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domingo, 23 de julio de 2017

María Amalia Urigüen Espinoza, Fundadora de las Oblatas de Matovelle

María Amalia Urigüen Espinosa, Fundadora de las Oblatas de Matovelle
Septiembre 14, 1851 - Abril 12, 1948

FUNDADORA DE LAS OBLATAS.- Nació en el caserío de Huertas, cercano a la población de Paccha ,al pie de las estribaciones del Chilla y fue bautizada en Paccha el 14 de Septiembre de l.85l, cuando esta población pertenecía a la jurisdicción de Zaruma en la provincia del Guayas. Fue su padre el Presbítero Andrés Uriguen Torres que la bautizó y su madre Maria de los Angeles Espinoza, campesina blanca de esa jurisdicción, tuvo un hermano mayor llamado Daniel Maria, una menor Virginia y se criaron con Rosaura Toro Espinosa, una prima huérfana y pobre.

Tuvo una niñez tranquila, su madre le enseñó a leer, escribir y hacer números. Era de carácter dócil, de temperamento retraído, gustaba recorrer el campo y en los bosques cercanos arrancaba florecitas para regalar a la virgen Dolorosa.

De doce años de edad su padre se trasladó a Cuenca con toda la familia y habitaron en la casa de una de las tias Uriguen Torres que enseguida murió y luego también fallecieron sus padres. Amalia quedó con Virginia y Rosaura al cuidado del hermano mayor Daniel, que siempre fue con todas ellas un protector cariñoso ( 1 ) mas, estos cambio bruscos y la soledad de sentirse huérfana la hicieron sensible y retraída y desde entonces le dio por expiar pecados ajenos, ofreciendose como víctima de inmolación. Por eso se ha dicho que casi no tuvo juventud pues jamás asistió a bailes o festejos.

En l.872 el Padre Miguel Franco, jesuíta italiano a la sazón en Cuenca, sabedor de sus virtudes, le aconsejó que viviera con Virginia y Rosaura en una especie de retiro o cenobio en cuarto aparte, dentro de la casa de su hermano Daniel, como simples beatas. Cada una , por mes, llevaría el peso y la dirección de la casa y al poco tiempo otras mujeres del vecindario, de igual temperamento religioso, fueron a vivir con ellas, compartiendo la santidad de sus costumbres.

El 76 todas pasaron al cuidado espiritual del Padre Manuel Corral y Banderas y así transcurrieron diez años hasta que el 86 Amalia y sus seguidoras se cambiaron a una casita del barrio de la Merced, cercana a un conventillo que había sido de los padres jesuítas mientras estuvieron en Cuenca y que por entonces manejaba el Padre Julio Matovelle Pesantes, reciente fundador de la Orden de los Oblatos. La vecindad hizo que se conocieran. Un dia, Amalia le confesó que deseaban hacerse monjas.

Eran mujeres de edad madura, costumbres arregladas y sabían lo que querían, y aunque el asunto no progresó porque estaba muy atareado reactivando cinco congregaciones decaídas ( 1 ) les dio por confesor al Padre Virgilio Maldonado para que las ingresara por el momento a la Congregación de las Hijas de Maria que funcionaba en su iglesia; sin embargo, tal era la pobreza en que vivían, que había dias que no tenía qué comer, aunque todo lo sobrellevaban por amor y devoción a Jesucristo.

Fueron años asendereados y la casa de retiro de Amalia, que había llegado a albergar hasta diez mujeres, fue quedando solo con las tres , hasta que un dia, viendo Amalia que Matovelle no se decidía , le preguntó : Padre ¿ Hay o no esperanza de nuestra fundación? Perdone mi pregunta. --- Hija mia, ya nomás. I pronto, pues las obras de Dios no se hacen con plata solamente. No hay porqué desaminarnos, sus compañeras las han dejado solas, no importa, ¡Dios proveerá¡

En Abril de l.89l el dueño de la casa que ocupaban se las pidió para un familiar y habiendo fallecido la señorita Jacinta Segarra, dejó por testamento una casa en el mismo barrio de la Merced, que Matovelle cedió para que la habitara Amalia con sus compañeras y una doméstica, en calidad de beatas de claustro, haciendo vida religiosa, del que solo salían diariamente al templo. El 30 de Marzo se le unieron Micaela y Josefa Iñiguez pero siendo este género de vida de total renunciación del mundo, la sociedad y la familia, no fue del agrado de su hermano Daniel Maria, que se le distanció cosa de un año porque la quería mucho y no veía con buenos ojos estar separados.

El 7 de Abril de l.892, a eso de las cuatro de la tarde, vísperas de la fundación de la Comunidad, el Pädre Matovelle les mandó a obsequiar tres hermosos cuadros al óleo del Corazón de Jesús, la Dolorosa y San José, asi como las reglas comunitarias que había escrito para uso de las Oblatas del Corazón de Jesús. Al dia siguiente, 8 de Abril, les celebró misa y dijo: “Desde hoy Uds. se llamarán hermanas. Son las reparadoras. Las víctimas por su Patria el Ecuador y el mundo y enseñarán a la niñez desvalida. ( 2 ) Pasada la ceremonia y ya solas, se acordaron que era tarde y había que pensar en el almuerzo, pero solo había un sucre y ochenta centavos en la caja.

Entre el 93 y el 94 se unieron las lluvias y hubo una gran hambruna en el país. En el Azuay la población campesina gimió de hambre y los Oblatos comenzaron a distribuir trigo y carne los jueves, en el sitio donde hoy se levanta el templo del Cenáculo. Amalia y sus hermanas se estrenaron en las obras de acción social.

