domingo, 23 de julio de 2017

María Hilaria Kajekay, Virgen Laica, El Lirio de los Shuar

María Hilaria Kajekay, Virgen Laica, El Lirio de los Shuar
+Diciembre 11, 1965

Nació en Shuar, Oriente.

El Pueblo Shuar, se diseminaba entre el río Paztaza y el Amazonas, tocando a los Andes.

Sus pobladores agrupados en 9 tribus principales y unas 40 subtribus. El padre ejercía autoridad, y por costumbres tenian varias esposas. Su padre la había entregado al marido de su hermana mayor, como "segunda esposa".

María Hilaria había recibido una formación cristiana en casa de su primo Julio Wajaraw, ella no lo admitió. El primo decía: "Le encantaba oírnos hablar de Dios y rezar con nosotros El Rosario"

Desde allía María Hilaria soñaba con vivir en la Misión de las Hermanas Salecianas de María Auxiliadora.

Se refuguó en casa de Julio y la llevo a las Misiones, las Hermanas la recibieron con inmensa ternura, ella se aferró fuertemente a María Bacio, la directora y le suplicó: "Que si su padre venía a buscarla, No la entregara".

Desde que llegó a la Misión, amó a Jesús y a su prójimo con vistoriosidad. "Quería morir para ir al cielo y poder contemplar cara a cara a Jesús" Murió en Diciembre 11, 1965
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Fuente: Oremosjuntos.net

Sor Eufemia de San Agustín, Religiosa Marianita

Sor Eufemia de San Agustín, Religiosa Marianita
Dolores Herminia Moscoso Zambrano
1888 - Noviembre 25, 1919

RELIGIOSA.- Nació en la entonces parroquia de Piñas, Cantón Zaruma, Provincia de El Oro, en 1.888, en casa de sus padres, actual calle Bolívar Madero, "grande, bonita y espaciosa, ancha y alta, con un jardín adelante bien cuidado y limpio y corredores amplios y largos." Fue hija de Manuel Moscoso Espinosa, natural de Cuenca, que contrajo matrimonio después con Rosa Aguilar fallecida a poco tras el nacimiento de una hija y de Senaida Zambano Morales, de Pinas, fallecida hacia 1.893, que antes de su unión con el señor Moscoso había enviudado de un señor Castillo, de donde procedía Regina Castillo Zambrano. Los Moscoso Zambrano fueron tres: Obdulia, Herminia y Luís Ángel. Su biografía ha sido escrita por el padre Hugo Vásquez y Almazan a quien seguiremos en lo posible.

Creció bonita sin ser bella, blanca, de regular estatura, pelo castaño y ojos negros pero perdía muy pronto la paciencia lanzando al suelo lo que tenia entre sus manos y como buena colérica le encantaba mandar, gobernar y dirigir los juegos con honradez pues cuando alguien hacia trampas reclamaba. Con su prima Ibelia Loayza Añazco era inseparable. Al mismo tiempo era tímida posiblemente por la orfandad materna.

Su padre era responsable, trabajador, tierno y en materia de ideas politicas su pensamiento liberal era de avanzada y por lo tanto anticlerical. Herminia nació con buena voz y oído musical. Cantaba con afinación. Un pariente suyo que era ebanista le confeccionó su primera guitarra y sin profesores aprendió a tocarla y como era zurdalo hacia al revés. Después también tocaría piano y arpa. Su hermano Luis Ángel le construyó un arpa, era de madera tosca y se conservó en su casa por muchos años.

Inteligente y amable, dueña de una gran imaginación y fantasía, cuando en la escuelita del pueblo le contaron algunos episodios de la vida de Mariana de Jesús, se impresionó mucho y quedó tan encantada con la idea de correr aventuras, que con su prima Ibalia decidió hacerse ermitañas, huir de sus casas y refugiarse en alguna montaña cercana. El plan fue consultado al Párroco de Pinas, Juan José Laoyza, que se rió de esta exageración infantil y recomendó a los padres de ellas que las mandaran a estudiar internas a Loja, al Colegio délas Mañanitas, fundado en 1.903 por la Madre María Uquillas.

Allí encontró la compañía de Sor Josefina del Carmen, que ejerció tal influjo sobre la niña huérfana, que esta halló por fin a la madre perdida y fue ganada de por vida por elambiente religioso.

El reglamento religioso del Colegio era muy exigente y hasta se aplicaban castigos físicos como pegar a las niñas y tirarlas de los cabellos-lo cual era usual en la época -aunque la Ley lo prohibía y la superiora de la Congregación cuya sede esta en Riobamba, lo repudiaba.

