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martes, 18 de julio de 2017

Fray Jodoco Ricke y Marselaer, Religioso Franciscano

Fray Jodoco Ricke y Marselaer, Religioso Franciscano
Octubre 29, 1498 - Agosto 2, 1575

Jodoco Ricke (o Rique) fue un religioso franciscano, erudito y artista de origen flamenco que destacó como fundador y pionero de la Escuela Quiteña de arte. Construyó el Convento e iglesia de San Francisco, creó la Escuela de Artes y Oficios San Andrés, sembró por primera vez el trigo en Sudamérica, trabajó para llevar el agua corriente a la ciudad de Quito, y fue abogado y defensor de los indios naturales de la región que hoy ocupa la capital del Ecuador.

Nació en la ciudad de Malinas (actual Bélgica), el 29 de octubre de 1498. Fue hijo de Joco Ricke y Joan Marselaer, quienes le brindaron una buena educación y acceso a una formación integral digna de su privilegiada posición social. Provino de 2 familias de la nobleza Brabanzona. Se dice que el joven Jodoco se desenvolvía en el mismo círculo del futuro Carlos V, de quien era amigo de confianza.

Se unió a la comunidad franciscana de su ciudad natal, donde hizo un año de noviciado. En 1516 se trasladó a Gante para hacer el sacerdocio, mismo que concluyó en 1525 para continuar con sus estudios en derecho civil y canónico, matemáticas, arquitectura y anatomía.En 1536 viajó a la ciudad francesa de Tolousse para asistir a la Congregación General de la Orden, en donde fue escogido con otros once clérigos para una labor evangelizadora en América. A fines de ese mismo año se entrevistó en el Castillo de la Mota, en Medina del Campo, con Isabel de Portugal, mujer del rey y emperador Carlos I de España y V de Alemania, que le dio el pase a México.

Se embarcó rumbo a las Indias en noviembre de 1533, como parte de la expedición de Pedro de Alvarado. Durante el viaje conoció a otros dos religiosos franciscanos también de origen flamenco: Juan de Clerk Van Hove y Pedro Gosseal, con quienes después de una travesía por México y Nicaragua llegaría a Perú. En diciembre de 1535 llegó a Quito, exactamente un año después de la fundación de la Villa de San Francisco de Quito que posteriormente se la elevó a título de ciudad.


Labor en Quito
El 25 de enero de 1536 culmina junto a otros frailes la construcción de una pequeña capilla de adobe y paja en el lugar donde se dice había estado un importante asentamiento Inca. Anteriormente se presumía que en este lugar se asentó el Palacio Real del Inca Atahualpa, pero últimas investigaciones arqueológicas descartaron esta hipótesis. La capilla temporal construida por Fray Jodoco fue dedicada al nombre de "Capilla de la Conversión de San Pablo", por haberla culminado el día 25 de enero, día en que la Iglesia Católica celebra éste hecho trascendental.

En las tierras que fueron asignadas a los franciscanos enseñó a varios indios a cultivar hortalizas y para 1539 ya lo hacía con bueyes, arado y carretas que acababan de llegar de España. En 1547, habiendo aprendido el quichua escribía sus sermones en dicho idioma y hasta compuso un Catecismo y varias oraciones para los indios. Entonces intercedió ante Carlos V para que protegiera a un hijo de Huayna Cápac, dos de Atahualpa y a las hermanas de este último, a quienes había acogido en el convento. Uno de ellos fue bautizado con el nombre de "Francisco Atahualpa" y el cual recibió educación y restitución de sus honores como hijo del último de los Incas del Tahuantinsuyo. Los restos de Francisco Atahualpa descansan al interior del convento franciscano.