El 26 de Septiembre de l.893 las hermanas Virginia, Rosaura y Micaela, así como la doméstica Mercedes Barreto viajaron a Paute a fundar una casa en ese lugar. En Cuenca quedaban Amalia, Rosa Córdova, Josefa Iñiguez, Filomena Abad y la doméstica Cruz Pavaña.. El 2l de Noviembre fueron aprobadas canónicamente las Reglas y Constituciones. El 9 de Marzo de l.894 se trasladaron al edificio e iglesia de Todos los Santos donados tres años antes por Monseñor Miguel León Garrido, que por vetusta y húmeda no ofrecía ninguna comodidad.

En Julio regresaron a Cuenca las hermanas de Paute y el 8 de Septiembre celebraron el natalicio del padre Matovelle, que acababa de rechazar al Arzobispo Pedro Rafael González Calisto una de las Canongías de la Catedral de Quito por quedarse asistiendo en Cuenca a sus nuevas congregantes. El 24 de Septiembre se llevó a cabo la profesión religiosa de las primeras Oblatas para lo cual se cortaron las largas trenzas y vistieron el hábito. En el primer Capítulo de la Orden, celebrado al dia siguiente, fue designada Superiora General y Maestra de Novicias.

El 95 fue un año de graves convulsiones políticas. La tarde del 3 de Agosto se acomodó la comunidad en una sola pieza de la planta baja previniendo el ataque de las fuerzas alfaristas contra la ciudad de Cuenca. El dia 5 el Padre Fidel Cevallos, de los Oblatos, en el sermón de la misa dijo a los feligreses que las Madres Oblatas les servirían de pararrayos “para detener los castigos que merecieran de la justicia divina y atraer sus bendiciones.” Tantos trabajos minaron su salud. El 10 su hermano Daniel y su sobrino Daniel Uriguen Uriguen la llevaron a descansar a la casa de Paute y empeoró por el presentimiento de que moriría su hermano, como efectivamente ocurrió a la semana siguiente durante el ataque a Cuenca.

Esto le ocasionó un gran dolor pues siempre se habían querido mucho. El 96 volvieron los conservadores a alzarse contra el gobierno liberal y el 24 de Agosto entró el ejército en Cuenca. Matovelle y otros políticos fueron desterrados. La Orden de los Oblatos sufrió menoscabo hasta su regreso a Cuenca en l.902 cuando retomó la dirección y volvió a trabajar con los suyos.

La Madre Amalia formuló sus votos perpetuos el 27 de Septiembre de l.908. Como fuentes de conocimiento a su labor educativa empleaba las lecturas comunitarias, las prácticas doctrinales dominicanas, los retiros predicados y meditaciones piadosas.

Su Generalato duró hasta l.92l, época en que creyó oportuno ceder el mando a la Madre Angélica Corral, permaneciendo unicamente como su ayudante, dejaba a la Comunidad fortalecida con Casas en Paute, Biblián, Girón y Deleg donde se dictaban clases en quichua para las niñas indígenas y en español para las demás y talleres para las domésticas. Era una educación elemental pero útil para una sección del país que no contaba con suficientes profesores.

En l.930, al fallecer de derrame cerebral la hermana Corral, fue electa por segunda ocasión y pudo fundar en l.933 tres casas en Quito y el 39 una en Charasol provincia del Cañar. En Noviembre del 33 sufrió el tifus que soló las comarcas azuayas pero se recuperó totalmente. Era una monja serena y alegre con sus ochentitres años encima, que vivía haciendo el bien, resignada a la pobreza general y de su Congregación, porque el país atravesaba una larga etapa de contínuas penurias económicas; mas, lo mejor de su personalidad era la ternura que usaba en el trato con los demás, por eso se ha escrito que su persona era el con junto de la austeridad unida al candor y la dulzura de un singular don de gentes.

En l.942 fue sucedida en el Generalato por la Hermana Josefa Iñiguez pues sus noventiun años de edad ya no le permitían trabajar con la misma intensidad de siempre. El 46 acaeció un trágico accidente a una avioneta Andesa frente a la casa central de las Oblatas y se conmocionó tanto que desde entonces permaneció sin salir de su celda, falleciendo tres meses después , a las tres de la mañana del l2 de Abril de l.948, de casi 97 años de edad, rezando su motete eucarístico preferido, coreado por sus hermanas y que dice: Volemos, volemos al cielo alma mia, buscando a Maria y ansiandola ver. El sepelio fue numeroso y en todos los presentes se notó un dejo de tristeza y melancolía.
( 1 ) En l.884, Matovelle, dejandose llevar por su optimismo, había fundado en Azogues la Congregación de Oblatas del Divino Amor que devino en fracaso cuando retornó a Cuenca. Este fue su primer intento por establecer una rama femenina de su Congregación.

( 2 ) Matovelle tenía el prurito de sentir que su Patria era amenazada por la impiedad como él solía llamar a los anticlericales ecuatorianos, pues no creía en la pluralidad de ideas.
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El  Decreto No. 8 de la Vida Formativa, el XXV Capítulo General,  nombró como patrona del Noviciado a la Madre Amalia Urigüen, Cofundadora de la Congregación; fue la primera Maestra de Novicias, primera Superiora General; verdadero testimonio de Inmolación, Serena y heroica, austera consigo misma, y blanda con las demás, amante de la Eucaristía y de la Santísima Virgen de los Dolores.
Actualmente estamos empeñadas en iniciar la Causa de Beatificación de nuestra Madre Cofundadora.

jueves, 20 de julio de 2017

Antonia Lucía del Espíritu Santo Maldonado y Verdugo, Fundadora

Sierva de Dios, Madre Sor Antonia Lucía del Espíritu Santo Maldonado y Verdugo
Junio 12, 1646 - Agosto 17, 1709

Vocación extraordinaria de Antonia Lucía
Antonia Luía del Espíritu Santo, ha sido una de aquellas privilegiadas, escogidas por Dios para realizar en su Iglesia obras enteramente divinas y sobrenaturales. Mucho favoreció el Señor al Perú durante la administración española, concediéndole en gran número pastores celosos, apóstoles incansables, vírgenes puras, almas penitentes hasta el heroísmo, santos y bienaventurados dignos del honor de los altares; y Antonia Lucía se halla colocada en puesto muy eminente entre estos seres providenciales, pues su actuación en Lima la hace merecedora de ese puesto eminente.

