domingo, 23 de julio de 2017

Sor Eufemia de San Agustín, Religiosa Marianita

Sor Eufemia de San Agustín, Religiosa Marianita
Dolores Herminia Moscoso Zambrano
1888 - Noviembre 25, 1919

RELIGIOSA.- Nació en la entonces parroquia de Piñas, Cantón Zaruma, Provincia de El Oro, en 1.888, en casa de sus padres, actual calle Bolívar Madero, "grande, bonita y espaciosa, ancha y alta, con un jardín adelante bien cuidado y limpio y corredores amplios y largos." Fue hija de Manuel Moscoso Espinosa, natural de Cuenca, que contrajo matrimonio después con Rosa Aguilar fallecida a poco tras el nacimiento de una hija y de Senaida Zambano Morales, de Pinas, fallecida hacia 1.893, que antes de su unión con el señor Moscoso había enviudado de un señor Castillo, de donde procedía Regina Castillo Zambrano. Los Moscoso Zambrano fueron tres: Obdulia, Herminia y Luís Ángel. Su biografía ha sido escrita por el padre Hugo Vásquez y Almazan a quien seguiremos en lo posible.

Creció bonita sin ser bella, blanca, de regular estatura, pelo castaño y ojos negros pero perdía muy pronto la paciencia lanzando al suelo lo que tenia entre sus manos y como buena colérica le encantaba mandar, gobernar y dirigir los juegos con honradez pues cuando alguien hacia trampas reclamaba. Con su prima Ibelia Loayza Añazco era inseparable. Al mismo tiempo era tímida posiblemente por la orfandad materna.

Su padre era responsable, trabajador, tierno y en materia de ideas politicas su pensamiento liberal era de avanzada y por lo tanto anticlerical. Herminia nació con buena voz y oído musical. Cantaba con afinación. Un pariente suyo que era ebanista le confeccionó su primera guitarra y sin profesores aprendió a tocarla y como era zurdalo hacia al revés. Después también tocaría piano y arpa. Su hermano Luis Ángel le construyó un arpa, era de madera tosca y se conservó en su casa por muchos años.

Inteligente y amable, dueña de una gran imaginación y fantasía, cuando en la escuelita del pueblo le contaron algunos episodios de la vida de Mariana de Jesús, se impresionó mucho y quedó tan encantada con la idea de correr aventuras, que con su prima Ibalia decidió hacerse ermitañas, huir de sus casas y refugiarse en alguna montaña cercana. El plan fue consultado al Párroco de Pinas, Juan José Laoyza, que se rió de esta exageración infantil y recomendó a los padres de ellas que las mandaran a estudiar internas a Loja, al Colegio délas Mañanitas, fundado en 1.903 por la Madre María Uquillas.

Allí encontró la compañía de Sor Josefina del Carmen, que ejerció tal influjo sobre la niña huérfana, que esta halló por fin a la madre perdida y fue ganada de por vida por elambiente religioso.

El reglamento religioso del Colegio era muy exigente y hasta se aplicaban castigos físicos como pegar a las niñas y tirarlas de los cabellos-lo cual era usual en la época -aunque la Ley lo prohibía y la superiora de la Congregación cuya sede esta en Riobamba, lo repudiaba.

El uniforme era negro con una cinta azul cruzada al pecho. Debían confesarse y comulgar una vez al mes y una vez al año hacer los ejercicios espirituales durante tres dias.Las clases se impartían de 6 a 10 de la mfiana y de 11 a 4 de la tarde. Existían alumnas internas y externas, estas solo podían recibir las visitas de sus familiares de 12 a 3 de la tarde. El primer domingo de cada mes podían ir de visita a la casa de sus  padres, pero solo las que vivían en Loja. Las clases comenzaban en Octubre, duraban ocho meses y el noveno se preparaban los examenes finales.

