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miércoles, 26 de julio de 2017

Fray Fernando de Jesús Larrea y Dávalos, Misionero Franciscano

Fray Fernando de Jesús Larrea y Dávalos, Misionero Franciscano
1700 - Noviembre 3, 1773

(Quito, 1700 - Santiago de Cali, 3 de noviembre de 1773) fue un padre y misionero franciscano. En la actualidad es recordado como el autor original de la novena de aguinaldos que se reza en Colombia, Ecuador y Venezuela en los días previos a la Navidad.

Fernando de Jesús fue hijo de Juan Dionisio de Larrea Zurbano Marique de Lara y Camberas y María Tomasa Dávalos y Larraspuru.
Su padre fue caballero de la Orden de Calatrava y oidor de las Reales Audiencias de Santafé y de Quito.

Familia y ordenación
A los 16 años Fernando de Jesús ingresó al convento de la Recolección de San Diego de Quito, de la Orden Franciscana. En 1725 fue ordenado sacerdote de la misma orden.

Actividad misionera
En 1732, para las fiestas de la Virgen del Quinche en Quito, Larrea inició su carrera como predicador de misiones populares. Su carrera misionera se desarrolló principalmente entre 1742 y 1770 en el Valle del Cauca, Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima.

En 1739 llega a Popayán a evitalizar el convento de misiones que transformare en el Colegio de Propaganda Fide.

En 1757 funda el Colegio de Misiones de San Joaquín de Cali, hoy conocido como el Convento de San Francisco. Allí murió en 1773 y en este convento reposan sus restos.
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Misionero franciscano, autor místico y lingüista ecuatoriano (Quito, 1700 - Cali, noviembre 3 de 1773). Estrechamente vinculado a Colombia, donde fundó dos colegios de misiones, uno en Popayán y el otro en Cali, la memoria de fray Fernando de Jesús Larrea sobrevive al tiempo a través de la célebre Novena de Aguinaldos, de la cual es autor, y que se repite en las navidades colombianas.

Hijo del licenciado Juan Dionisio de Larrea Zurbano, caballero de la Orden de Calatravá y oidor de las Reales Audiencias de Santafé de Bogotá y de Quito, y de doña Tomasa Dávalos, quiteña, fray Fernando de Jesús vistió el hábito franciscano en el convento de la Recolección de San Diego de Quito, a los 16 años.

Ordenado sacerdote en 1725, fue dedicado a la enseñanza de la filosofía y de la teología. Su carrera de predicador de misiones populares la inauguró en 1732, con ocasión de las fiestas de Quito en honor de la Virgen del Quinche.
Llegó a Popayán en 1739 para revitalizar el convento de misiones que allí había, dedicándose con tal empeño, que vino a transformarlo en el famoso Colegio de Propaganda Fide de la ciudad, que lo considera como su auténtico fundador.

En 1742 se dedicó a predicar en misiones populares en el Valle del Cauca, Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima; pero su obra más importante fue la fundación del Colegio de Misiones de San Joaquín de Cali, en 1757, el cual aún pervive como convento de San Francisco, con las dos iglesias a él anexas y su torre mudéjar.

Además de incansable predicador por todos los rincones de Colombia, fray Fernando de Jesús tuvo el carisma de la dirección espiritual, contándose entre sus dirigidas la célebre doña Clemencia Caicedo, fundadora del monasterio y colegio de La Enseñanza en Bogotá, en 1766.

La prodigiosa actividad misionera de fray Fernando se prolongó casi hasta el año de 1770; su muerte se produjo en el convento de San Joaquín de Cali, en 1773, y allí reposan sus venerables restos. Su Novena de Aguinaldos, que aún se recita en Colombia con las numerosas variaciones que se le han hecho a lo largo de dos siglos, fue reimpresa en su edición original en diciembre de 1987, por el Instituto Caro y Cuervo.

Manuel Jiménez de la Espada se inclina a creer que el padre Larrea también es autor del Vocabulario de la lengua general de los indios del Putumayo y Caquetá. Los Viajes misioneros del P. Larrea, publicado en 1948 por el historiador caleño Alfonso Zawadski, constituyen una narración autobiográfica de las andanzas misioneras de su autor.
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Bibliografía
Mantilla, Luis Carlos. Cali y su convento de San Francisco. Bogotá, 1985.
NOVENA PARA EL AGUINALDO
por Fernando de Jesús Larrea

martes, 18 de julio de 2017

Fray Jodoco Ricke y Marselaer, Religioso Franciscano

Fray Jodoco Ricke y Marselaer, Religioso Franciscano
Octubre 29, 1498 - Agosto 2, 1575

Jodoco Ricke (o Rique) fue un religioso franciscano, erudito y artista de origen flamenco que destacó como fundador y pionero de la Escuela Quiteña de arte. Construyó el Convento e iglesia de San Francisco, creó la Escuela de Artes y Oficios San Andrés, sembró por primera vez el trigo en Sudamérica, trabajó para llevar el agua corriente a la ciudad de Quito, y fue abogado y defensor de los indios naturales de la región que hoy ocupa la capital del Ecuador.