Nacida en Guayaquil el 12 de junio de 1646, de padres nobles y virtuosos, pero pobres de bienes temporales, muerto el padre, pasó con su madre viuda al puerto del Callao a los 11 años de su edad y como esta señora era muy virtuosa y veía que su hija lo era tanto, deseaba para remediar la situación de ambas que la niña llegara a edad competente para casarla, y tan pronto llegó el momento oportuno.

Cuando cumplíó los 30 años, contrajo matrimonio por decisión de su madre con Don Alonso Quintanilla, hijo de Don Benito de los Santos y de Doña Andrea Flores, siendo un hombre humilde también y artillero de oficio en el puerto del Callao, contrajeron nupcias el 6 de abril de 1676. Su esposo vio en Antonia Lucía su intensa vocación al servicio de Dios fue así que por mutuo acuerdo decidieron guardar castidad perfecta. Su matrimonio no duró mucho tiempo ya que Alonso de Quintanilla falleció el 30 de enero de 1681.

Quedando en libertad, y habiendo dicho a su confesor su enorme deseo de servir a Dios, cabe resaltar que uso ropa de luto de color morado, que años después sería el hábito oficial de las Madres Nazarenas y de los devotos del Señor de los Milagros.

Inspirada de Dios fundó en el Callao una casa religiosa dedicada a la imitación de Jesús Nazareno, donde el mismo Señor la visitó con la túnica de Nazarena, diciéndole estas memorables palabras: "Mi madre ha dado su traje de pureza para hábito a otras almas y yo te doy a ti mi traje y hábito con que anduve en el mundo: estima mucho este favor, que a nadie he dado mi santa túnica".

En esta casa murió la madre de nuestra santa, llena de merecimientos y asistida de su buena hija.

Dispuso la Providencia que del Callao pasase a Lima, a fundar una nueva casa de Nazarenas en la capital, en la calle de Monserrat.

Esto pasaba por los años 1683, vistiendo solemnemente el santo hábito la pequeña Comunidad, el día 1° de enero de 1684.

Con haberse trasladado de la calle de Monserrat junto al Señor de los Milagros, la Congregación de Nazarenas, fundada por la Madre Antonia Lucía, venía a obtener corona y complemento la obra de esta predestinada criatura; debemos decir que Dios formó a Sor Antonia Lucía para culto perpetuo del Señor de los Milagros, y el Señor de los Milagros vino a corresponder a los anhelos del corazón de Sor Lucía, como víctima que deseaba consagrarse al amor de Jesús Nazareno.

Su penitencia: Ayunos.- La Madre Antonia Lucía sólo cada 24 horas tomaba un alimento que consistía en una pequeña cantidad de pescado y dos yemas de huevo: fuera de la hora señalada para esta frugal comida, jamás probó cosa alguna.  Y todos los viernes del año dejaba de tomar alimento, empezando este ayuno desde la víspera al medio día y terminándolo el sábado a las dos de la tarde.  Ayunaba toda la semana santa sin probar bocado, a no ser que interviniese la voluntad de su confesor y entonces probaba algunos bocados de verdura.

Disciplinas.- Eran cruelísimas las disciplinas que acostumbraba, azotándose todo el cuerpo, puesta de rodillas, y los viernes con derramamiento de sangre.

Su cama era una tarima, defendiéndose del frío con una sábana y una frazada.  Sobre la tarima tenía colocada una cruz grande sobre la cual dormía, sirviéndole de cabecera sus propios brazos, abrazándose además, con su santocristo.

La Madre Antonia Lucía padecía enfermedades varias y continuas, con dolores intensos de todo el cuerpo, de los cuales nunca se quejó pareciéndole injusto pretender bajar de la cruz en que el Señor la ponía.

Agregábase a esto angustias y sequedades del alma, mucho más crueles que los dolores corporales, en medio de los cuales no exhalaba otro suspiro, sino: Gracias a Dios; hágase su voluntad.  Y cuando el confesor le preguntaba: ¿Cómo vamos? Respondía: Padecer, Padre, padecer, mientras el Señor así lo quiera.  Cuando el padecer llegaba a su colmo, algunas veces exclamaba: Téngame lástima que estoy en el infierno, padeciendo como tizón de él.  Al disminuir la fuerza del padecimiento, luego prorrumpía en alabanzas a Dios.

Todos los días de 12 a 3 de la tarde, padecía mucho y de un modo especial.

Todos los viernes del año andaba enteramente descalza y con especies amarguísimas en la boca.

Su continua oración y presencia de Dios.-  La Madre Sor Antonia Lucía del Espíritu Santo tenía la conciencia que siempre y a todas horas estaba en la presencia de Dios, adorándole; así lo aseguraba ingenuamente a sus confesores.  A esto unía un vivo deseo de hacer siempre lo más perfecto.

Todos los días se iba a la iglesia a las cinco de la mañana, se confesaba y luego recibía la santa comunión.  Se quedaba orando hasta las diez de la mañana.  En esta oración recibía del Señor favores singulares.  Cuando no le apremiaban las ocupaciones, prolongaba esta oración hasta las dos de la tarde y siempre salía de la oración como endiosada.

Puede asegurarse que oraba día y noche, elevando continuamente su espíritu a Dios y teniendo siempre su corazón en dulce contacto con su Divina Majestad, esto no se lo estorbaban los cuidados de la prelacía.

