viernes, 21 de julio de 2017

Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa, Monja Concepcionista

Venerable, Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa, Monja Concepcionista
Enero 16

1563 - + Enero 16, 1635

Mariana fue la primogénita de D. Diego Torres Cádiz y de Doña María Berriochoa Álvaro, que también tuvieron dos hijos varones; nació en el año 1563 en España.

La familia vivía en un pueblo de la provincia de Vizcaya, junto a las dependencias de la parroquia. Esta dichosa vecindad, a sus siete años, le daba lugar a ciertas fugas inocentes y frecuentes, con dirección segura y por todos conocida: ir a los pies del Sagrario, donde su corazón encontraba el amor de su vida.


Un día se produjo un gran incendio a causa de un descuido del sacristán, que consumió todo el templo, parroquias y sus dependencias, llegando el fuego hasta su casa, sus viñedos y pertenencias, reduciéndoles casi a la mendicidad. Por estas y otras razones, con esfuerzo y sacrificio, la familia se vio obligada a salir a Santiago de Galicia.

Rumbo a las Américas
En 1556, las piadosas mujeres de Quito, en comunión de ideales con su primer obispo, Don García Díaz Arias, habían elevado ferviente petición al Rey de España, Don Felipe II, para la fundación de un Monasterio de la Limpia Concepción.


Pasados algunos años, el Rey escogió personalmente en la provincia de Galicia, a cinco monjas Concepcionistas, que bajo la dirección de la Madre María de Jesús Taboada, llevasen a Quito el espíritu de la Orden de la Inmaculada Concepción.

Marianita contaba tan solo 8 años cuando lo supo. Creyó llegada la hora para dar expansión a sus ansias de amor sacrificado, correspondiendo a su Divino Esposo.


Rogó y obtuvo de su tía, la Madre Taboada, que la llevara consigo como aspirante a la vida religiosa.

Los razonamientos de su madre, peticiones de su padre y hermanos no fueron capaces para dar marcha atrás. La precoz niña veía ser esa su vocación y le hacia mucha ilusión. Se bien que, grande era el dolor de la separación de sus padres y de su patria, más grande era el fuego del amor Divino.

Después de pasar por grandes vicisitudes, al fin, al clarear el 30 de Diciembre de 1576, los clarines y tambores de la banda alegraban al pueblo por la llegada de las religiosas fundadoras.

Marianita, cuya entereza de ánimo no había flaqueado en la extremadamente dura prueba de la travesía; se convirtió en un núcleo de admiración y respeto.

Consagración al Señor
El 13 de enero de 1577, fue una fecha muy importante para la comunidad, que veía realizada la fundación. Por entonces Marianita estaba de Postulante. El 8 de septiembre de 1579 cumplidos todos los requisitos y casi cumplidos los 16 años, en una sencilla ceremonia tomó el Santo hábito. Sobresaliendo en la oración y la penitencia, se decía de ella, que "era una monja en miniatura".

El 4 de Octubre de 1581, Marianita, emite sus Votos entregándose por entero al Señor en un Místico Desposório: "Dios Esposo y dueño del alma ". Acabado de pronunciar los votos de Pobreza, Castidad y Obediencia, Marianita es sacada de sus sentidos y entra en un gozo estático por la aparición del Señor, quien amorosamente le acepta como Mística Esposa y le da a conocer profecías que se irán cumpliendo en el transcurso de los siglos, llegando hasta el siglo XIX.


En los Oficios del Monasterio
Fue muy probada por su propia tía, y en todo sobresalía con la virtud y humildad.
Se distinguía en todos los oficios  que le tocaba. Hay constancia de hechos con matices extraordinarios, como el multiplicar panes, porque no llegaban a toda la comunidad, siendo 'provisora'.

Curar a una joven que se dedicaba a los menesteres de la cocina y que un día se quemó la cara y el brazo; viendo que el facultativo no daba esperanzas por haberse formado ya una gangrena, ella se ofreció a atenderla y en un mes, hizo que todo desapareciera, sin dejar huellas.

Su alma se recreaba y gozaba con los detalles para los actos litúrgicos y sobretodo la Eucaristía, cuando era sacristana; también como vicaria de coro formó jóvenes en el canto, y armoniun para la solenmización de la liturgia.

La ciudad de Quito le llegó a conocer por sus consejos y ayudas que hacía con las personas que se acercaban al Monasterio, como la Madre.

Como Abadesa
A la muerte de su tía, la Madre María de Jesús, el año 1593, que había llevado 16 años en el cargo de abadesa y fundadora; la Madre Marianita fue proclamada por unanimidad Abadesa del Monasterio, contaba con 30 años.


Llega el término de su primer trienio, es reelegida por segunda vez, pero donde el Divino sembrador había regado, abonado y fecundado el dorado trigo, había crecido la cizaña. Una monjita criolla, a quien  los cronistas de su tiempo denominan "la capitana", apoyada por un eclesiástico, pariente suyo, provocó la desunión monacal.


Por aquellos tiempos la diócesis de Quito estaba bajo la dirección del Obispo Franciscano, Fray Luis López de Solís. Su vicario general, dejándose llevar por las palabras de la "monja capitana" destituyó de su cargo a la Madre Marianita y fue encarcelada en el mismo monasterio. Sólo la sacaban al refectorio para recibir de la comunidad improperios, insultos, desprecios, etc. mas ella, todo lo recibía con gran humildad y obediencia. Este ejemplo de sumisión, de no defenderse y solo confiar en su amado que todo lo sabe y lo permite para el bien del alma, sirvió para que otras hermanas se unieran a ella, llegando a 25 que pasaron por los mismos castigos, porque comprendieron que la cosa iba mal en la comunidad.