Nació en la ciudad de Malinas (actual Bélgica), el 29 de octubre de 1498. Fue hijo de Joco Ricke y Joan Marselaer, quienes le brindaron una buena educación y acceso a una formación integral digna de su privilegiada posición social. Provino de 2 familias de la nobleza Brabanzona. Se dice que el joven Jodoco se desenvolvía en el mismo círculo del futuro Carlos V, de quien era amigo de confianza.

Se unió a la comunidad franciscana de su ciudad natal, donde hizo un año de noviciado. En 1516 se trasladó a Gante para hacer el sacerdocio, mismo que concluyó en 1525 para continuar con sus estudios en derecho civil y canónico, matemáticas, arquitectura y anatomía.En 1536 viajó a la ciudad francesa de Tolousse para asistir a la Congregación General de la Orden, en donde fue escogido con otros once clérigos para una labor evangelizadora en América. A fines de ese mismo año se entrevistó en el Castillo de la Mota, en Medina del Campo, con Isabel de Portugal, mujer del rey y emperador Carlos I de España y V de Alemania, que le dio el pase a México.

Se embarcó rumbo a las Indias en noviembre de 1533, como parte de la expedición de Pedro de Alvarado. Durante el viaje conoció a otros dos religiosos franciscanos también de origen flamenco: Juan de Clerk Van Hove y Pedro Gosseal, con quienes después de una travesía por México y Nicaragua llegaría a Perú. En diciembre de 1535 llegó a Quito, exactamente un año después de la fundación de la Villa de San Francisco de Quito que posteriormente se la elevó a título de ciudad.


Labor en Quito
El 25 de enero de 1536 culmina junto a otros frailes la construcción de una pequeña capilla de adobe y paja en el lugar donde se dice había estado un importante asentamiento Inca. Anteriormente se presumía que en este lugar se asentó el Palacio Real del Inca Atahualpa, pero últimas investigaciones arqueológicas descartaron esta hipótesis. La capilla temporal construida por Fray Jodoco fue dedicada al nombre de "Capilla de la Conversión de San Pablo", por haberla culminado el día 25 de enero, día en que la Iglesia Católica celebra éste hecho trascendental.

En las tierras que fueron asignadas a los franciscanos enseñó a varios indios a cultivar hortalizas y para 1539 ya lo hacía con bueyes, arado y carretas que acababan de llegar de España. En 1547, habiendo aprendido el quichua escribía sus sermones en dicho idioma y hasta compuso un Catecismo y varias oraciones para los indios. Entonces intercedió ante Carlos V para que protegiera a un hijo de Huayna Cápac, dos de Atahualpa y a las hermanas de este último, a quienes había acogido en el convento. Uno de ellos fue bautizado con el nombre de "Francisco Atahualpa" y el cual recibió educación y restitución de sus honores como hijo del último de los Incas del Tahuantinsuyo. Los restos de Francisco Atahualpa descansan al interior del convento franciscano.

En 1551 inició la construcción de la monumental iglesia de San Francisco en el mismo lugar que antes había ocupado la primitiva capilla franciscana de la Conversión de San Pablo. Junto a Fray Pedro Gosseal fundó en 1552 la primera escuela de enseñanza formal para los hijos de los españoles y de oficios para los mestizos e indígenas; la Escuela de Artes y Oficios "San Juan Evangelista" que posteriormente fue llamado de San Andrés, obtuvo patronazgo real en 1559, es decir que era considerado una institución de carácter regio y recibía ayuda económica de la corona. De ahí la modificación de su nombre que fue en homenaje y reconocimiento a su principal benefactor, el Virrey Andrés Hurtado de Mendoza.

A Jodoco Ricke se le atribuye el haber llevado las primeras semillas de trigo a las tierras del actual Ecuador. Como parte de su cátedra de arte fue uno de los principales impulsores de lo que más tarde seria conocido como Escuela Quiteña, y él mismo decoró con algunas de sus obras las paredes del templo de San Francisco.

Viaje a Popayán
En 1569 fue electo guardián del convento franciscano de Popayán, que encontró a media construcción y una vez más se puso al frente de la obra. En 1572 fue reelegido en el cargo y recorrió las tierras de los indios Chocoes. Noanamas y Cirambiraes, esforzándose por conocer sus lenguas.

Muerte
Falleció en Popayán el 2 de agosto de 1575, con 76 años de edad.
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Fuente: es.wikipedia.org


Religioso franciscano nacido en Malinas, Bélgica, en el año 1499, hijo de Jodoco Ricke y de Juana Marzelaire.

Estudió en el convento de Gante, y luego de completar sus estudios religiosos fue enviado por sus superiores a América para desarrollar su labor de evangelización.

Llegó integrando la expedición de conquista que en 1534 organizó Pedro de Alvarado, estuvo presente en la fundación de San Francisco de Quito, y más tarde, junto a Benalcázar, el 6 de diciembre del mismo año asistió al asentamiento definitivo de la hoy ciudad de Quito.
Gracias a su cercano parentesco con Carlos V, Rey de España, empleó todas sus influencias y prestigio para desarrollar una efectiva e incansable labor en beneficio de la recién establecida ciudad y de todos los pueblos aledaños.