Como fruto y efecto de su oración sentía ansias ardientes de la salvación de las almas; y si de ella hubiera dependido, habría recorrido el mundo, clamando como los profetas de Israel, en calles y plazas para que los hombres se convirtieran a Dios.  Igual deseo le acompañaba de que los infieles recibiesen la luz del Evangelio y el santo bautismo.  Y esto pedía a Dios sin cesar y dejó esto mismo como herencia a sus hijas.

Rezaba con frecuencia la oración del Padre Nuestro uniéndose en espíritu con Nuestro Señor Jesucristo, que lo había dictado a sus apóstoles.

Con la oración continua y el trato incesante con Dios, obtuvo una singular prudencia y sabiduría que no se ocultaba a las personas que la trataban de cerca, algunas de ellas eclesiástico ilustrados; aunque ella con su humildad profunda se acogía generalmente al sagrado silencio, sin pretender nunca hacerse la maestra.

Veamos como habla de ella misma de los efectos de la oración: "Estando llorosa sentí una marea suave con incomparable gozo y consuelo de grande fe que daba por hecho lo que antes lloraba dudosa, pasó esto a elevación de los sentidos y suspensos ellos de lo que el alma gozaba, entendí en la mente que veía al Espíritu Santo tan amoroso como Padre que me decía: Mírate en ese espejo.  Entendió mi alma y ví que de las manos del Santísimo Señor salía una tabla dorada con unas letras que decían:

LA REGLA DEL CARMEN CEÑIDA AL INSTITUTO NAZARENO: VIDA APOSTÓLICA SIGUE MI EVANGELIO: EN ELLA.

Volví y dije: Señor a mí tanta dicha? Temo la ilusión: y díjome el amantísimo bien nuestro: para venideros tiempos te muestro esta tabla, para que se diga que fue dada y dirigida del Espíritu Santo".

Apariciones, éxtasis y otros favores divinos.-  Eran frecuentes en ella varios fenómenos extáticos, y algunos de ellos se realizan periódicamente durante el año.  Desde el día de la Conmemoración de los Difuntos por ocho días consecutivos se hallaba en éxtasis no interrumpido; privada del uso de los sentidos, exceptuando el tiempo necesario para recibir la santa comunión.

El fenómeno se repetía no pocas veces mientras rezaba el Oficio divino, durante el cual gozó también de apariciones y visiones del niño Jesús, y en otras ocasiones del Divino Nazareno, cansado y afligido que alentaba a su sierva a la imitación, especialmente en la pobreza y penitencia.

De sus admirables éxtasis, algunos de los cuales fueron presenciados por sus confesores, volvía en sí con un sentimiento de profunda humildad, deseosa de esconderse debajo de la tierra.

La escritora de su vida, la Madre Josefa de la Providencia como testigo de ésta, dice: "Una noche estando en la capilla, que llamaban Belén en el Beaterio, estaba yo y algunas de mis hermanas, y la sierva de Dios, se había sentado en un poyo de dicha capilla, desde donde estaba hablando, y de repente la vimos que había salido de sí, con los ojos abiertos, muy hermosos elevados al Cielo; de lo que quedamos todas atónitas viéndola de este modo, por espacio de tres o cuatro credos, hasta que volviendo en sí, como quien sale de un gran sueño, y como avergonzada de que la hubiéramos visto, salió con gran prisa para afuera".

Algunos de estos éxtasis eran con elevación en el aire de todo su cuerpo.

Su retiro.-  Fruto y fomento de la oración es el retiro y la soledad que fueron amados con todo extremo por la Madre Antonia Lucía.  Aún para llevar a buen término sus fundaciones, para las cuales era menester la cooperación de muchas personas, no quiso disminuir su retiro donde esperaba que la Divina Providencia le favoreciese con todo lo necesario; y en efecto, así le acontecía.  Ella apenas tenía comunicación con las familias de la capital, ni pretendía influjos de los poderosos.

Su humildad.-  Es cosa rara e increíble el estado de ánimo en que vivía continuamente Sor Lucía del Espíritu Santo; pues se creía merecedora de que la castigasen como delincuente con maltratos.

Terminada la confesión sacramental, que era diaria, salía del confesionario hecha un mar de lágrimas considerándose mala, monstruosamente mala; ella que llevaba una vida angelical, preservándola Dios bondadosamente de faltas advertidas y de malicia, aún de las pequeñas.
Esta su humildad tan profunda como sincera, sorprendía a los que la trataban, no ignorando la serie de favores extraordinarios con que el cielo la distinguía.

Gozaba en humillarse en el refectorio, según es costumbre en las religiones, pidiendo frecuentemente perdón a sus hijas de los malos ejemplos que en ella vieran, y con gran ternura y lágrimas les besaba los pies.  Las hijas quedaban con esto compungidas y edificadas.

Su caridad.-  El amor al prójimo es efecto del amor a Dios, y las almas santas en cuyos pechos arde el amor divino, no pueden menos de sentir un celo ardiente del bien del prójimo.

Sor Lucía ejercitaba un apostolado no interrumpido en sus conversaciones con los prójimos, a quienes impulsaba con una fuerza secreta pero eficaz a deseos de perfección y santidad.  Esta fuerza secreta sentían con más eficacia sus hijas reunidas con ella en torno de Jesús Nazareno.  Sentíanla también sus confesores que hallaron en el trato con esta alma pura, santa y penitente, estímulos poderosos para procurar con ahínco la santidad sacerdotal.