El uniforme era negro con una cinta azul cruzada al pecho. Debían confesarse y comulgar una vez al mes y una vez al año hacer los ejercicios espirituales durante tres dias.Las clases se impartían de 6 a 10 de la mfiana y de 11 a 4 de la tarde. Existían alumnas internas y externas, estas solo podían recibir las visitas de sus familiares de 12 a 3 de la tarde. El primer domingo de cada mes podían ir de visita a la casa de sus  padres, pero solo las que vivían en Loja. Las clases comenzaban en Octubre, duraban ocho meses y el noveno se preparaban los examenes finales.

Sus dotes musicales la hicieron sobresalir del común del alumnado y fue considerada para amenizar las horas sociales y las funciones dramáticas musicales del Colegio, especialmente las del final del año lectivo.

En 1.905 comenzó una libreta de apuntes íntimos con pensamientos religiosos, anotando sus encuentros con el amado Señor, diálogo humilde con la divinidad, repetición délos mismo siempre aunque con diversas palabras y tonos que sinembargo presagiaba su espiritualidad. No tuvo estilo literario ni el fondo contiene novedad alguna, pero es una prueba de la accesis a la que llegaría con el tiempo, de unión permanente con Dios. Y como era usual en esos tiempos empezó discretamente a usar un cilicio formado por una cinta con tachuelas para el brazo y colocando piedrecillas de distintos tamaños debajo del colchón para mortificarse por las noches. Al ocurrir wsu muerte se encontró un cordón con púas y huellas de sangre usado para martirizar el cuerpo con disciplinas.

Ya desde el colegio aprendió a ayunar y solo consiguió volverse anémica, de suerte que tuvo que solicitarle a su padre el envío de pildoras de hierro. Quienes la conocieron y trataron por entonces la han descrito como alegre, inteligente y estudiosa, sumamente simpática, sobretodo cuando hacia cuentos. Dentro del plan de estudio se daba gran importancia a las manualidades o granjerias, es decir, a labores de mano, por ello aprendió a bordar, a coser, a fabricar flores de tela y de papel que resultaban grandes y bonitas, de una hermosura única y cuando alguna de sus compañeritas echaba a perder algún trabajo, perdía la paciencia, se disgustaba y la recriminaba porque según decía, no trabajaba por amor de Dios.

En Junio de 1.906, tras superar los tres grados: ínfima, media y suprema, regresó a Pinas sin saber cual seria su destino pues quería hacerse monja Mañanita pero su padre le había suguerido que trabaje como Profesora fiscal porque en esa población existían muchísimos niños sin instrucción que necesitaban de sus servicios. Asi fue como empezó en Noviembre de 1.906 una situación que haría crisis cuatro años más tarde, el 25 de Enero de 1.911.

Ya en su casa, enseñada a la rigidez de los horarios del Colegio, decidió hacerse el suyo propio desde las 6 de la mañana. Vestirse y asearse, oración de la mañana y luego un cuarto de hora de oración mental, desayuno y trabajo hasta las 10. Comida, recreo, visita al Santísimo que estaba en la iglesia a menos de ocho cuadras y lectura espiritual. A las 12 oración mental y examen particular. De 1 a 4 de la tarde trabajo. Scomida, recreo y estudio. De 8 a 9 rosario, lectura de los puntos de meditación para el dia siguiente, oraciones particulares. Examen de conciencia y acostarse. Mensualmente dedicaba un dia a retiro espiritual y cuando se suscitaban problemas en su familia iba a una gruta cercana a rezar. Pronto y a través del párroco de Pifias, ingresó a la Asociación de Hijas de María. Para hacer penitencia se había mandado a fabricar unos botines sumamente apretados que los usaba a diario para ir a misa. La iglesia parroquial no tenia bancas y un empleado doméstico llevaba su reclinatorio. En las procesiones, cuando le tocaba llevar el estandarte, iba con guantes. 

Como maestra de la escuelita que funcionaba en Pinas cumplía siempre con su deber, diariamente era la primera en llegar y abría las puertas, ella misma tocaba el himno nacional en las festividades, se hizo querer de sus alumnas por la música, se rodeaba de las niñas, que ilusionadas le pedían que tocara la guitarra.
 
