del trabajo diario que les aseguraba la subsistencia, pudo eximirles de este largo y penoso viaje, en la estación más rigurosa e incómoda del año.

No ignora Jesús en que lugar debe nacer e inspira a sus padres que se entreguen a la Providencia, y que de esta manera concurran inconscientemente a la ejecución de los designios. Almas interiores, observad este manejo del Divino Niño, porque es el más importante de la vida espiritual; aprended que quien se haya entregado a Dios ya no ha de pertenecerse a sí mismo, ni ha de querer a cada instante sino lo que Dios quiera para él; siguiéndole ciegamente aun en las cosas exteriores, tales como el cambio de lugar donde quiera que le plazca conducirle. Ocasión tendréis de observar esta dependencia y fidelidad inviolable en toda la vida de Jesucristo, y este es el punto sobre el cual se han esmerado en imitarle los santos y las almas verdaderamente interiores, renunciando absolutamente a su propia voluntad.

CONSIDERACIÓN DÍA 7
Representémonos el viaje de María y José hacia Belén, llevando consigo, aún no nacido, al Creador del universo hecho hombre. Contemplemos la humanidad y la obediencia de este Divino Niño que aunque de raza judía y habiendo amado durante siglos a su pueblo con una predilección inexplicable, obedece así a un príncipe extranjero que forma el censo de población de su provincia, como si hubiese para El en esa circunstancia algo que le halagase, y quisiese apresurarse a aprovechar la ocasión de hacerse empadronar oficial y auténticamente como súbdito en el momento en el que venía al mundo. ¿No es extraño que la humillación, que causa tan invencible repugnancia a la criatura, parezca ser la única cosa creada que tenga atractivos para el Creador? ¿No nos enseñará la humildad de Jesús a amar esa hermosa virtud?.

¡Ah...!Que llegue el momento en que aparezca el deseado de las naciones, porque todo clama por este feliz acontecimiento, El mundo, sumido en la oscuridad y el malestar buscando y no encontrando el alivio de sus males, suspira por su Libertador. El anhelo de José, la expectativa de María, son cosa que no puede expresar el lenguaje humano. El Padre Eterno se halla, si es lícito emplear esta expresión adorablemente impaciente por dar a su Hijo único al mundo, y verle ocupar su puesto entre las criaturas visibles. El Espíritu Santo arde en deseos de presentar a la luz del día esta santa humanidad tan bella que El mismo ha formado con tan especial y divino esmero, En cuando al Divino Niño, objeto de tantos anhelos, recordemos que hacia nosotros avanza lo mimo que hacia Belén, Apresuremos con nuestro deseo el momento de su llegada; purifiquemos nuestras almas para que sean su mística morada, y nuestros corazones para que sean su mansión terrenal; que nuestros actos de mortificación desprendimiento "preparen los caminos del Señor y hagan rectos sus senderos".

CONSIDERACIÓN DÍA 8
Llegan a Belén José y María, buscando hospedaje en los mesones; pero no lo encuentran ya por hallarse todo ocupado, ya porque se les desechase a causa de su pobreza. Empero, puede turbar la paz interior de los que están fijos en Dios. Si José experimentaba sorpresa cuando era rechazado de casa en casa, porque pensaba en María y en el Niño, sonreíase también con tanta tranquilidad cuando fijaba sus miradas en su casta esposa. El niño aún no nacido regocijábase de aquellas negativas que eran el preludio de sus humillaciones venideras. Cada voz áspera, el nido de cada puerta que se cerraba ante ellos, era lo que había venido a buscar. El deseo de esas humillaciones era lo que había contribuido a hacerle tomar la forma humana.