Además, su apostolado tuvo ocasiones propicias para remediar males espirituales de diversas personas.  Un religioso acreditado como sabio e ilustrado cayó enfermo con síntomas de locura.  Nada bastó para curarlo, hasta que tuvo ocasión de verse con la Madre Lucía, la cual le amonestó que se condujese bien, indicándole un punto en que debía poner remedio.  Con la entrevista no sólo quedó sano del mal, sino muy resuelto a aspirar a la santidad religiosa y a dedicarse a la conversión de los infieles, entre los cuales obtuvo la palma del martirio.

A este tenor logró la reforma de muchas personas, para lo cual la favoreció el Señor con el don de la penetración de los secretos del corazón.

Su devoción al Santísimo Sacramento, a María Santísima y a los Santos.-  Siendo la Venerable Madre Antonia, amantísima de la Pasión de Nuestro Señor, no podía dejar de serlo de su perpetuo memorial: la Sagrada Eucaristía; así llegando el octavario de Corpus lo celebraba con toda pompa y solemnidad.  Lo mismo podemos decir de su devoción a María Inmaculada, la cual cultivó en su alma desde sus más tiernos años y procuró se mantuviese siempre en el Instituto, determinando que diariamente en la Comunidad se rezase el santo rosario y la corona dolorosa.

Para con los santos tuvo especial devoción al Señor San José, San Juan Evangelista, el Angel de la Guarda, Santa Teresa de Jesús su maestra, y otros más, recibiendo de ellos señalados favores, para sí y para sus hijas.  Cuéntase entre otros, el caso siguiente: Estando el Beaterio en la calle Monserrat, deseaban sus hijas una imagen de Nuestra Señora, y se lo manifestaron a Venerable Madre, quien lo encomendó al glorioso San Pedro de Alcántara, no bien lo hizo, cuando a poco se presentó el criado de una señora con una imagen de la purísima en bulto, que medía más de una vara de alto, y la vendía por doscientos pesos.

La Venerable Madre ofreció cien a la persona que la había enviado, escribiéndole una carta suplicatoria, y para complacer a la Madre Providencia que le pedía pusiese la carta en manos de la imagen para obtener lo solicitado, ésta, que tenía las manitas pegadas por las palmas y deditos, al ponerle el papel la Sierva de Dios, dio un traquido, que todas las que estaban presentes lo oyeron y quedó la imagen con las manitas bien desunidas hasta el día de hoy.  Tomando luego la Sierva de Dios la carta de las manos de la imagen, la envió a la señora, quien no aceptando la oferta pasó al Beaterio para llevársela y al llegar y ser interrogada por la Sierva de Dios de: ¿Cómo había sabido que deseaban la imagen?, dijo la señora, que un Padre Franciscano muy flaco y amarillo se lo había dicho; lo que hizo suponer a sus hijas, que fue San Pedro de Alcántara.

Determinada la señora a no venderla por los cien pesos, ordenó al criado que la cogiera para volverla a su casa, pero siendo el mismo que la había llevado a Beaterio no podía moverla, viendo con admiración tantos prodigios, la señora se conformó con los cien pesos y se marchó asombrada.

Última enfermedad y muerte de la Madre Antonia Lucía, en pie y con los brazos en Cruz.
Estando en cama la sierva de Dios Sor Lucía en su última enfermedad, una hija suya vio sobre ella una corona y una palma, hechas de oro finísimo y hechura primorosa.  Conociemdo la Madre la visión de la hija no pudo negar que aquella corona y aquella palma se las daba el Señor en premio de su santa vida, toda consagrada al amor de Dios y del prójimo, a la penitencia y mortificaciones con acciones virtuosas nunca interrumpidas.

Su última enfermedad y su muerte estuvieron caracterizadas por el amor y el dolor.  El amor, lo incendios de la caridad divina, ponían en movimiento su corazón que latía con violencia.  El dolor, el purgatorio anticipado, hacía de la enferma una mártir.

La enferma pidió los últimos sacramentos el martes 13 de agosto.  Apenas vio a Jesús Sacramentado que entraba en la celda, tuvo un transporte extático que no pudo dominar, de modo que el sacerdote hubo de mandarla que volviese en sí para recibir la sagrada comunión, como efectivamente volvió, recibiendo luego a su amado con encendidos afectos de amor, reverencia y alegría.

El sábado 17 indicó que su muerte sería a las dos de la tarde.
Hallándose presentes a esa hora tres de sus hijas y el médico que la asistía, se incorporó en la cama, luego se puso en la cabeza una mantilla que le cubría todo el cuerpo y velozmente se puso en pie sobre la cama, sin que nadie interviniera en esto; extendió los brazos en cruz a imitación de su Divino Maestro; fijó la mirada en el cielo, con los ojos abiertos que brillaban como dos luceros; puso un pie sobre el otro y permaneció con esta postura estática durante un cuarto de hora; el éxtasis terminó con la muerte, exhalando su postrer suspiro en aquella actitud.  Después que expiró, inclinándose por sí misma, suavemente pero sin encoger los brazos, ni separar los pies, se colocó en la cama y reclinó la cabeza sobre la almohada.

El privilegio de morir con los brazos en cruz dejó la santa Madre hereditario a algunas de sus hijas, aunque no en pie, sino echadas en la cama.  Así murió Sor Josefa de la Santísima Trinidad, sobrina de la sierva de Dios, Sor Catalina de San Juan, Sor Felician de Santa Teresa, Sor Luisa de San Padre de Alcántara y otras más.

Las circunstancias de la muerte de la Madre Antonia Lucía son excepcionalmente prodigiosas, sin duda no vistas en ningún otro santo de la Iglesia de Dios, y contribuyen a la gloria especial de la heroína, digna del aprecio de los mortales.

A su muerte siguieron un gran número de prodigios; pues a las diez de la noche, ya difunta, volvió a poner los brazos en cruz con los dedos encogidos, permaneciendo así hasta la aurora, hora en que colocó el brazo derecho junto al muslo y puso la mano izquierda extendida sobre el corazón, ostentando el rostro hermosísimo.