El 25 de enero de 1535, junto a Pedro Gosseal y Pedro Rodeñas -frailes como él- inició la construcción del convento y templo de San Francisco, en el que estableció también la primera escuela, y al año siguiente sembró las primeras semillas de trigo que había traído consigo-, enseñando a los aborígenes su utilidad y su cultivo, al tiempo que promovía y mostraba las técnicas para cultivar utilizando el arado con bueyes.

En 1555, el colegio franciscano fundado por él tres años antes fue convertido en el Colegio de San Andrés: Escuela elemental de artes y oficios destinada a dar educación a los hijos de los españoles y a los indios, con el propósito de que aprendan a leer y a escribir en el idioma castellano. Puesto bajo su dirección, fray Jodoco se empeñó en impulsar su desarrollo estableciendo en ella la primera escuela de bellas artes de esta parte de América.
A la avanzada edad de 76 años, Fray Jodoco Ricke murió en Quito, en el año de 1575.

Fray Jodoco enseñó a los indios a arar con bueyes, a construir yugos, arados y carretas, les enseñó la manera de contar en cifras de guarismos y castellano, enseñó a los indios a leer y a escribir...

Como era astrólogo debió de alcanzar cómo había de ir en aumento aquella provincia y previniendo a tiempos advenideros, y que habían de ser menester los oficios que supiesen: Enseñó a los indios todos los géneros de oficios, los que aprendieron muy bien, y con los que sirve a poca costa y barato toda aquella tierra, sin tener necesidad de oficiales españoles... y hasta a ser muy perfectos pintores y escultores y apuntadores de libros; que pone gran admiración la habilidad que tienen y perfección en las obras que de sus manos hacen que parece tuvo este fraile espíritu profético... debe ser tenido por inventor de las buenas artes en aquellas provincias».
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Marcelino de Civezza

jueves, 13 de julio de 2017

Fray José María Aguirre Moreno

Fray José María Aguirre Moreno
Diciembre 21, 1851 - Febrero 13, 1919

ORADOR.- Nació en la población de El Valle, cercana a Cuenca el 21 de Diciembre de 1.851 y le bautizaron con los nombres de Miguel Tomás Vicente. Sus primeros años los pasó bajo la protección de su tía Francisca Moreno. Muy Joven cursó Humanidades Latinas en el Colegio Seminario apasionándose por la Filosofía y los idiomas al punto que aprendió francés con la ayuda de un Diccionario.

En 1.869 entró a la recién creada Facultad de Jurisprudencia, formó parte de la Sociedad de la Esperanza, colaboró en su órgano "La Aurora" y al terminar la carrera rápidamente y con brillantez, se sintió atraído por la vocación religiosa y viajó el 71 a Quito, pidiendo su ingreso en el templo franciscano y se le vió desde entonces en los claustros, pero su salud se resintió con la estrictes de la regla y los superiores le aconsejaron que no continuara. Matriculado en la escuela Politécnica de los sabios jesuitas alemanes tampoco persistió, pues su vocación era humanística y no científica, aunque tenía la inteligencia abstracta.

Su amigo, el Obispo de Cuenca, Remigio Estévez de Toral, que conocía su talento, le invitó a abrazar el estado sacerdotal y concedió el diaconado en 1.872, año en que se trasladó a Chile para lograr el Doctorado en Teología y Derecho Canónico, que finalmente alcanzó el 76, recibiendo el Presbiterado y finalmente el Sacerdocio en la iglesia de Santa Clara de Vitoria el 8 de Octubre, de manos del Obispo de La Serena, José Manuel Orrego, quien le solicitó con insistencia que se quedara en Santiago a ejercer su ministerio, propuesta que le formuló en varias ocasiones, pero Aguirre no aceptó.

En 1.879, nuevamente en Cuenca, su figura delgada y como recortada por el ascetismo, pronto se hizo popular. Nicanor Aguilar, entonces solamente estudiante, le recordaría años después con la siguiente frase: Sacerdote inolvidable el Dr. Miguel Aguirre, los de mi generación teníamos conocimientos que él existía... Llegaba tras muchos años de extrañamiento y enrolóse para el magisterio... Con que respetuosa y amable curiosidad contemplábamos al joven sacerdote que pasaría apenas de los treinta años. Su fisonomía aguileña y devota solo inspiraba atención y miramientos.

Nada igualaba la amenidad de su trato y el atrayente aticismo de su insuperable gracia, tan inofensiva como cautivadora. Desde el principio las asignaturas que dictaba correspondían a su fama: Filosofía racional y Sagrado dogma, en el Colegio Seminario. Mas, el renombre del catedrático sin igual, llenando los espacios de la gallarda y amplia escuela, llegaba hasta los niños minoristas y supimos que en su método insuperable la doctrina que exponía en cada clase se le ocupaba en escasa media hora y después le era imposible al estudiante, por talentoso que fuese, el aventurar objeción alguna que no estuviese resuelta de antemano en la exposición del luminoso maestro.