¡Oh divino niño de Belén! Estos días que tantos han pasado en fiestas y diversiones o descansando muellemente en cómodas y ricas mansiones, han sido para vuestros padres un día de fatiga y vejaciones de toda clase. ¡Ay! El espíritu de Belén es el de un mundo que ha olvidado a Dios,. ¡Cuántas veces no ha sido también el nuestro¡ ¿No cerramos continuamente con ruda ignorancia la puerta a los llamamientos de Dios, que nos solicita convertirnos, o santificarnos o conformarnos con su voluntad? ¿No hacemos mal uso de nuestras penas, desconociendo su carácter celestial con que cada uno a su modo lo lleva grabado en si? Dios viene a nosotros muchas veces en la vida, pero no conocemos su faz, o le reconocemos hasta que nos vuelve la espalda y se aleja después de nuestra negativa.
Se pone el sol de 24 de diciembre detrás de los tejados de Belén y sus últimos rayos doran las cimas de las rocas escarpadas que lo rodean. Hombres groseros codean rudamente al Señor en las calles de aquella aldea oriental, y cierran sus puertas al ver a su madre, La bóveda de los cielos aparece purpurina por encima de aquellas colinas frecuentadas por los pastores. Las estrellas va apareciendo una tras otra. Algunas horas más y aparecerá el Verbo eterno.

CONSIDERACIÓN DÍA 9
La noche ha cerrado del todo en las campíñas de Belén. Desechados por los hombres, y viéndose sin abrigo, María y José han salido de la inhospitalaria población y se han refugiado en una gruta que se encontraba al pie de la colina. Seguía a la reina de los ángeles el jumento que le había servido de humilde cabalgadura durante el viaje, y en aquélla cueva hallaron un manso buey, dejado allí probablemente por alguno de los caminantes que habían ido a buscar hospedaje en la cuidad.

El Divino Niño, desconocido por sus criaturas racionales, va a tener que acudir a loas irracionales para que calienten con su tibio aliento la atmósfera helada de esa noche de invierno, y le manifiesten con esto y con su humilde actitud el respeto y la adoración que le había negado Belén., La rojiza linterna que José tiene en la mano ilumina tenuemente ese pobrísimo recinto, ese pesebre lleno de paja que es figura profética de las maravillas del altar, y de la íntima y prodigiosa unión eucarística que Jesús ha de contraer con los hombres. María está en oración en medio de la gruta, y así van pasando silenciosamente las horas de esa noche llena de misterio.

Pero ha llegado la medianoche, y de repente vemos dentro de ese pesebre, poco antes vacío, al divino Niño esperado, vaticinado, deseado durante cuatro mil años con inefable anhelo. A sus pies se postra su Santísima Madre, en los transportes de una adoración de la cual nada puede dar idea. José también se acerca y le rinde el homenaje con que inaugura su misterioso e imponderable oficio de padre adoptivo del Redentor de los hombres. La multitud de ángeles que desciende de los cielos a contemplar esa maravilla sin par , dejan estallar su alegría y hacen vibrar en los aires las armonías de ese Gloria in Excelsis que es el eco de la adoración que se produce en torno del Altísimo, hecha perceptible por un instante a los oídos de la pobre Tierra . Convocados por ellos, vienen en tropel los pastores de la comarca a adorar al recién nacido y presentarle sus humildes ofrendas. Ya brilla en oriente la misteriosa estrella de Jacob, y ya se pone en marcha hacia Belén la caravana espléndida de los Reyes Magos, que dentro de pocos días vendrán a depositar a los pies del Divino Niño el oro, el incienso, y la mirra, que son símbolos de la caridad, la adoración y la mortificación.

¡Oh adorado Niño! Nosotros también, los que hemos hecho esta novena para prepararnos al día de vuestra Navidad, queremos ofreceros nuestra pobre adoración. ¡No la rechacéis! ¡Ven a nuestras almas, venid a nuestros corazones llenos de amor! Encended en ellos la devoción a vuestra santa infancia, no intermitente y sólo circunscrita al tiempo de vuestra Navidad, sino siempre y en todos los tiempos; devoción que fielmente practicada y celosamente propagada, nos conduzca a la vida eterna, librándonos del pecado y sembrando nosotros todas las virtudes cristianas.
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(Ecuador, 1700-1773)

viernes, 5 de agosto de 2016

Novena a Santa Mariana de Jesús Paredes y Flores

NOVENA A SANTA MARIANA DE JESÚS PAREDES Y FLORES
De pie, delante de la imagen de Santa Mariana de Jesús deParedes y Flores, levantaré por algunos momentos mi vista alcielo, imaginando  que veo  su purísima  alma bañada  de loscelestiales resplandores que refleja en ella el cordero de Dios,y  luego  me  persignaré y   con todo   el  fervor  posible  haré  elsiguiente acto de contrición.

ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, crucificado por mi amor, que no quieresla   muerte   del   pecador   sino   que   se   convierta   a   ti   y   viva  laverdadera vida de gracia; ten misericordia y perdóname por tusagrado corazón, manantial de bondad y mansedumbre,   lasinnumerables culpas que he cometido hasta el presente; queyo las detesto de corazón, todas en general, cada una de ellasen particular, y proponga, auxiliado por tu divina gracia, antesmorir que pecar. AMÉN.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dulcísimo Jesús mío, que, como nos apacentas entre las azucenas, pusiste los ojos desde la eternidad en la fragantísima azucena de Quito, y luego de que le diste el ser, lapreviniste con todas las bendiciones de dulzura que sueles derramar sobre las almas en las que has de poner tu trono. Heme aquí postrado entre las sagradas aras, implorando tu divina misericordia por los méritos de tu fiel sierva y amantísimaesposa Mariana. Dame Señor, que por la perfecta imitación de sus heroicas virtudes, sea yo buen olor tuyo en todo lugar, paraque en todas partes sea glorificado por mi tu santo nombre. AMÉN.

(Se hace la oración del dia y luego, Rezar 3 padrenuestros, 3ave marías y un gloria)

DIA PRIMERO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que apreciando justamente el don inestimable de la Fe que recibiste en el santo bautismo. No solo procuraste acrecentarla en ti desde la infancia, instruyéndote con solidez en sus divinos misterios y verdades, y conformando todas tus obras con las creencias católicas, sinoque, con un aliento muy superior a tu sexo,  intestaste a los diez años salir de tu casa, con otras niñas, a darte a conocer a los infieles, y derramar hasta la última gota de sangre en demanda; intercede por mí en este día con tu celestial esposo, cuya mayor gloria anhelaste toda la vida, y alcanzándome de su divina clemencia que avive tanto mi Fe, que no me avergüence de confesarla de palabra y por obra, ni tema, comoel mismo Señor que me enseña, a los que matan el cuerpo, mas no pueden matar el alma, sino a Dios, que pueden arrojarme en cuerpo y alma al infierno; para que no rehusando perder por el la vida temporal, logre alcanzar la vida eterna. AMÉN

DÍA SEGUNDO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que confiada en la suma bondad y poder infinito de tu divino Esposo, jamás desmayaste en los contratiempos y disgustos de tu vida, ni en las enfermedades, corporales y tribulaciones del espíritu, ni en las contradicciones de los hombres, antes bien, esperando contra toda esperanza, arrastraste animosa todas las dificultades de lavida perfecta en siglo y en el seno mismo de tu familia, apoyada en el poderoso brazo de Jesús, que te confortaba; alcánzame, amadísima santa mía, de su Divina Majestad, copiosa gracia para llenar de tal modo los deberes de mi estado, que viniendo en el mundo no sea del mundo, sino de mi redentor Jesucristo. AMÉN.

DÍA TERCERO
Bienaventurada   Mariana   de   Jesús,   cuyas   obras   palabras   ypensamientos, desde el libre uso de la razón, hasta tu últimoaliento, fueron animados de la caridad de Dios, que el EspírituSanto derrama en nuestros corazones, y que rebosó tanto en eltuyo   que   inflamabas  en   el   amor  divino   con  tus   discursos  yejemplos   a   cuantos   tratabas   o   hablabas,   ruega   fervorosavirgen,   en   este   día,   a   tu   amantísimo   y   amadísimo   esposoJesucristo, que  arroje  en mi  helado   corazón,  aquel  sagradofuego que vino a prender en la tierra, deseoso de que ardieratoda en tu amor, para que mis potencias y sentidos se ocupensolamente en servirle y amarle durante esta vida, para mereceramarle y gozarle después por todos los siglos. AMÉN.