Tuvieron insepulto el cadáver durante cuatro días, con un concurso incesante e innumerable que obtenía por intercesión de la Sierva de Dios gran número de curaciones de varias enfermedades.


Sus restos reposan en el Santuario de Las Nazarenas en Lima, en cuyo altar mayor se encuentra la imagen del Cristo de Pachacamilla.
SOR ANTONIA LUCIA DEL ESPIRITU SANTO
Antonia Lucia Maldonado de Verdugo nació en Guallaquil, Ecuador el día Sabado 12 de Junio de 1646.

Huerfana de padre llegó al Callao en compañia de su madre en 1657. A los 30 años Antonia Lucia, fue casada por su madre con Alfonso Quintanilla hombre pobre de caudales pero de grandes dotes morales. Sin embargo Alfonso Quintanilla al darse cuenta que su esposa tenia inclinación hacia el servicio de Dios, de mutuo acuerdo guardaron castidad.

En esa época Antonia Lucia vestia tunica morada con la debida autorización de su esposo y la debida licencia eclesiastica del 6 de Agosto de 1677 o 1678. Al poco tiempo falleció su esposo el día 30 de Enero de 1681, siendo enterrados sus restos en el Convento de Santo Domingo.

Al quedar viuda Antonia Lucia, quedó en libertad de cumplir con su proposito y verdadera vocación. Y el luto que vistio fue el de la tunica morada la misma que despues distigiria a sus fieles y adnegadas discipulas y seguidoras en el Beaterio de Monserate.
Antonia Lucia de Maldonado y Verdugo, (I.- 0549, 196, (f)), Nacio en Guayaquil el 12-6-1646. Al morir su padre don Antonio Maldonado y Mendoza, fue al Callao con su madre doña Maria Verdugo Gaytan que estaba en la mas absoluta de las pobezas.

Habia casado doña Antonia Lucia con Alonso Quintanilla, que sin el conocimiento de este, colectó limosnas para la creacion de un beaterio de Nazarenas.

Tanto su marido como ella fueron muy devotos y él la permitio que tomase habito mientras él se encerro en el monasterio de los Descalzos anticipandose su muerte y doña Lucia ya viuda, entro en el beaterio con su madre.

En 1681 por asuntos de disgustos se traslado a Lima retirandose durante un año al monasterio de Santa Rosa de Viterbo. Ayudada del capitan don Roque Falcon que la proporciono 12.000 pesos, planto en el año 1683 el beaterio en la casa que compro a Fernando Perez junto al convento de Monserrat, extinguiendose despues por los años de 1698 al no condedersele licencia para su ereccion. En el beaterio que fundo el capitan Sebastian de Autuñano busco refugio asi como otras monjas dispersas ocupando el cargo de superiora con el nombre de: Antonia del Espiritu Santo.
Falleció el 17-8-1709.
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domingo, 9 de julio de 2017

Rafaela de la Pasión Veintimilla Villacis, Fundadora

Madre Rafaela de la Pasión Veintimilla Villacis, Fundadora
Marzo 22, 1836 - Noviembre 25, 1918

Rafaela María Mercedes Antonia Magdalena de Veintemilla y Villacís.

Nació el 22 de Marzo de 1836 en Quito Ecuador. 
sus padres fueron don Ignacio Veintemilla y doña Josefa Villacìs, quienes llevaban una autentica vida cristiana.


A los cuatro años quedó huérfana de madre y al cumplir los diecinueve, perdió también a su padre.  Su educación fue la propia de la alta sociedad a la que pertenecía su familia.


Era su Madre muy devota de Mariana de Jesús, lo que dejó una grande impronta en la vida de madre Rafaela. Fue bautizada el mismo día de su nacimiento con los nombres de Rafaela, María Mercedes, Antonia, Magdalena pero siempre fue llamada Rafaela y celebró con gran devoción la fiesta de San Rafael Arcángel.

Fue la más pequeña de 10 hermanos, queda huérfana de madre a los 4 años de edad y de Padre a la edad de 19 años.

Hubiera deseado vivir en un monasterio como monja clarisa, pero su hermano, para ella como un padre, el general Ignacio - presidente de la república de Ecuador de 1878 a 1883 - la quería responsable del gobierno de la casa.

Permaneció, pues, en el mundo, pero con una forma de vida muy parecida a la de una religiosa; con votos privados y firme propósito de realizar lo que en cada caso entendiese ser lo más perfecto. Sin perjuicio de las ocupaciones domésticas, dedicaba varias horas al día a las prácticas piadosas de la oración mental, al rezo del oficio parvo y al de los quince misterios del rosario.

Desde muy joven sintió el deseo de ser religiosa y pasó su adolescencia y juventud practicando con grande fervor las virtudes cristianas, hace sus primeros votos en privado de pobreza, castidad y obediencia y vestía el hábito de la Beata mariana de Jesús llevando una asidua vida de oración y contemplación que fue perfeccionando con sacrificio y penitencia con el transcurrir de los años.

Alcanzada su mayoría de edad hizo sus primeros votos privados de pobreza, castidad y obediencia, y vistió el hábito de santa Mariana de Jesús, llevando una asidua vida de oración y contemplación que fue perfeccionando con sacrificio y penitencia con el transcurrir de los años.


Según el testimonio de quienes la conocieron, su rostro mostraba una serenidad de reflejo divino. Sufrió la cárcel  a consecuencia del golpe de estado que hiciera su hermano el General Ignacio de Veintemilla que siendo Presidente del Ecuador se proclamó dictador en 1882.

Como consecuencia del levantamiento militar contra su hermano el "dictador Veintemilla", Rafaela fue encarcelada durante ocho meses, sin que se tuviese con ella consideración alguna. Cuando, por fin, en 1883 la familia entera fue expulsada de la nación, estableció la residencia en Lima, obviamente con las estrecheces propias de los exiliados despojados de sus bienes.