Sus dotes musicales la hicieron sobresalir del común del alumnado y fue considerada para amenizar las horas sociales y las funciones dramáticas musicales del Colegio, especialmente las del final del año lectivo.

En 1.905 comenzó una libreta de apuntes íntimos con pensamientos religiosos, anotando sus encuentros con el amado Señor, diálogo humilde con la divinidad, repetición délos mismo siempre aunque con diversas palabras y tonos que sinembargo presagiaba su espiritualidad. No tuvo estilo literario ni el fondo contiene novedad alguna, pero es una prueba de la accesis a la que llegaría con el tiempo, de unión permanente con Dios. Y como era usual en esos tiempos empezó discretamente a usar un cilicio formado por una cinta con tachuelas para el brazo y colocando piedrecillas de distintos tamaños debajo del colchón para mortificarse por las noches. Al ocurrir wsu muerte se encontró un cordón con púas y huellas de sangre usado para martirizar el cuerpo con disciplinas.

Ya desde el colegio aprendió a ayunar y solo consiguió volverse anémica, de suerte que tuvo que solicitarle a su padre el envío de pildoras de hierro. Quienes la conocieron y trataron por entonces la han descrito como alegre, inteligente y estudiosa, sumamente simpática, sobretodo cuando hacia cuentos. Dentro del plan de estudio se daba gran importancia a las manualidades o granjerias, es decir, a labores de mano, por ello aprendió a bordar, a coser, a fabricar flores de tela y de papel que resultaban grandes y bonitas, de una hermosura única y cuando alguna de sus compañeritas echaba a perder algún trabajo, perdía la paciencia, se disgustaba y la recriminaba porque según decía, no trabajaba por amor de Dios.

En Junio de 1.906, tras superar los tres grados: ínfima, media y suprema, regresó a Pinas sin saber cual seria su destino pues quería hacerse monja Mañanita pero su padre le había suguerido que trabaje como Profesora fiscal porque en esa población existían muchísimos niños sin instrucción que necesitaban de sus servicios. Asi fue como empezó en Noviembre de 1.906 una situación que haría crisis cuatro años más tarde, el 25 de Enero de 1.911.

Ya en su casa, enseñada a la rigidez de los horarios del Colegio, decidió hacerse el suyo propio desde las 6 de la mañana. Vestirse y asearse, oración de la mañana y luego un cuarto de hora de oración mental, desayuno y trabajo hasta las 10. Comida, recreo, visita al Santísimo que estaba en la iglesia a menos de ocho cuadras y lectura espiritual. A las 12 oración mental y examen particular. De 1 a 4 de la tarde trabajo. Scomida, recreo y estudio. De 8 a 9 rosario, lectura de los puntos de meditación para el dia siguiente, oraciones particulares. Examen de conciencia y acostarse. Mensualmente dedicaba un dia a retiro espiritual y cuando se suscitaban problemas en su familia iba a una gruta cercana a rezar. Pronto y a través del párroco de Pifias, ingresó a la Asociación de Hijas de María. Para hacer penitencia se había mandado a fabricar unos botines sumamente apretados que los usaba a diario para ir a misa. La iglesia parroquial no tenia bancas y un empleado doméstico llevaba su reclinatorio. En las procesiones, cuando le tocaba llevar el estandarte, iba con guantes. 

Como maestra de la escuelita que funcionaba en Pinas cumplía siempre con su deber, diariamente era la primera en llegar y abría las puertas, ella misma tocaba el himno nacional en las festividades, se hizo querer de sus alumnas por la música, se rodeaba de las niñas, que ilusionadas le pedían que tocara la guitarra.
 