DÍA CUARTO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que le diste a Dios el honory  culto   que  le  debemos   como   nuestro   Creador  y   Redentor,manifestando en la modestia y compostura exterior, con queasistías diariamente a Misa y en la profunda humildad con querecibías   el   pan   de   los   ángeles,   que   estabas   firmementepersuadida de la infinita Majestad y grandeza de Dios, y de lapequeñez   y   bajeza   del   hombre,   admitido   por   la   divinamisericordia   a   tan   sacrosantos   misterios:   Impétrame   de   tuamado y amante Esposo la virtud de la religión, para que en eltemplo y  en  mi  casa, y  en todo  lugar  y  tiempo,  te  alabe  yglorifique, como debo hacerlo, con el corazón y con los labios. y te   adore en espíritu  y verdad,  como conviene a  adorarle.AMÉN.

DÍA QUINTO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que no fuiste menos dócil y puntual en poner prácticas las lecciones que te dieron sucesivamente tus directores sobre la oración, que en seguir la inspiración del Espíritu Santo, que desde los primeros años te condujo a la soledad y retiro para hablarte allí al corazón: alcánzame santa mía, de tu divino esposo Jesús, la misma humildad y docilidad, para que practicando fielmente los consejos y avisos de mi padre espiritual, viva ajeno de ilusiones, y llegue por fin al grado de oración en que me quiere su divina Majestad. AMÉN.

DÍA SEXTO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que desde tu mismo nacimiento empezaste por divina inspiración los ayunos, que después aumentaste e hiciste más rigorosos en el discurso de tu vida, juntando con ellos la mortificación de los sentidos, y cubriéndote de pies a cabeza de asperísimos cilicios para que ninguno de tus inocentes miembros descansara hasta el sepulcro: Meréceme, Santa Mía por tu asombrosas penitencias la gracia de traer siempre en mi cuerpo la mortificación de tu amadísimo esposo Jesús , para que manifestándose en mi cuerpo la vida pasible de Jesús, sea glorificado con el mismo Jesús por los siglos de los siglos. AMÉN

DÍA SEPTIMO
Bienaventurada Mariana de Jesús, que no logrando consagrando enteramente a Dios en el claustro, como anhelabas, hiciste dentro de las paredes domésticas vida religiosa, guardando allí con la mayor escrupulosidad y perfección los tres votos que la constituyen, de pobreza, castidad y obediencia, con que por divina inspiración quisiste ligarte perpetuamente: suplica, virgen candorosa, a tu dulcísimo esposo Jesús, que por entrega total de ti misma y de todos tus vienes le hiciste en la primavera de tu vida, y por la fidelidad con que guardaste tus santos votos hasta la muerte, me otorgue la gracia que necesito para servirle con la perfección propia del estado en que ha puesto su divina providencia. AMÉN.

DÍA OCTAVO
Bienaventurada Mariana de Jesús, devotísima y relajadísima hija de la Santísima Virgen, a quien veneraste y obsequiaste como madre de Dios y de los hombres, celebrando de mil modos sus inefables misterios, y tomándola desde la infancia por modelo y dechado de todas tus acciones: alcánzame de nuestro Señor Jesucristo la cordialísima devoción que profesaste constantemente a su Madre Santísima, y en especial que la honre, venere y ame en el ministerio de su concepción inmaculada, declarado ya de fe, como la obsequiabas, reverenciabas y amabas tú por siglos antes de tu definición dogmática. AMÉN.

DÍA NOVENO
Bienaventurada Mariana de Jesús, candidísima y fragantísima azucena de la ciudad de Quito, que a los singulares y heroicos ejemplos que nos diste en el cortísimo espacio de veintiséis años que duró tu preciosa existencia, y que hemos consideradoen el discurso de esta Novena, con igual admiración que confusión nuestra, añadiste el de la mayor caridad que puede tenerse, de dar tu propia vida por tus amigos, los habitantes de Quito, afligidos sobremanera por los terribles azotes de la pestey terremotos: alcánzanos de tu divino Esposo que no nos castigue más con semejantes plagas, y que después de practicar en salud todo género de virtudes, muramos todos abrasados de la doble caridad de Dios y del prójimo, merecer estar a tu lado en el paraíso celestial. AMÉN.