Director espiritual del único y notable Colegio de señoritas que funcionaba en esta ciudad, el de los Sagrados Corazones, desde 1.877. El recuerdo de su catequesis, de sus lecciones y su celo perdura sobre el tiempo. En ese mismo plantel y entre la juventud masculina preparaba y dirigía con exquisito gusto literario, los actos que tanto lustre procuraron a las clases estudiosas. En faenas, así útiles, espirituales y cultas, empleaba la mayor parte de su tiempo y se atraía irresistiblemente el profundo aprecio de la sociedad. La predicación del señor Aguirre en época de tanta fé y entusiasmo religioso, constituía en Cuenca la admiración del pueblo. Cuando se anunciaban sus sermones rebosaba la multitud el templo; pues, apto para todas las disciplinas de la inteligencia, el cumplido sacerdote, singularmente lo fue, para la santa predicación.

En Cuenca llegó a ocupar el Vicerrectorado del Colegio Seminario y si llamaba la atención por la eficacia en el método y la amplitud de conocimientos que diestramente transmitía a sus discípulo, mayor admiración despertaba su manera de conducirse y el modo ejemplar que observaba en las practicas del culto, aunque lo más importante de su persona era, como ya se dijo, las dotes oratorias.

El Sermón más recordado, de los que predicó con admiración de todas las clases sociales, fue el de la Octava del Santísimo Sacramento, en la catedral, el 16 de Junio de 1.884, sobre Jesucristo, el pobre del tabernáculo. Por eso, a la sola noticia de que iba a predicar, las gentes acudían en tropel y ponían suma atención, profundo silencio, interrumpido solo por sollozos y lágrimas. Y sintiéndose Aguirre objeto de la expectación, y no queriendo provocar escándalo salió poco menos que escondido y pasó nuevamente al convento franciscano de Quito como simple lego; él, que tenía títulos doctorales y gran mundo por sus viajes y cátedras.

Entre el 85 y el 86 hizo el Noviciado en San Diego y el 29 de Noviembre adoptó el nuevo nombre de José María con promesa de ejercitar invariablemente la humildad, pobreza y castidad.

En 1.888 escribió un artículo necrológico con motivo del XIII aniversario de la muerte de García Moreno, publicado en 26 pags. en la Imprenta del Clero y predicó en San Francisco. Pronto fue considerado el primer orador sagrado de la capital y aunque no poseía las dotes histriónicas que tanto habían distinguido al agustino Manuel Salcedo,tenido por el mayor orador sagrado de su siglo y con quien se le comparaba de continuo, en cambio era más profundo, más conocedor de la doctrina y poseía una sensibilidad casi musical cuando hablaba, que igualmente atraía las multitudes.

Un testigo de la época le ha descrito así: En la tribuna sagrada su figura tornábase imponente: alta, cenceña, algo inclinada hacia tierra como rendida al peso de la modestia, retrataba la tranquilidad interior en el ademán reposado y en la armoniosa ternura de su voz. No clavaba la mirada en el auditorio pero lo dominaba con el peso de la humildad, pues muchos quedaban cautivos de esos ojos bajos que parecían entrecerrados por constantes vigilias y que los rescataban los lentes cuya armadura descansaba en la corva nariz. Tan buenas disposiciones le habían abierto el camino a la cátedra de Religión en la Universidad Central y de la Historia Eclesiástica, Escritura Sagrada, Teología Dogmática y Moral, Literatura y Filosofía de su comunidad.

Sus sermones eran reproducidos en Quito y Cuenca a través de las revistas de "'El Sagrado Corazón de Jesús" y "El reinado eucarístico del Sagrado Corazón de Jesús", en el periódico "El Pueblo" y en la imprenta del Clero, por eso gozaba de gran aceptación, pero su pensamiento encasquillado en una ortodoxia ya superada en Europa y los Estados Unidos excepto en España por supuesto - de ideas basadas en el gobierno teocrático y absolutista de García Moreno, le daba una tónica de ultra derecha.

El 10 de Agosto de 1.893 pronunció un célebre discurso con motivo del 84 aniversario de la Independencia nacional, editado en 19 pags. en la Imprenta Clero.

A principios de 1.895, al iniciarse las montoneras liberales en la costa en protesta contra el negociado de la venta de la bandera, cometió el error de tomar partido y como Guardián del Convento de San Francisco organizó frecuentes procesiones por las calles con solemnes rogativas. El 30 de Junio, sabedor que la revolución había triunfado en Guayaquil, realizó la mayor de ellas con la participación del Arzobispo Pedro Rafael González Calisto y las demás comunidades religiosas y aprovechó la ocasión para explicar desde la cátedra sagrada que "Satanás, salido del infierno o algún emisario suyo de las logias - en clara alusión al ex Presidente Antonio Flores Jijón – había dividido al único partido Católico de la República, el Conservador (terrorista o garciano) fraccionándolo con el Progresismo.... Prendida la tea de la discordia se acercan el demonio y sus secuaces y cantan y bailan al fulgor del incendio..! Brillante ejército de mártires, venid y enseñad a este pueblo cómo se derrama la sangre para defender la fe. Antonio de Padua, hermano mío, martillo de los herejes, ven a destruirlos! El pueblo, absorto y embobaliconado, respondía Amen.

El 20 de Julio, al arribar a Quito el terrible Obispo de Manabí Pedro Schumacher y el batallón Cuarto de Línea al mando del Coronel Ricardo Cornejo, tras una aparatosa retirada huyendo de las guerrillas liberales de Manabí y Esmeraldas unidas, estuvo entre los que conformaron la comisión de recepción y el Obispo ingresó entre el Nuncio y el Arzobispo, guirnaldas y arcos. El 7 de Agosto Alfaro triunfó en Gatazo y el 4 de Septiembre entró victorioso en Quito.