En 1551 inició la construcción de la monumental iglesia de San Francisco en el mismo lugar que antes había ocupado la primitiva capilla franciscana de la Conversión de San Pablo. Junto a Fray Pedro Gosseal fundó en 1552 la primera escuela de enseñanza formal para los hijos de los españoles y de oficios para los mestizos e indígenas; la Escuela de Artes y Oficios "San Juan Evangelista" que posteriormente fue llamado de San Andrés, obtuvo patronazgo real en 1559, es decir que era considerado una institución de carácter regio y recibía ayuda económica de la corona. De ahí la modificación de su nombre que fue en homenaje y reconocimiento a su principal benefactor, el Virrey Andrés Hurtado de Mendoza.

A Jodoco Ricke se le atribuye el haber llevado las primeras semillas de trigo a las tierras del actual Ecuador. Como parte de su cátedra de arte fue uno de los principales impulsores de lo que más tarde seria conocido como Escuela Quiteña, y él mismo decoró con algunas de sus obras las paredes del templo de San Francisco.

Viaje a Popayán
En 1569 fue electo guardián del convento franciscano de Popayán, que encontró a media construcción y una vez más se puso al frente de la obra. En 1572 fue reelegido en el cargo y recorrió las tierras de los indios Chocoes. Noanamas y Cirambiraes, esforzándose por conocer sus lenguas.

Muerte
Falleció en Popayán el 2 de agosto de 1575, con 76 años de edad.
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Fuente: es.wikipedia.org


Religioso franciscano nacido en Malinas, Bélgica, en el año 1499, hijo de Jodoco Ricke y de Juana Marzelaire.

Estudió en el convento de Gante, y luego de completar sus estudios religiosos fue enviado por sus superiores a América para desarrollar su labor de evangelización.

Llegó integrando la expedición de conquista que en 1534 organizó Pedro de Alvarado, estuvo presente en la fundación de San Francisco de Quito, y más tarde, junto a Benalcázar, el 6 de diciembre del mismo año asistió al asentamiento definitivo de la hoy ciudad de Quito.
Gracias a su cercano parentesco con Carlos V, Rey de España, empleó todas sus influencias y prestigio para desarrollar una efectiva e incansable labor en beneficio de la recién establecida ciudad y de todos los pueblos aledaños.

El 25 de enero de 1535, junto a Pedro Gosseal y Pedro Rodeñas -frailes como él- inició la construcción del convento y templo de San Francisco, en el que estableció también la primera escuela, y al año siguiente sembró las primeras semillas de trigo que había traído consigo-, enseñando a los aborígenes su utilidad y su cultivo, al tiempo que promovía y mostraba las técnicas para cultivar utilizando el arado con bueyes.

En 1555, el colegio franciscano fundado por él tres años antes fue convertido en el Colegio de San Andrés: Escuela elemental de artes y oficios destinada a dar educación a los hijos de los españoles y a los indios, con el propósito de que aprendan a leer y a escribir en el idioma castellano. Puesto bajo su dirección, fray Jodoco se empeñó en impulsar su desarrollo estableciendo en ella la primera escuela de bellas artes de esta parte de América.
A la avanzada edad de 76 años, Fray Jodoco Ricke murió en Quito, en el año de 1575.

Fray Jodoco enseñó a los indios a arar con bueyes, a construir yugos, arados y carretas, les enseñó la manera de contar en cifras de guarismos y castellano, enseñó a los indios a leer y a escribir...

Como era astrólogo debió de alcanzar cómo había de ir en aumento aquella provincia y previniendo a tiempos advenideros, y que habían de ser menester los oficios que supiesen: Enseñó a los indios todos los géneros de oficios, los que aprendieron muy bien, y con los que sirve a poca costa y barato toda aquella tierra, sin tener necesidad de oficiales españoles... y hasta a ser muy perfectos pintores y escultores y apuntadores de libros; que pone gran admiración la habilidad que tienen y perfección en las obras que de sus manos hacen que parece tuvo este fraile espíritu profético... debe ser tenido por inventor de las buenas artes en aquellas provincias».
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Marcelino de Civezza

martes, 2 de agosto de 2016

San Miguel Febres Cordero y Muñoz, Religioso Lasallano

San Miguel Febres Cordero y Muñoz, Religioso Lasallano
Febrero 9

Religioso, del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas



Martirologio Romano: En Premià de Mar, cerca de Barcelona, en España, san Miguel (Francisco Luis) Febres Cordero, religioso de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que durante cuarenta años se dedicó a la educación en la ciudad de Cuenca, en Ecuador, y, trasladado a España, se distinguió por la perfecta observancia de la disciplina de la vida religiosa. (1854-1910).