También concurría a las fiestas sociales de la población, esto lo hacia más por agradar a su padre que por otras razones. En su casa tocaba el arpa, brindaba cafe, galletas, dulces que ella misma preparaba. Era toda dulzura y amabilidad. En alguna ocasión la invitaron a bañarse en el rio pero como estimó que este inocente pasatiempo era contrario al recato, rechazó la propuesta. Asi era de mojigata. De pronto le comenzaron a salir pretendientes, un señor White trabajador en las minas y Darlo Maldonado, pero los rechazó. Después un joven colombiano de apellido Solis, conocido por ser una persona trabajadora y de buenas costumbres, a quien al principio también rechazó, pero fue tanta su insistencia y tantos sus versos y requiebros, la perseguía en la iglesia y en la calle, asistían a las mismas reuniones y hasta por la ventana de la escuelita le hacia guiños y decires, que pronto terminó saliendo con él. Fragmento.- // Tus ojos Herminia, / me encantan a mi / aun más que las rosas / aun más que el jazmín / aun más que las perlas / aún más que el rubí. / Por eso sin ellos, / no puedo vivir. //

El 1 de Agosto de 1.909 comenzó a escribir unos apuntes íntimos que tituló "Mis luchas". Allí fue anotando su desazón pues le costaba trabajo escoger entre el amor humano y el divino. Finalmente le dijo no a Solis y lo perdió de vista, desde entonces se hizo silenciosa y diariamente se retiraba a orar a un lugar cercano y sentada sobre una piedra grande, en dicha apartado recinto, rezaba en silencio, todo ello para que no la vieran sus familiares. Era una profesora soltera de 23 años de edad, contextura normal, carácter dulce y conducta arreglada, que cantaba bonito y tocaba instrumentos musicales.

El problema de la dote, lo que no podía hacer su padre dada la pobreza del hogar, lo suplió el Párroco de Pinas con celeridad y subsanado este problema inicial emprendió el viaje a Riobamba. Su padre no quiso despedirse de ella, lo cual puede tener dos explicaciones. La una, que no estaba de acuerdo con su determinación de hacerse monja y dos, que le costaba mucho decirle adiós a su hija, a quien posiblemente no volvería a ver jamás. En el camino Herminia conoció a su tio Francisco Moscoso Espinosa y a los hijos de él, con quienes conversó y se alegró muchísimo, porque eran jóvenes muy buenos, cariñosos y formales. En Cuenca llegó a casa de varios familiares, finalmente fue admitida en la Casa Madre el 3 de Febrero por la Madre Imelda Torres y su prima Ibelia Loayza Anazco, que había adoptado el nombre de Claudia de San Luis.

Herminia aprendió el Costumbrero que enseñaba a las monjas a saber sentarse honestamente, cómo sonreír, etc. una especie de Manual de Urbanidad de Carreño, pero más estricto. También escuchó decir que el alma de la Madre Mercedes de Jesús Molina solía presentarse por las noches a las novicias que no eran muy devotas, lo cual servía para mantenerlas de susto en susto. También aprendió a tocar el órgano de la Casa y cuando advino la guerra civil tuvo miedo que el gobierno quitara la Casa a las Mañanitas a fin de transformarla en cuartel para los soldados pero pronto volvió la calma. El dia de San José tomó los hábitos de novicia con otras dos postulantes: Marcelina Hidalgo y Elisa Cueva. Su nuevo nombre fue Eufemia de San Agustín, que  suena algo folklórico, sobre todo en alguien que a lo mejor ni siquiera conocía las obras del Obispo de Hipona o quizá solo sabia de ellas superficialmente.

Con la timidez inicial de sus primeros años, ahora encausada por el silencio, solía repetir a las postulantes: Tenemos que obedecer, respetar y amar a la Madre Maestra. Era la dulzura personificada y pronto fue electa la Mayor, que debia dar los permisos a sus compañeras. Para las fiestas organizaba los cantos, los ensayos, en fin, todo. El 1 de Noviembre de 1.914 recibió el velo de profesa, formuló los tres votos de pobreza, obediencia y castidad y cumplió su sueño de niña, volverse monja.

En Abril del 15 abandonó por primera ocasión la Casa Madre a fin de preparar a un grupo de niñas del Colegio Mariana de Jesús en Cajabamba, para que reciban la primera comunión. Luego renovó sus votos por tres años, en Mayo del 16 estuvo en Colta ayudando en los exámenes. El 17 se preocupó por su padre que seguía siendo liberal anticlerical y ella -dale que dale - quería convertirlo a toda costa en católico practicante.

Poco después, por razones de salud, no la mandaron a Colombia como tenían pensado sus superiores, pero fue enviada con otras siete monjas a realizar la fundación del Colegio de San José de Chimbo, población que gozaba de mejor clima. Ella anotaría después: Las niñas son humildes pero no tontas.

En toda comunidad hay malquerencias y envidias y en Chimbo no podían faltar tampoco. En el caso de Eufemia fue una tirantez con la Madre Clemencia de San Luis, pero como se dio el trabajo de unirse a todas sus compañeras con humildad, caridad y mansedumbre, haciendo múltiples oficios, incluso el de secretaria, casi sin quererlo se convirtió en una buena amiga y compañera. Además se distinguía por su intelectualidad y alegría.