Angustiado por sus anteriores imprudencias, Aguirre emprendió el voluntario camino del ostracismo y fue a parar al Convento franciscano de Cali donde se mantuvo siete años, que no fueron del todo desaprovechados pues le sirvieron para emprender dos viajes a Lima y dos a Europa, donde también se hizo conocido por sus notables facultades admirando a los auditorios más selectos y cultos de varias capitales

En 1.902 regresó a Quito tras acogerse al Decreto de Amnistía del Presidente Leonidas Plaza. Manso y humilde volvió al convento franciscano. Habían pasado los tiempos de las cruzadas, existía otra visión, recién comenzaba el siglo XX pero ya la gente no se ocupaba de la cátedra sagrada ni esos oradores tenían alguna importancia. Su fama ya no volvió a ser lo mismo, pues la modernidad es enemiga del dogma.

De allí en adelante y fiel a su ministerio, volvió a ocupar la cátedra sagrada pero discretamente. En 1.903, al crearse en Roma la Comisaría General de la Orden Franciscana en el Ecuador, le fue concedida tal dignidad, que ocupó por muchos años porque los padres Dionisio Schuler y Pacífico Monza, Ministros Generales de la Seráfica Orden en Roma, le tenían en elevadísimo concepto.

En 1.910 pronunció una célebre Alocución patriótica con motivo de la bendición de la bandera del Batallón No. 7 que marcharía a la provincia de El Oro durante la movilización nacional. El 17 fue designado Visitador General de la Provincia franciscana en el Perú, comisión delicadísima que ejecutó con inteligencia y sagacidad.

Murió en el convento quiteño el 13 de Febrero de 1.919 de solo 67 años de edad, a causa de una congestión pulmonar, pues siempre había sido de contextura más bien delicada. El Partido Conservador dictó un encomiástico Acuerdo en su memoria y el 14 de Marzo se celebraron sus exequias en el templo de Santo Domingo de Cuenca. Nicanor Aguilar tomó la palabra.

En 1.924, gracias a la munificencia de Jacinto Jijón y Caamaño se editaron en Quito sus "Obras Oratorias" en tres volúmenes de 456,512 y 515 págs. de suerte que a través de ellas se puede establecer su pensamiento, que dedicó casi por entero a asuntos religiosos y dogmáticos, aunque por ser orador de mérito no es lo mismo leerlo hoy en día, que escucharlo, como cuando atraía las masas a los templos donde iba a predicar.
Fuente: diccionariobiograficoecuador.com

martes, 2 de agosto de 2016

Beata María de la Caridad del Espíritu Santo Brader, Fundadora

Beata María de la Caridad del Espíritu Santo Brader, Fundadora
Febrero 27

Virgen y Fundadora de la Congregación de Franciscanas Hijas de María Inmaculada

Martirologio Romano: En la ciudad de Pasto, en Colombia, beata María de la Caridad del Espíritu Santo (Carolina) Brader, virgen, que supo conjugar admirablemente la vida contemplativa con la actividad misionera y, para promover la formación cristiana, fundó las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada (1943)

Fecha de beatificación: 23 de marzo de 2003 por el Papa Juan Pablo II

Caridad Brader, hija de Joseph Sebastián Brader y de María Carolina Zahner, nació el 14 de agosto de 1860 en Kaltbrunn, St. Gallen (Suiza). Fue bautizada al día siguiente con el nombre de María Josefa Carolina.

Dotada de una inteligencia poco común y guiada por las sendas del saber y la virtud por una madre tierna y solícita, la pequeña Carolina moldeaba su corazón mediante una sólida formación cristiana, un intenso amor a Jesucristo y una tierna devoción a la Virgen María.

Conocedora del talento y aptitudes de su hija, su madre procuró darle una esmerada educación. En la escuela de Kaltbrunn hizo, con gran aprovechamiento, los estudios de la enseñanza primaria; y en el instituto de María Hilf de Altstätten, dirigido por una comunidad de religiosas de la Tercera Orden Regular de san Francisco, los de enseñanza media.

Cuando el mundo se abría ante ella atrayéndola con todos sus halagos, la voz de Cristo empezó a hacer eco en su corazón y decidió abrazar la vida consagrada. Esta elección de vida, como era previsible, provocó en primera instancia la oposición de su madre, dado que ésta era viuda y Carolina su única hija.

El 1 de octubre de 1880 ingresó en el convento franciscano de clausura «María Hilf», en Altstätten, que regentaba un colegio como servicio necesario a la Iglesia católica de Suiza.

El primero de marzo de 1881 vistió el hábito de Franciscana, recibiendo el nombre de María Caridad del Amor del Espíritu Santo. El 22 de agosto del siguiente año emitió los votos religiosos. Dada su preparación pedagógica, fue destinada a la enseñanza en el colegio adosado al monasterio.

Abierta la posibilidad para que las religiosas de clausura pudieran dejar el monasterio y colaborar en la extensión del Reino de Dios, los obispos misioneros, a finales del siglo XIX, se acercaron a los conventos en busca de monjas dispuestas a trabajar en los territorios de misión.