En su nueva patria pronto comenzó a ser una figura conocida, entre los años 1884 y 1894 vivió alimentándose de la Palabra de Dios, asistiendo a retiros espirituales, participando de las asociaciones marianas existentes en la Iglesia Santo Domingo y la Iglesia San Pedro, donde fue una de las fundadoras del Rosario viviente. Volvía a vivir su vida piadosa de siempre.

Era Alta, de contextura más bien delgada, de trato distinguido, con una personalidad firme y serena.


Padre Eustasio Esteban (agustino- Recoleto Español)
fue el director espiritual de la madre Rafaela
En 1894 comenzó a dirigirse con el agustino español P. Eustasio Esteban, futuro general de la Orden. De su mano no tardó en advertir que el Señor la llamaba a fundar una congregación religiosa con la finalidad de alimentar e instruir a la infancia y juventud femeninas necesitadas de ayuda y protección, ofreciendo los sacrificios que tal quehacer habría de comportar en favor de los pecadores y el alivio de las almas del purgatorio.

A mediados de 1895 se separó de la familia y pasó a vivir en un modesto apartamento arrendado, adoptando desde entonces el nombre de Rafaela de la Pasión, -"mi alimento, mi sostén, mi fuerza"- y el de Agustinas Hijas del Santísimo Salvador para sus hijas, sin otro distintivo externo que el de vestir de negro, con un crucifijo sobre el pecho y un rosario pendiente de la correa o cintura agustiniana.

Falleció santamente en Lima el 25 de noviembre de 1918 a la edad de 82 años. Sus restos mortales se encuentran en el jardín del convento de Nuestra Señora del Prado de Lima, d
esde el 28 de agosto de 1980 y después de 35 años el Señor nos concede la gracia de trasladarla a la Iglesia nuestra Señora de la Consolación del Distrito del Rimac en Lima - Perú el 23 de Noviembre del 2015.


El 6 de febrero de 1987 la Santa Sede concedió el nihil obstat para la instrucción del proceso diocesano. Concluido éste en 1989, obtuvo el decreto de validez de la Congregación de los Santos el 6 de marzo de 1992. La "Positio" fue entregada en 2001.
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Autor: Fernando Rojo, o.s.a.


Bibliografía
[ESTEBAN, E.], OSA., La Sierva de Dios Madre R. de la P. V., Lima 1938; RANO, B., OSA., Agostiniane Figlie del SS. Salvatore, en DIP. 1, Roma 1974, c. 208-09; BULNES, Y., R. de la P. V., alma misionera en la contemplación y acción, Roma 1982; APARICIO, T., OSA., R. de la P. V., en ArchAg. 70 (1986) 195-294; ROJO, F., OSA., Veintemilla Villacís, Raffaella della Passione, fondatrice della Congregazione delle Religiose Agostiniane Figlie del Ss. Salvatore, en BSS. II App., Roma 2000, c. 1457-59.
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Causa: Jiron Ancash Nº 880, Aptdo. 5266, Lima 1, PERU


Padre Eustasio Esteban (agustino- Recoleto Español) fue el director espiritual de la madre Rafaela y el cual le ayudo a fundar la congregación y fue el autor de sus primeras constituciones el cual impulso los primeros años la congregación.
Estampita y Oración de

martes, 4 de julio de 2017

Rosa Elena Cornejo Pazmiño, Fundadora

Rosa Elena Cornejo Pazmiño, Fundadora
Madre María Francisca de las Llagas

Nació 11 de diciembre de 1874
+ 24 de Octubre de 1964. Quito - Ecuador.

Rosa Elena Cornejo Pazmiño nació el 11 de diciembre de 1874 en la ciudad de Quito - Ecuador, como alma privilegiada y predestinada por el Señor con una vocación y carisma singulares, recibió el santo bautismo el día de su nacimiento bajo el nombre de Rosa Elena. Su madre, doña Natividad Pazmiño, mujer piadosa, que pertenecía a la Tercera Orden Secular de San Francisco, supo educarla solícitamente por sí misma desde los primeros años, y luego, confiándola, a los cinco años de edad, a la esmerada educación de las Hermanas de la Caridad en el Colegio San Carlos, A los diez años, la niña Rosa Elena, recibe fervorosamente la Primera Comunión, acontecimiento que marcó su espíritu con la más ardiente devoción a la santísima Eucaristía.

Más adelante aprende bordado y costura, lo cual le permite a la vez desarrollar sus especiales dotes manuales y artísticas y fomentar la piedad y devoción eucarísticas, cosiendo y bordando manteles de altar, velos y frontales.

Al cumplir los 17 años, anhelosa de vivir su compromiso cristiano, ingresa en la Tercera Orden Seglar de San Francisco, en la que se distinguió por su fervor y la más fiel observancia de la Regla.

Su madre le había infundido desde muy temprana edad, la más entrañable devoción a la Santísima Virgen, la que iría cultivando a través de todo su vida, hasta convertirse en vivencia de total consagración Mariana: "Yo, María Francisca de las Llagas tomo a María Inmaculada por Medianera, Protectora, Madre y Maestra por todo el tiempo de mi vida", escribió en 1920 en su cuadernito de propósitos espirituales.

Quedó huérfana a los 19 años de edad, acogiéndose a la piedad y trabajo en las labores manuales con que atendía a su franciscana subsistencia. Ahondó cada vez más en las virtudes que caracterizaron su personalidad espiritual: desprendimiento de sí misma, decisión de entrega al servicio del Dios altísimo, vivencia intensa de fe y amor al Señor Jesús del Evangelio y de la Eucaristía y a su Madre la Virgen María.