En 1863 los Hermanos de las Escuelas Cristianas abren una escuela en Cuenca (Ecuador). Entre los primeros alumnos figura Francisco Febres Cordero, nacido el 7 de noviembre de 1854. La educación cristiana comenzada en la familia recibe en la escuela nuevo impulso y desarrollo, gracias sobre todo a la lección de catecismo y al ejemplo de los educadores, y así vemos cómo la estrella de la vocación lasaliana no tarda en despuntar en el espíritu abierto del joven ecuatoriano. La oposición que encuentra por parte de sus padres, que quisieran encaminarlo hacia el sacerdocio, no le desalienta. Francisco, que desde sus más tiernos años acostumbra confiar a la Virgen todas sus cuitas, encuentra en Ella la fuerza para seguir adelante en su propósito. Finalmente, el 24 de marzo de 1868, obtiene de su madre la autorización para ingresar en el noviciado de los Hermanos: es la víspera de la fiesta de la Anunciación. Al revestir el hábito lasaliano, Francisco recibe el nombre de Hermano Miguel.

Con ello no cesa sin embargo la lucha por la fidelidad a su vocación. El padre de Francisco, aun habiendo aceptado la decisión de su esposa, no escribe a su hijo una sola línea en cinco años. Entre tanto, el Hermano Miguel inicia su apostolado en las escuelas lasalianas de Quito. El joven profesor sobresale en la enseñanza de la lengua y literatura españolas y, ante la carencia de manuales y libros de texto apropiados, se decide a componerlos él mismo. El gobierno ecuatoriano no tardará en adoptarlos para todas las escuelas del país. Con el correr de los años el Hermano Miguel dará a la imprenta otras obras, sobre todo del campo de la lírica y de la filología, las cuales le abrirán las puertas de la Academia Nacional. Compondrá también catecismos para la infancia, siendo la catequesis el campo preferido de su actividad apostólica. De modo especial, reclamará y obtendrá siempre para sí el privilegio de preparar a los niños a la Primera Comunión, dedicándose a esta delicada labor hasta 1907, fecha de su viaje a Europa.


Este asiduo contacto con los niños contribuirá a forjar una de las características más notables de su espiritualidad: la sencillez evangélica: «Sed sencillos como palomas». «Si no os hacéis como parvulitos no entraréis en el reino de los cielos». De esa sencillez será expresión su tierna devoción al Niño Jesús. Con la sencillez evangélica brillan también en él las virtudes propias de la vida religiosa: la pobreza, la pureza, la obediencia. Sobre todas ellas resplandece la caridad, que se nutre en la piedad eucarística y en la devoción a la Virgen. Una evidencia se impone pronto a sus contemporáneos: «El Hermano Miguel es un santo».

Su santidad irradiará también en el viejo continente. En 1904, como consecuencia, en Francia, de las leyes hostiles a las congregaciones religiosas, muchos Hermanos de La Salle, no pudiendo ejercer su apostolado en su propio país, deciden expatriarse. Numerosos son los que optan por España y los países de América latina. La necesidad de procurar a esos valerosos lasalianos el conocimiento indispensable de la lengua castellana, mueve a los Superiores a trasladar al Hermano Miguel a Europa para que pueda dedicarse a la composición de textos apropiados para un estudio acelerado de dicho idioma. Tras unos meses de estancia en París, el Hermano Miguel se traslada a la Casa Generalicia de los Hermanos en Lembecq-lez-Hal (Bélgica).