También concurría a las fiestas sociales de la población, esto lo hacia más por agradar a su padre que por otras razones. En su casa tocaba el arpa, brindaba cafe, galletas, dulces que ella misma preparaba. Era toda dulzura y amabilidad. En alguna ocasión la invitaron a bañarse en el rio pero como estimó que este inocente pasatiempo era contrario al recato, rechazó la propuesta. Asi era de mojigata. De pronto le comenzaron a salir pretendientes, un señor White trabajador en las minas y Darlo Maldonado, pero los rechazó. Después un joven colombiano de apellido Solis, conocido por ser una persona trabajadora y de buenas costumbres, a quien al principio también rechazó, pero fue tanta su insistencia y tantos sus versos y requiebros, la perseguía en la iglesia y en la calle, asistían a las mismas reuniones y hasta por la ventana de la escuelita le hacia guiños y decires, que pronto terminó saliendo con él. Fragmento.- // Tus ojos Herminia, / me encantan a mi / aun más que las rosas / aun más que el jazmín / aun más que las perlas / aún más que el rubí. / Por eso sin ellos, / no puedo vivir. //

El 1 de Agosto de 1.909 comenzó a escribir unos apuntes íntimos que tituló "Mis luchas". Allí fue anotando su desazón pues le costaba trabajo escoger entre el amor humano y el divino. Finalmente le dijo no a Solis y lo perdió de vista, desde entonces se hizo silenciosa y diariamente se retiraba a orar a un lugar cercano y sentada sobre una piedra grande, en dicha apartado recinto, rezaba en silencio, todo ello para que no la vieran sus familiares. Era una profesora soltera de 23 años de edad, contextura normal, carácter dulce y conducta arreglada, que cantaba bonito y tocaba instrumentos musicales.

El problema de la dote, lo que no podía hacer su padre dada la pobreza del hogar, lo suplió el Párroco de Pinas con celeridad y subsanado este problema inicial emprendió el viaje a Riobamba. Su padre no quiso despedirse de ella, lo cual puede tener dos explicaciones. La una, que no estaba de acuerdo con su determinación de hacerse monja y dos, que le costaba mucho decirle adiós a su hija, a quien posiblemente no volvería a ver jamás. En el camino Herminia conoció a su tio Francisco Moscoso Espinosa y a los hijos de él, con quienes conversó y se alegró muchísimo, porque eran jóvenes muy buenos, cariñosos y formales. En Cuenca llegó a casa de varios familiares, finalmente fue admitida en la Casa Madre el 3 de Febrero por la Madre Imelda Torres y su prima Ibelia Loayza Anazco, que había adoptado el nombre de Claudia de San Luis.

Herminia aprendió el Costumbrero que enseñaba a las monjas a saber sentarse honestamente, cómo sonreír, etc. una especie de Manual de Urbanidad de Carreño, pero más estricto. También escuchó decir que el alma de la Madre Mercedes de Jesús Molina solía presentarse por las noches a las novicias que no eran muy devotas, lo cual servía para mantenerlas de susto en susto. También aprendió a tocar el órgano de la Casa y cuando advino la guerra civil tuvo miedo que el gobierno quitara la Casa a las Mañanitas a fin de transformarla en cuartel para los soldados pero pronto volvió la calma. El dia de San José tomó los hábitos de novicia con otras dos postulantes: Marcelina Hidalgo y Elisa Cueva. Su nuevo nombre fue Eufemia de San Agustín, que  suena algo folklórico, sobre todo en alguien que a lo mejor ni siquiera conocía las obras del Obispo de Hipona o quizá solo sabia de ellas superficialmente.

Con la timidez inicial de sus primeros años, ahora encausada por el silencio, solía repetir a las postulantes: Tenemos que obedecer, respetar y amar a la Madre Maestra. Era la dulzura personificada y pronto fue electa la Mayor, que debia dar los permisos a sus compañeras. Para las fiestas organizaba los cantos, los ensayos, en fin, todo. El 1 de Noviembre de 1.914 recibió el velo de profesa, formuló los tres votos de pobreza, obediencia y castidad y cumplió su sueño de niña, volverse monja.