Monseñor Pedro Schumacher, celoso misionero de san Vicente de Paúl y Obispo de Portoviejo (Ecuador) escribió una carta a las religiosas de María Hilf, pidiendo voluntarias para trabajar como misioneras en su diócesis.

Las religiosas respondieron con entusiasmo a esta invitación. Una de las más entusiastas para marchar a las misiones era la Madre Caridad Brader. La Santa María Bernarda Bütler, superiora del convento que encabezará el grupo de las seis misioneras, la eligió entre las voluntarias diciendo: «A la fundación misionera va la madre Caridad, generosa en sumo grado, que no retrocede ante ningún sacrificio y, con su extraordinario don de gentes y su pedagogía podrá prestar a la misión grandes servicios».

El 19 de junio de 1888 la Madre Caridad y sus compañeras emprendieron el viaje hacia Chone, Ecuador.


En 1893, después de duro trabajo en Chone y de haber catequizado a innumerables grupos de niños, la Madre Caridad fue destinada para una fundación en Túquerres, Colombia.

Allí desplegó su ardor misionero: amaba a los indígenas y no escatimaba esfuerzo alguno para llegar hasta ellos, desafiando las embravecidas olas del océano, las intrincadas selvas y el frío intenso de los páramos. Su celo no conocía descanso. Le preocupaban sobre todo los más pobres, los marginados, los que no conocían todavía el evangelio.

Ante la urgente necesidad de encontrar más misioneras para tan vasto campo de apostolado, apoyada por el padre alemán Reinaldo Herbrand, fundó en 1894 la Congregación de Franciscanas de María Inmaculada. La Congregación se surtió al inicio de jóvenes suizas que, llevadas por el celo misionero, seguían el ejemplo de la Madre Caridad. A ellas se unieron pronto las vocaciones autóctonas, sobre todo de Colombia, que engrosaron las filas de la naciente Congregación y se extendieron por varios países.

La Madre Caridad, en su actividad apostólica, supo compaginar muy bien la contemplación y la acción. Exhortaba a sus hijas a una preparación académica eficiente pero «sin que se apague el espíritu de la santa oración y devoción». «No olviden —les decía— que cuanto más instrucción y capacidad tenga la educadora, tanto más podrá hacer a favor de la santa religión y gloria de Dios, sobre todo cuando la virtud va por delante del saber. Cuanto más intensa y visible es la actividad externa, más profunda y fervorosa debe ser la vida interior».

Encauzó su apostolado principalmente hacia la educación, sobre todo en ambientes pobres y marginados. Las fundaciones se sucedían donde quiera que la necesidad lo requería. Cuando se trataba de cubrir una necesidad o de sembrar la semilla de la Buena Nueva, no existían para ella fronteras ni obstáculo alguno.

Alma eucarística por excelencia, halló en Jesús Sacramentado los valores espirituales que dieron calor y sentido a su vida. Llevada por ese amor a Jesús Eucaristía, puso todo su empeño en obtener el privilegio de la Adoración Perpetua diurna y nocturna, que dejó como el patrimonio más estimado a su comunidad, junto con el amor y veneración a los sacerdotes como ministro de Dios.

Amante de la vida interior, vivía en continua presencia de Dios. Por eso veía en todos los acontecimientos su mano providente y misericordiosa y exhortaba a los demás a «Ver en todo la permisión de Dios, y por amor a Él, cumplir gustosamente su voluntad». De ahí su lema: «Él lo quiere», que fue el programa de su vida.

Como superiora general, fue la guía espiritual de su Congregación desde 1893 hasta el 1919 y de 1928 hasta el 1940, año en el que manifestó, en forma irrevocable, su decisión de no aceptar una nueva reelección. A la superiora general elegida le prometió filial obediencia y veneración. En 1933 tuvo la alegría de recibir la aprobación pontificia de su Congregación.

A los 82 años de vida, presintiendo su muerte, exhortaba a sus hijas: «Me voy; no dejen las buenas obras que tiene entre manos la Congregación, la limosna y mucha caridad con los pobres, grandísima caridad entre las Hermanas, la adhesión a los obispos y sacerdotes».

El 27 de febrero de 1943, sin que se sospechara que era el último día de su vida, dijo a la enfermera: «Jesús, ...Me muero». Fueron las últimas palabras con las que entregó su alma al Señor.

Apenas se divulgó la noticia de su fallecimiento, comenzó a pasar ante sus restos mortales una interminable procesión de devotos que pedían reliquias y se encomendaban a su intercesión.

Los funerales tuvieron lugar el 2 de marzo de 1943, con la asistencia de autoridades eclesiásticas y civiles y de una gran multitud de fieles, que decían: «ha muerto una santa».

Después de su muerte, su tumba ha sido meta constante de devotos que la invocan en sus necesidades.

Las virtudes que practicó se conjugan admirablemente con las características que su Santidad Juan Pablo II destaca en su Encíclica «Redemptoris Missio» y que deben identificar al auténtico misionero. Entre ellas, como decía Jesús a sus apóstoles: «la pobreza, la mansedumbre y la aceptación de los sufrimientos».