Por fin llega a los oídos del Obispo lo que estaban pasando en el Monasterio de la Limpia Concepción. Con dolor escuchaba las quejas del pueblo. Acudió pues al Monasterio para informarse personalmente y poner las cosas en su sitio y  la normalidad se fue restableciendo poco a poco gracias también a la bondad de la Madre Mariana de Jesús.

Aliento y consuelo de los demás
Uno de los muchos casos es el siguiente: Una madre que temía perder a la niña que esperaba con mucha ilusión, corrió al monasterio a pedir oraciones a la 'madre Marianita' y ésta le retornó a la hermana portera el obsequio de "agüita de anís del país" para que la tomara con confianza de que su parto iría bien y daría a luz una hermosa niña, sana, robusta, destinada por Dios para el Monasterio.


Pasado el tiempo, la niña ingresó en el convento. Se preparó para recibir el hábito y profesión religiosa y emprender el camino de la perfección, esforzándose siempre por pisar en las mismas huellas de santidad de su maestra; y así fue.


Cuando desempeñaba el oficio de enfermera, le preguntó a la madre si deseaba recibir los últimos sacramentos, esta le contestó que todavía no había llegado su hora, que los recibiría gozosamente el 16 último de su vida. Apenada la joven religiosa la dice:


Madre le ruego me lleve y no me deje ya que no tengo fuerzas físicas para resistir la dura prueba, a lo que la madre le respondió: pide al Señor esta gracia, si le place concedértela, prepárate para irnos. Y así sucedió, ella pide permiso a su madre abadesa para morir, pide que se le conceda el hábito más viejo para su mortaja, pide que venga su confesor, pide un hoyito en la huerta para su entierro, pide perdón a toda la comunidad y llena de alegría va a los pies de Jesús y se deshace en lágrimas de felicidad.

Cuando la madre Mariana murió, ayudó a preparar las cosas en la sacristía y ya colocado el cadáver en el coro para la ceremonia que se celebra al día siguiente, pidió a la Madre abadesa que le dejara pasar junto a su madre el último momento.

Se le concedió y se colocó a los pies con la frente y las manos sobre ella y no se movió de allí hasta que a la una de la madrugada vino la madre trayéndole una taza de caldo para que tomara y al llamarle no respondió; le llamó mucho la atención porque era una hermana dócil, la tomó del hombro para verla y cual fue el susto verla muerta con sangre en sus manos, boca y los pies de la difunta. La llevan a la celda y solo pueden confirmar su muerte. Así pues, la hermana Zoila Blanca Rosa de Mariana voló al cielo junto a su madre y maestra.

Era vista en Quito, como la 'madrecita' que arreglaba los problemas y conflictos familiares.

También se da fe del don de bilocación en Madre Mariana, para ayudar a los que se encomendaban a ella cuando hacían viajes en mulos ya que los caminos estaban llenos de ladrones.

Últimos días
La Navidad de 1534 fue una fiesta inolvidable para toda la comunidad, porque sabían que sus días se acortaban y todas querían unas palabras de la madre querida, que les decía entre otras cosas: "Mirad hijas mías, que mi destierro se ha prolongado mucho, todas mis hermanas fundadoras gozan ya de la visión de Dios, dentro de un mes y medio también yo os dejaré, como nos han dejado ellas".

La llama su biógrafo la 
"Monja que muere tres veces" porque se comprueba histórica y documentalmente que esta bendita monja, murió realmente en el año 1582; luego sigue viviendo y muere por segunda vez el 17 de septiembre de 1588, para resucitar y volver a morir definitivamente el 16 de enero de 1635 a la edad de 72 años.
A las tres de la tarde dejó de latir el corazón de Madre Marianita.


Cuerpo incorrupto de Madre Mariana de Jesús Torres, a quien Nuestra Señora del Buen Suceso le apareció en 1634 y le hizo numerosas profecias, varias de ellas ya realizadas, otras que se están cumpliendo y otras por fin que deben ocurrir.
Después de la muerte
Todo el pueblo de Quito se volcó para ver por última vez a la 
"madrecita buena". Entre el gentío había una pobre mujer, llamada Petra Martínez que deseaba llegar a las rejas del coro y suplicar curase a su niña ciega de nacimiento, que contaba con cinco años. No cesaba de repetir:


"Madre Marianita, duélete de nosotras! ¿Qué será de esta niña, después de mi vida? ¿Quién le acariciará como lo hacía vuestra merced? Insistía la madre, deje que la mire por primera y última vez mi niña, luego la madre metía la mano por las rejas con solo el deseo de coger una rosa que adornaba las andas y al no conseguir lo deseado salió corriendo y trajo un palo y así obtuvo lo deseado y con gran alegría cogiendo a la niña le frotaba los ojos pidiéndole a la madre Marianita le curase.

Y así entre llanto y súplicas se quedaron dormidas por un buen rato. Al cabo, la madre se despertó y comenzó nuevamente con sus rezos que despertó a la niña, la cual se incorporó poco a poco en las faldas de su madre y luego dando un salto a las rejas exclamando:

"Madre Marianita qué bonita ha sido, pero no duerma ya más, despiértese y levántese, otra madrecita tan bonita también está durmiendo"


A estas voces la madre no cabe en su asombro y el milagro se cumplía.

Son muchos los prodigios obrados por la intercesión de esta sierva de Dios.
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