En Abril del 15 abandonó por primera ocasión la Casa Madre a fin de preparar a un grupo de niñas del Colegio Mariana de Jesús en Cajabamba, para que reciban la primera comunión. Luego renovó sus votos por tres años, en Mayo del 16 estuvo en Colta ayudando en los exámenes. El 17 se preocupó por su padre que seguía siendo liberal anticlerical y ella -dale que dale - quería convertirlo a toda costa en católico practicante.

Poco después, por razones de salud, no la mandaron a Colombia como tenían pensado sus superiores, pero fue enviada con otras siete monjas a realizar la fundación del Colegio de San José de Chimbo, población que gozaba de mejor clima. Ella anotaría después: Las niñas son humildes pero no tontas.

En toda comunidad hay malquerencias y envidias y en Chimbo no podían faltar tampoco. En el caso de Eufemia fue una tirantez con la Madre Clemencia de San Luis, pero como se dio el trabajo de unirse a todas sus compañeras con humildad, caridad y mansedumbre, haciendo múltiples oficios, incluso el de secretaria, casi sin quererlo se convirtió en una buena amiga y compañera. Además se distinguía por su intelectualidad y alegría.

En cierta ocasión una de sus compañeras se le acercó a contarle sus cuitas, esperando encontrar palabras de comprensión y aliento, pero lejos de ello, recibió como única respuesta: Madrecita querida, déjese de pensar, venga y cantemos. La cuitada quedó tan sorprendida como azorada pero después comprendió la sabiduría de la respuesta y hasta agradeció el gesto de optimismo. Meses más tarde la Madre Clemencia fue designada nueva Superiora y como era agria de carácter y tontísima de inteligencia, no escatimaba momento alguno para llamarle la atención, dizque para que no le creciera la menor brizna de orgullo. Con tal motivo, ya sea delante de la comunidad, de las niñas, de los padres de familia o de cualquier persona extraña, la regañaba como a niña.

Sor Eufemia, aunque no hubiere cometido la falta, se arrodillaba, besaba el piso y le pedia perdón. La Superiora le ordenaba que se levante y se marche, pero ella - antes de irse - con una gran sonrisa le contestaba: Madre Superiora ¿Hay que contestar algún oficio del Ministerio? ¿Hay que enviar alguna carta? ¿Hay que escribir alguna tarjeta? Lo cual le sonaba a la Directora a burla, aunque bien pensado el asunto, era una muestra más del buen carácter de Sor Eufemia.

En la escuela de Chimbo daba clases a las niñas de quinto y sexto grado. Sus pasos no ofendían a nadie, eran buena, virtuosa, linda, rosada y humilde. Se hacia querer, solía saltar y jugar con las niñas porque la alegría es buena siendo cosa de Dios. Sus clases de catecismo eran consideradas maravillosas. En Noviembre de 1.918 renovó  sus votos. El Párroco de Chimbo, Rafael Tirso Poveda, que las había ayudado a mantener la escuelita, se negó a seguirlo haciendo y las madrecitas empezaron a coser y a bordar para ganarse el diario sustento.

El 13 de Noviembre de 1.919, próximo el segundo aniversario de la Madre Clemencia como Superiora en Chimbo, las monjas pidieron a Eufemia que prepare los festejos con números de música y canto. Como estaba cansada ésta le dijo a la madre Sabina que deseaba ir a tomar un baño en Pindiagua, balneario situado a pocas cuadras de la plaza central de Chimbo, pero calculando que no haya gente. Estaba sudada cuando llegó al balneario y como alguien le dijo que llegaban las niñas de la escuela, sin esperar dos veces se lanzó a las aguas frías y salió enseguida para evitar que las niñas la vieran.