La Madre Caridad practicó la pobreza según el espíritu de san Francisco y mantuvo durante toda la vida un desprendimiento total. Como misionera en Chone, experimentó el consuelo de sentirse auténticamente pobre, al nivel de la gente que había ido a instruir y evangelizar. Entre los valores evangélicos que como fundadora se esforzó por mantener en la Congregación, la pobreza ocupaba un lugar destacado.

La aceptación de los sufrimientos, según el Papa, son un distintivo del verdadero misionero. !Qué bien encontramos realizado este aspecto en la vida espiritual de la Madre Caridad! Su vida se deslizó día tras día bajo la austera sombra de la cruz. El sufrimiento fue su inseparable compañero y lo soportó con admirable paciencia hasta la muerte.

Otro aspecto de la vida misionera que destaca el Papa es la alegría interior que nace de la fe. También la Madre Caridad vivió intensamente esa alegría en medio de su vida austera. Era alegre de ánimo y quería que todas su hijas estuvieran contentas y confiaran en el Señor.

Estas y muchas otras virtudes fueron reconocidas por la Congregación de las Causas de los Santos y aprobadas como primer paso para llegar a la Beatificación.

Se diría que Dios ha querido ratificar la santidad de la Madre Caridad con un admirable milagro concedido por su intercesión en favor de la niña Johana Mercedes Melo Díaz. Una encefalitis aguda había producido un daño cerebral que le impedía el habla y la deambulación. Al término de una novena que hizo su madre con fe viva y profunda devoción, la niña pronunció las primeras palabras llamando a su madre y comenzó a caminar espontáneamente, adquiriendo en poco tiempo la normalidad. Ella estubo presente para agradecer a la Madre Caridad en la solemne Beatificación realizada por S.S. Juan Pablo II el 23 de Marzo de 2003.
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Fuente: Vatican.va

Santa María Bernarda Bütler, Fundadora

Santa María Bernarda Bütler, Fundadora
Mayo 19

Fundadora de las Misioneras de María Auxiliadora

Martirologio Romano: En Cartagena de Nueva Granada, en Colombia, beata María Bernarda  (Verena) Bütler, virgen, la cual, nacida en Suiza, fundó la Congregación de las Hermanas Misioneras Franciscanas de María Auxiliadora

Etimología: Bernarda = Aquella que es una guerrera, es de origen germánico.
Etimología: María = la amada por Dios, es de origen hebreo

María Bernarda, fundadora de las Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora, nació en Suiza y murió en Cartagena de Indias (Colombia). Siendo ya religiosa franciscana en su patria, marchó a Ecuador para desarrollar su vocación misionera, y luego pasó a Colombia. 


Dimensiones principales de su vida fueron la intensa oración, el apostolado, el servicio a los enfermos y desamparados, y la dirección de la Congregación en que se convirtió lo que en principio iba a ser una casa filial del monasterio suizo. El 29 de octubre de 1995, Juan Pablo II la beatificó. junto a otras dos hijas espirituales de san Francisco: María Teresa Sherer (16 de junio) y Margarita Bays (27 de junio).


María Bernarda (de nombre de pila: Verena) nació y fue bautizada en Auw (cantón de Argovia, Suiza) el día 28 de mayo de 1848. Era la cuarta hija de Enrique y de Catalina Bütler, campesinos humildes y católicos practicantes.

Al concluir la enseñanza escolar básica, se dedicó a los quehaceres domésticos y al trabajo en el campo. En plena juventud ingresó en una casa de religiosas. Al sentir que Dios no la llamaba a vivir en aquel lugar, regresó a la casa paterna, donde, entregada al trabajo, a la oración y al apostolado, continuó alimentando su vocación hasta que, el día 12 de noviembre de 1867, a los 19 años de edad, ingresó en el monasterio franciscano de María Auxiliadora, en Altstätten (Suiza). El 4 de mayo de 1868 vistió el hábito franciscano, tomando el nombre religioso de María Bernarda del Sagrado Corazón de María. Hizo la profesión religiosa el 4 de octubre de 1869.

Destacaba por su profunda virtud y sus cualidades humanas; por ello, no tardó en ser nombrada maestra de novicias y, más tarde, superiora, servicio que prestó hasta su partida para las misiones.

Cuando Mons. Pedro Schumacher, obispo de Portoviejo (Ecuador), escribió relatando el total abandono en que vivía la gente de aquellas tierras y ofreciendo su diócesis como campo misionero, María Bernarda tuvo el convencimiento de que aquella invitación era una clara llamada de Dios a anunciar el Evangelio y a fundar una casa filial del monasterio de Altstätten en tierras ecuatorianas. Tras vencer la resistencia inicial de las autoridades eclesiásticas y obtener el permiso pontificio para dejar el monasterio, el 19 de junio de 1888, se dirigió, con seis compañeras, a Le Havre, Francia, donde embarcaron las siete rumbo a Ecuador.

Aquel paso, concebido sólo como el inicio de la fundación de una filial misionera del monasterio suizo, fue, de hecho, el inicio de un proceso que convirtió a María Bernarda en fundadora de un nuevo instituto, la congregación de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora.