Enteramente dedicado a su nueva tarea, su virtud no deja de irradiarse en su nuevo ambiente. Pero el clima belga, tan diferente del de su propio país, no le favorece, y los Superiores juzgan conveniente trasladarlo a España, asignándole como residencia el Centro internacional lasaliano de Premiá de Mar, en la provincia de Barcelona. Los jóvenes formandos admiran la cultura y la sencillez del Hermano Miguel no menos que su gran amor de Dios.

En el mes de julio de 1909 ráfagas de viento revolucionario llegan hasta Premiá de Mar y poco después sobreviene la "Semana Trágica". Ante la frecuencia de actos de violencia anticlerical, los Superiores se ven precisados a trasladar a Barcelona a formandos y formadores hallándoles un refugio en el embarcadero del puerto y luego en el colegio N.S. de la "Bonanova". En esos momentos trágicos el Hermano Miguel se hace custodio de las formas consagradas de la capilla de Premiá.

Pasada la borrasca revolucionaria los Hermanos regresan a Premiá de Mar. Mas ahora es el Señor quien llama a Sí a su fiel siervo. A finales de enero de 1910 contrae una pulmonía que su débil organismo no llega a superar. Tras una agonía de tres días y confortado con los santos sacramentos, el Hermano Miguel entrega su alma a Dios el 9 de febrero de 1910. La noticia de su muerte es acogida con emoción y llanto. La República del Ecuador proclama un duelo nacional.


Hermanos y exalumnos del Hermano Miguel rivalizan en admiración y encomio por sus virtudes. Los favores atribuidos a su intercesión no tardan en multiplicarse. En 1923 se inicia en Quito y en Cuenca el proceso informativo en vistas a la beatificación. Sigue en 1924 el de Barcelona. En 1936, durante la revolución española, se lleva a cabo el traslado al suelo patrio de los restos mortales del siervo de Dios, que reciben una acogida triunfal. La tumba del Hermano Miguel se convierte en centro de continuas peregrinaciones.

Siguen obteniéndose gracias y favores celestiales por la intercesión del Hermano Miguel; pero el milagro que ha obrado la curación de Sor Clementina Flores Cordero pone en buen camino la causa del santo Hermano hacia la Beatificación.

Llevados a término todos los requisitos acostumbrados, el Papa Pablo VI, el 30 de octubre de 1977 procede a la Beatificación del Hermano Miguel y a la del Hermano belga, Hermano Mutien-Marie. La grande asistencia de peregrinos venidos de Bélgica, del Ecuador y de Italia, la acertada ceremonia y las palabras inspiradas de Pablo VI en la homilía y en el Angelus, han hecho inolvidable ese día para todos los afortunados participantes en la solemne celebración de la Piazza San Pietro.

El mismo día de la Beatificación, precisamente durante el desarrollo del sugestivo rito, se realizaba otro milagro: la Señora Beatriz Gómez de Núñez, afectada de incurable "miastenia gravis", se sintió completamente curada. Ya antes, con toda la familia, se había confiado a la intercesión del santo Hermano, y, como coronamiento de sus oraciones, había querido venir a Roma para la Beatificación.

Esta curación, reconocida como milagrosa, conlleva la reapertura de la causa, y, en el Consistorio del 25 de junio de 1984, el Pontífice Juan Pablo II fija para el 21 de octubre del mismo año la fecha de la Canonización.

Hoy, el Papa Juan Pablo II, poniendo entre los Santos a este religioso ecuatoriano, ofrece a la Iglesia entera y particularmente a la del Ecuador el modelo de un religioso culto, pero sencillo y humilde, de un catequista totalmente entregado a la obra de la evangelización, de un educador que ha ayudado a tántos jóvenes y niños a encontrar el sentido de su vida en Jesús y a vivir su fe como don y compromiso.

Texto: Vatican.va