Novena a Santa Narcisa de Jesús Martillo Morán

Oración Preparatoria
Señor mío Jesucristo, que dijiste: “pidan y recibirán; busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá” Vengo a tus pies implorando la gracia que ardientemente anhela mi corazón. Pero reconociendo mi indignidad, pongo por intercesora en mi favor a tu fiel sierva Santa Narcisa, dedicando en su honor y para tu gloria esta novena.
Se reza la invocación de cada día.
Invocaciones
1
Celestial protectora mía, Santa Narcisa de Jesús, tu vida fue un ardiente deseo de perfección cristiana, por eso te suplico que enciendas en mi alma un vivo anhelo de santidad, y me alcances la gracia particular, que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

2
Gloriosa Santa Narcisa de Jesús, que pasaste por el mundo sin aficionarte a sus vanidades. Ya que te mueve a compasión mi vida absorbida  por lo material, alcánzame del Señor la perfecta renuncia y negación de mi mismo, junto con la gracia particular que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

3
Amorosa Santa Narcisa de Jesús, que viviste imflamada en el amor a Jesucristo. Alcánzame una chispa del fuego que abrasó tu corazón, junto con la gracia particular que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

4
Ángel de caridad, Santa Narcisa de Jesús, que cruzaste por este mundo enseñando con tus ejemplos el verdadero amor al prójimo. Ten compasión de mi egoísmo y alcánzame la verdadera caridad, junto con la gracia que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

5
Violeta perfumada, que en tu profundísima humildad quisiste pasar olvidada y escondida entre los tuyos. Compadécete de mi orgullo y amor propio, y alcánzame la verdadera humildad, junto con la gracia particular que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

6
Esforzada Santa Narcisa de Jesús, que tanto apreciaste negar tu voluntad para seguir las inspiraciones del Señor. Alcánzame vencer la rebeldía de mi débil voluntad, y la gracia particular que te ruego en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

7
Lirio de pureza, que cruzaste por este mundosin ser manchada por el lodo de la impureza. Contémplame sin aliento para vencer mis tentaciones e inclinaciones desordenadas, y no me nieguex el auxilio de tu protección, junto con la gracia particular que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

8
Heroica Santa Narcisa de Jesús, que cifraste  tu felicidad en ofrecerte como víctima  de expiración por los pecados de tu pueblo. Compadécete de mi poca virtud y alcánzame del Señor el perdón de mis pecados, juntamente con la gracia que ahora te imploro.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


9
Alma prudente, que llena por el amor divino te refugiabas siempre a la sombra del Altísimo, alejándote de los peligros que acechaban tu virtud. Defiéndeme con tu eficaz intercesión y alcánzame el triunfo en las tentaciones, junto con la gracia particular que imploro en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Novena a Santa María Bernarda Bütler

Novena a Santa María Bernarda Bütler

ORACIÓN INICIAL PARA TODOS LOS DÍAS

Oh amabilísimo Jesús, que en santa María Bernarda Bütler has cumplido la promesa de ensalzar al que se humilla, te suplicamos que, por su intercesión, se cumpla también a favor nuestro aquella otra promesa de tu Evangelio: "Pedid y recibiréis".

Concédenos las gracias que esperamos alcanzar, si ha de ser para tu mayor gloria y salvación de nuestras almas. Amén. (Se hace la petición)
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo... (tres veces).
Se reza la oración particular para cada día

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Oh Señor, que has elegido a santa María Bernarda Bütler para fundar en tu Iglesia una nueva familia religiosa, dedicada a imitar las virtudes del Seráfico Patriarca de Asís y consagrada a reparar y glorificar a tu Divino Corazón, concédenos que, imitando su humildad y confianza, crezcamos cada día en tu santo amor. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

DÍA PRIMERO¡Oh Jesús Sacramentado, Señor y Dios nuestro! Por el amor ardiente que abrazó el corazón de santa María Bernarda Bütler hacia la Sagrada Eucaristía, ofreciéndose como la humilde hostia expiatoria de tu Sagrado Corazón, alcánzanos la gracia de imitar su espíritu de reparación por los pecados del mundo, que nos lleve a evitar toda mancha de culpa y a reparar, cuanto más podamos, las ofensas que se infieren a tu Sagrado Corazón en este Sacramento de amor. Amén.