Cuando llegaron a Ecuador, el obispo asignó a las siete religiosas la población de Chone, lugar difícil y espiritualmente abandonado, que contaba con unos 13.000 habitantes. Puso como base de su actividad misionera la oración, la pobreza, la fidelidad a la Iglesia y el ejercicio de las obras de misericordia. Se encargaron de la educación de los niños y jóvenes, anunciándoles el Evangelio, animaban la liturgia, visitaban y asistían a los enfermos y a los pobres.

La semilla derramada por esta gran mujer germinó y fructificó. Surgieron varias casas filiales en Ecuador. Pero la obra estuvo marcada también por el misterio de la cruz: pobreza absoluta, clima tórrido, inseguridades y dificultades de toda especie, se agregaron a malentendidos por parte de algunas  autoridades de la Iglesia y la separación del instituto de algunas hermanas de su primera fundación fuera de Ecuador.

En 1895 la madre María Bernarda y más de 15 hermanas tuvieron que huir de Ecuador, a causa de una violenta persecución contra la Iglesia. En el puerto de Bahía se embarcaron rumbo a Colombia. Durante la travesía recibieron la invitación de Mons. Eugenio Biffi, obispo de Cartagena de Indias, a trabajar en su diócesis. El día 2 de agosto de 1895 llegaron al puerto de Cartagena. Mons. Biffi las atendió paternalmente y les asignó como residencia un ala del hospital de mujeres, llamado Obra Pía, donde María Bernarda murió años más tarde.

El número de las hermanas creció y la congregación fundó casas en Colombia, Austria y Brasil. La madre Bernarda permanecía temporadas con las hermanas en los diversos lugares, compartía con ellas su trabajo y su vida, era ejemplo vivo de sencillez evangélica, edificaba y animaba a todas. Atendía con ternura y misericordia a todos los necesitados en el alma o en el cuerpo, pero sus predilectos eran los pobres y los enfermos. Oraba, exhortaba, escribía y evangelizaba con asombrosa entrega e intensidad.

Dirigió su congregación durante 32 años. Y cuando renunció con gratitud y humildad a este servicio, continuó animando a las hermanas con su ejemplo, su palabra y sus innumerables escritos, que son una mina de doctrina y de fecundidad espiritual.

Falleció el 19 de mayo de 1924, en la Obra Pía, a los 76 años de edad, 56 de vida religiosa franciscana y 36 de misionera en América Latina.

Su Intercesión comprobada
Dos milagros han sido reconocidos expresamente por la Iglesia Católica, atribuidos a la intercesión de la Madre María Bernarda Bütler, que sirvieron, primero, para la beatificación y, luego, la canonización. Cabe señalar que la Iglesia pide en estos casos el testimonio oficial de un tribunal médico, el cual corrobora que no hay explicación científica para las curaciones.

El milagro tomado para la beatificación ocurrió en 1969: la pequeña Liliana Sánchez, que por aquel entonces contaba con sólo 15 días de vida, presentaba ausencia de los huesos de la bóveda craneana e iba a morir en el corto plazo. Una religiosa de la congregación, la Hermana Filomena Martínez, le entregó a la mamá de la niña una reliquia de la Madre Bernarda y una novena. La señora puso la reliquia en la cabeza de su hija y rezó. De la noche a la mañana, se produjo una reconstrucción ósea completa, verificada por los médicos.

Por otra parte, en el año 2002, Mirna Jazime Correa, una médico de 29 años de edad de Cartagena, presentaba neumonía atípica complicada con derrame pleural bilateral y síndrome distrés respiratorio del adulto (SDRA). A pesar de los tratamientos médicos y farmacológicos no mejoraba y el 5 de julio se encontraba completamente desahuciada, conectada a las máquinas, mientras sus signos vitales iban decayendo.

Al igual que lo había hecho en su momento la madre de la niña Liliana Sánchez, la mamá de Mirna colocó sobre la cabeza de su hija una reliquia de la Beata María Bernarda y pidió durante todo el día la curación. Refieren testigos que a la oración se unió el personal de la unidad de cuidados intensivos.

La sorpresa llegó el día después, cuando se observó en la enferma una mejoría general, que se acentuó con el correr de las jornadas, sin que quedara ninguna secuela en los pulmones, luego de un cuadro de extrema gravedad.

Varios médicos del centro de salud testificaron: “No hay explicaciones naturales o clínicas en dicha curación. Lo que esperábamos en el cuadro tan complicado de la doctora Mirna era la muerte. La recuperación fue sorpresiva”.

El 6 de julio del 2007, el Papa Benedicto XVI autorizó la promulgación del decreto sobre este milagro, que ha sido el último paso en el proceso que ahora terminará con la canonización de la beata Madre María Bernarda Bütler.

Fue canonizada el 12 de octubre del 2008, por S.S. Benedicto XVI.
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Fuente: Franciscanos.org
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ORACIÓN
Te bendecimos, Señor,
porque has elegido a Santa María Bernarda,
para hacer presente tu amor misericordioso
y cooperar en la extensión de tu Reino.
Concédenos las gracias que por su
intercesión te pedimos,
haz que su ejemplo de vida
nos ayude a crecer en la bondad
y el amor al servicio de los hermanos.
Afirma, Señor, en nosotros,
la fe, la esperanza y la caridad.
Amén