Cuando regresó tosía y ardía en fiebre. El Dr. Noboa que fue llamado desde Guaranda, le ordenó guardar reposo absoluto. El Miércoles 19 amaneció mejorcita pero al enterarse que una familiar del Dr. Cicerón Cisneros, médico de Pelileo radicado muchos años en Chimbo, habla solicitado en la portería que hagan oraciones por su conversión pues estaba en camino de irse al infierno por liberal. Eufemia exclamó como Mariana de Jesús, cuya Vida sabia casi de memoria. ¡Dios mió, si mi vida es necesaria para la conversión del Dr. Cisneros, acéptala, te la ofrezco por él¡.

Sor Clemencia, que habla escuchado tal despropósito, le respondió: Hijita, su vida es necesaria para la Congregación. No la ofrezca, ofrézcale sus dolores. Entonces Eufemia volvió a exclamar: ¡Señor, no tengo permiso para ofrecerme de victima, te ofrezco mis dolores; Desde ese momento comenzó a sentir terribles dolores, psicosomáticos por cierto.

A la 1 de la madrugada, estando solamente acompañada de la Madre Sabina, le preguntó: Madre Sabina ¿Ve Ud. a la muerte? — ¿En donde está? — Está dando la vuelta al ruedo de mi cama y me dice que a la hora que menos piense vendrá el Hijo del Hombre. La Madre General María también está aquí y me pregunta que donde están mis compañeras, porque son dos más.... La Madre Sabina sintió gran miedo, a pesar de estar en compañía de un niña. Y es que la Madre Eufemia, a consecuencia de las altas fiebres estaba deshidrataba y veia visiones, lo cual no se conocía entonces y hoy su hubiera superado con un simple suero de dextrosa.

El 22 recibió una copa con remedio que le ofreció la Hermana Amelia y entonces con mucha gracia le dijo: Permiso para poder decir salud a la Madre Superiora por su onomástico. El 23 recibió el viático, comprendió que se mona, pidió papel y pluma y escribió a su padre una hermosa y larga carta de despedida, pidiéndole que comulgue siempre.

El 24 amaneció muy mal, fue visitada por el Dr. Noboa y cantó unas estrofas a la Virgen. La Superiora, comprendiendo lo injusto de su conducta, se había convertido en su enfermera y edificaba a las demás madres con su ejemplo y bondad. A las seis de la mañana del martes 25 el Dr. Noboa le aplicó una inyección y anunció que no durarla doce horas. La Superiora le dijo: Madre Eufemia, prepárese a comulgar por última vez, Ud. va a morir. 

En sus últimos momentos se ofreció de victima por la conversión de su papacito, el Párroco pidió por la prosperidad de la Congregación, también por el pueblo de Chimbo para que no pierda la fe y por él mismo para ser mejor. Eufemia accedió a todo con mucho gusto y falleció a las 9 de la mañana de ese mismo día, que como ya se dijo fue el martes 25 de Noviembre de 1.919, tenia solamente 39 años de edad.

Al saberse la noticia de su muerte la pequeña población se alborotó pues era muy querida. Su entierro fue apoteósico, de las poblaciones cercanas llegaron todas las bandas de música, sus alumnas llevaban charoles con pétalos que arrojaban al paso del cortejo. El cofre fue blanco, la vistieron de blanco y con palmas a los lados porque asi se enterraba a las vírgenes cristianas de la antigüedad, costumbre que subsistió en las pequeñas poblaciones rurales ecuatorianas hasta bien entrado el siglo XX como rezago de los tiempos del coloniaje español. Antes de enterrarla y en presencia de las autoridades se abrió el cofre y la encontraron tibia. Se dijo que estaba aun viva, pero otros opinaron que los santos asi mismo son y la enterraron de todas maneras. Fue una excelente religiosa y se ha abierto su causa de beatificación para que la Iglesia la condecore con el tratamiento de Santa.

¿I el Dr. Cicerón Cisneros, dejarla sus ideas liberales radicales? Creemos que no, pero tuvo que ausentarse de la población por algunos meses pues su presencia en San Miguel de Chimbo se tornó peligrosa, ya que las gentes le acusaban de ser el causante de la muerte de la madrecita buena.
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