DÍA SEGUNDOBenignísimo y omnipotente Dios, por intercesión de santa María Bernarda Bütler, danos la gracia de mantener abierta nuestra alma a todas tus inspiraciones. Haznos vigilantes, humildes y callados a fin de que siempre nos aprovechemos de tu gracia. Da fuerza a los pecadores, para que se conviertan; a los desunidos, para que se reconcilien; a los tibios, para que se enfervoricen y a los buenos para que adelanten siempre más en el camino de la salvación. Amén.

DÍA TERCERO
¡Oh María, Reina y Madre nuestra! Muestra que eres Madre, hoy que nos encontramos agobiados por el sufrimiento. Ya que diste a santa María Bernarda Bütler fortaleza en el padecer, alcánzanos la gracia de ser escuchados por su intercesión en esta necesidad, si ha de ser para tu mayor gloria y el bien de nuestras almas. Concédenos la gracia de hacer en todo la voluntad de Dios. Amén.

DÍA CUARTO
Señor Jesús, hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Por intercesión de santa María Bernarda Bütler, enséñanos a decir en los momentos de padecimiento: "Señor, hágase tu voluntad y no la mía". Conserva la inocencia en los niños, la obediencia en la juventud, la prudencia en los padres y maestros y haz que en todos los actos de nuestra vida glorifiquemos tu santo nombre. Amén.

DÍA QUINTO
¡Oh Señor, que has infundido en santa María Bernarda Bütler una sincera veneración por los sacerdotes! Purifícalos y transfórmalos por tu gracia en verdaderos apóstoles de tu Corazón. Dales consuelo y fortaleza en las luchas del apostolado y haz que cada día crezcan más y más en tu santo amor. Amén.

DÍA SEXTO
¡Oh Dios misericordioso y justo! por intercesión de santa María Bernarda Bütler, infunde en nuestra alma una sincera compasión por las benditas almas del purgatorio, de las que ella fue intercesora durante su vida. Concédenos la gracia de reconocer cuan dolorosamente padecen en ese lugar de tormentos y acepta nuestros sacrificios, unidos a la intercesión de santa María Bernarda Bütler, para consolar a las almas más abandonadas. Amén.

DÍA SÉPTIMO
¡Oh Jesús, manso y humilde de corazón! Por el amor con el cual santa María Bernarda Bütler practicó la virtud de la humildad, haciéndose pequeña a los ojos de los hombres, enséñanos a apreciar el mérito de esta virtud y alcánzanos la gracia de aceptar las dificultades y perdonar de todo corazón a aquellos que nos han ofendido. Amén.

DÍA OCTAVO
Oh Jesús, que has hecho de santa María Bernarda Bütler un ejemplo de abnegación, de pobreza y de castidad, humildemente suplicamos nos alcances, por su intercesión, la gracia de imitar estas virtudes en seguimiento tuyo, abrazándonos cada día a la cruz de la mortificación y de la penitencia, para llevar dignamente el nombre de cristianos y gozar un día de la felicidad de tu compañía en el cielo. Amén.


DÍA NOVENO¡Oh Santísima Trinidad! Te adoramos, alabamos y damos gracias por todos los favores y dones con los cuales favoreciste a santa María Bernarda Bütler. Dígnate, según te lo suplicamos, manifestar por su intercesión la grandeza de tu amor y misericordia. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
BENDICIÓN DE SANTA MARÍA BERNARDA

El Señor te unja y te sature
con el óleo de su gracia,
enjugue tus lágrimas,
mitigue tus penas,
te fortifique en las angustias,
y Él, como altísimo y santísimo Dios y
misericordiosísimo Padre de los cielos,
te haga crecer en confianza,
te de abundancia de paz en el corazón
y te haga triunfar sobre todos los poderes del
mal. Amén.
 
ORACIÓN DE LA MADRE MARIA BERNARDA BÜTLER

Te bendecimos, Señor, porque has elegido a  Santa María Bernarda Bütler para hacer presente tu amor misericordioso y cooperar en la expansión de tu Reino.
Concédenos las gracias que por su intercesión te pedimos y haz que su ejemplo nos ayude a vivir la bondad y el amor de tu divino corazón en el servicio a los hermanos.
Afirma Señor en nosotros la fe, la esperanza y la caridad. Amén.