Emitió sus votos religiosos temporales en 1902 en compañía de cuatro Hermanas que habían perseverado del grupo de Noviciado, así dio comienzo a su vida regular , en la que María Francisca de las Llagas se distinguía por su fidelidad a la Regla y Constituciones, por su trabajo y abnegación, por su acendrada fe y devoción a la Santísima Eucaristía, por la fortaleza y entereza de espíritu para sobrellevar con verdadera alegría espiritual, auténticamente franciscana, las privaciones de una extremada pobreza. Como San Francisco experimenta la bienaventuranza de los verdaderamente pobre s de espíritu que solo buscan la voluntad del Padre que está en los cielos y alcanzan a ver el Reino de Dios.

El Señor le concedió 90 años de vida a través de los cuales no solamente hizo acopio de eximias virtudes, sino que en premio de ellas le concedió ver el fruto de sus oraciones y sacrificios, la Congregación de Religiosas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada es aprobada por el Santo Padre el bondadosísimo Juan XXIII, mediante el "Decretum Laudis" expedido el 27 de Abril de 1962.

Causa de beatificación de María Francisca de las Llagas, Fundadora del Instituto de Hermanas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada

En el año de 1985 La Madre General con su Consejo de Gobierno solicita al Rvdo. Padre Julián Bravo, S.J., ser Postulador de la Causa de la Madre María Francisca de las Llagas. Además, establece una Comisión de cuatro Religiosas para la coordinación de la Causa de la Sierva de Dios y nomina Coordinadora a Sor Ana Josefina Villacreses De la Torre, Ex - Superiora General.

En enero de 1986 la Superiora General solicita a la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos la iniciación del Proceso de Beatificación de la Madre María Francisca de las Llagas. El 22 de marzo llega de la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos el "NIHIL OBSTAT" a la Arquidiócesis de Quito, con el cual se inicia el Proceso a nivel Arquidiocesano. El 2 de junio Mons. Antonio González Zumárraga, Arzobispo de Quito, conforma el Tribunal Arquidiocesano para iniciar el Proceso de Beatificación y canonización de la Sierva de Dios: Mons. Antonio González Z., Arzobispo de Quito, Mons. Gustavo Naranjo, Promotor de la justicia, Mons. Julio Espín y Mons. Gilberto Tapia, Jueces y el Padre Julián Bravo, asume la responsabilidad de Postulador de la Causa.

El 8 de junio el Señor Arzobispo de Quito promulga oficialmente el Decreto "NIHIL OBSTAT", en la Solemne Eucaristía celebrada en la Catedral Metropolitana, con motivo de la celebración de los 85 años de Fundación del Instituto, con el cual se inicia la causa de beatificación de la Madre María Francisca de las Llagas, en la Arquidiócesis de Quito. El 13 de junio, Mons. Antonio González Zumárraga, con el Tribunal conformado, realiza la apertura del Proceso de Beatificación e inician el trabajo.

El 13 de diciembre de 1991 en la Catedral Metropolitana, Mons. Antonio González Z. en Solemne Eucaristía clausura el proceso de Beatificación realizado a nivel Arquidiocesano, con la asistencia de Obispos, Sacerdotes, Religiosas del Instituto, Religiosas de otras Comunidades y Familiares de María Francisca de las Llagas.

El 15 de mayo de 1992 viajan a Roma el Padre Julián Bravo, S.J., Postulador de la Causa, las Hnas. Superiora y Secretaria Generales con la finalidad de entregar el Proceso de Beatificación en la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos. El 2 de junio en Roma - Italia, Mons. Antonio Casiere, Canciller y Abogado de la Congregación para la Causa de los Santos, realizó la apertura del Proceso de Beatificación y Canonización de la Sierva de Dios María Francisca de las Llagas, en una Ceremonia reservada y sencilla, en la sala del Archivo de la Cancillería. Se la inscribió con su nombre completo "María Francisca de las LLagas" considerada como " La mujer nueva en la Iglesia".

En el año 1993 el Consejo General nombra a la Hna. Nieves Carrión para que colabore con los Padres Relator y Postulador de la Causa de Beatificación en Roma, en la elaboración de la Positio, el Prefecto de la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos Excmo. Señor Cardenal Angelo Felice, expide el Decreto de validez del Proceso realizado a nivel Arquidiocesano y nombra al Padre Relator Daniel Ols, O.P.

El Padre Julián Bravo SJ. Postulador de la Causa con la Hna. Aída Cisneros Secretaria, continúan en la elaboración de los escritos que solicita el Padre relator, el Padre Juan Folguera, O.F.M. fue nombrado Postulador (q d D g) retorna al Padre Celestial y en su lugar es nombrado Postulador de la Causa el Padre Luca De Rosa, O.F.M.

El Proceso continúa su marcha. El Espíritu del Señor que impulsa y anima a la Iglesia nos llene de esperanza para verla a Nuestra Madre Fundadora María Francisca de las Llagas venerada entre los Santos.


Está situada al sur del centro colonial de Quito. Es la primera Recoleta construida piedra a piedra, limosna a limosna y continuado sacrificio de los Padres Franciscanos.

Este es el centro de Espiritualidad de las hijas de Francisco de Asís. Es la casa madre del Instituto de Religiosas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada, donde nuestra Madre Fundadora y sus dos compañeras llegaron solas y desprotegidas para iniciar su epopeya franciscana el 5 de Junio de 1897.


"ES NECESARIO MORIR A TODO PARA VIVIR DE DIOS Y PARA DIOS"
(María Francisca de Las Llagas Cornejo Pazmiño)


Franciscanas Misioneras de la Inmaculada,
Calle Domingo Espinar, 113,
Aptdo. 17-08-81-29, Sc. 8, Quito, ECUADOR
Estampita y Oración, de la