En cierta ocasión una de sus compañeras se le acercó a contarle sus cuitas, esperando encontrar palabras de comprensión y aliento, pero lejos de ello, recibió como única respuesta: Madrecita querida, déjese de pensar, venga y cantemos. La cuitada quedó tan sorprendida como azorada pero después comprendió la sabiduría de la respuesta y hasta agradeció el gesto de optimismo. Meses más tarde la Madre Clemencia fue designada nueva Superiora y como era agria de carácter y tontísima de inteligencia, no escatimaba momento alguno para llamarle la atención, dizque para que no le creciera la menor brizna de orgullo. Con tal motivo, ya sea delante de la comunidad, de las niñas, de los padres de familia o de cualquier persona extraña, la regañaba como a niña.

Sor Eufemia, aunque no hubiere cometido la falta, se arrodillaba, besaba el piso y le pedia perdón. La Superiora le ordenaba que se levante y se marche, pero ella - antes de irse - con una gran sonrisa le contestaba: Madre Superiora ¿Hay que contestar algún oficio del Ministerio? ¿Hay que enviar alguna carta? ¿Hay que escribir alguna tarjeta? Lo cual le sonaba a la Directora a burla, aunque bien pensado el asunto, era una muestra más del buen carácter de Sor Eufemia.

En la escuela de Chimbo daba clases a las niñas de quinto y sexto grado. Sus pasos no ofendían a nadie, eran buena, virtuosa, linda, rosada y humilde. Se hacia querer, solía saltar y jugar con las niñas porque la alegría es buena siendo cosa de Dios. Sus clases de catecismo eran consideradas maravillosas. En Noviembre de 1.918 renovó  sus votos. El Párroco de Chimbo, Rafael Tirso Poveda, que las había ayudado a mantener la escuelita, se negó a seguirlo haciendo y las madrecitas empezaron a coser y a bordar para ganarse el diario sustento.

El 13 de Noviembre de 1.919, próximo el segundo aniversario de la Madre Clemencia como Superiora en Chimbo, las monjas pidieron a Eufemia que prepare los festejos con números de música y canto. Como estaba cansada ésta le dijo a la madre Sabina que deseaba ir a tomar un baño en Pindiagua, balneario situado a pocas cuadras de la plaza central de Chimbo, pero calculando que no haya gente. Estaba sudada cuando llegó al balneario y como alguien le dijo que llegaban las niñas de la escuela, sin esperar dos veces se lanzó a las aguas frías y salió enseguida para evitar que las niñas la vieran.

Cuando regresó tosía y ardía en fiebre. El Dr. Noboa que fue llamado desde Guaranda, le ordenó guardar reposo absoluto. El Miércoles 19 amaneció mejorcita pero al enterarse que una familiar del Dr. Cicerón Cisneros, médico de Pelileo radicado muchos años en Chimbo, habla solicitado en la portería que hagan oraciones por su conversión pues estaba en camino de irse al infierno por liberal. Eufemia exclamó como Mariana de Jesús, cuya Vida sabia casi de memoria. ¡Dios mió, si mi vida es necesaria para la conversión del Dr. Cisneros, acéptala, te la ofrezco por él¡.

Sor Clemencia, que habla escuchado tal despropósito, le respondió: Hijita, su vida es necesaria para la Congregación. No la ofrezca, ofrézcale sus dolores. Entonces Eufemia volvió a exclamar: ¡Señor, no tengo permiso para ofrecerme de victima, te ofrezco mis dolores; Desde ese momento comenzó a sentir terribles dolores, psicosomáticos por cierto.

A la 1 de la madrugada, estando solamente acompañada de la Madre Sabina, le preguntó: Madre Sabina ¿Ve Ud. a la muerte? — ¿En donde está? — Está dando la vuelta al ruedo de mi cama y me dice que a la hora que menos piense vendrá el Hijo del Hombre. La Madre General María también está aquí y me pregunta que donde están mis compañeras, porque son dos más.... La Madre Sabina sintió gran miedo, a pesar de estar en compañía de un niña. Y es que la Madre Eufemia, a consecuencia de las altas fiebres estaba deshidrataba y veia visiones, lo cual no se conocía entonces y hoy su hubiera superado con un simple suero de dextrosa.

El 22 recibió una copa con remedio que le ofreció la Hermana Amelia y entonces con mucha gracia le dijo: Permiso para poder decir salud a la Madre Superiora por su onomástico. El 23 recibió el viático, comprendió que se mona, pidió papel y pluma y escribió a su padre una hermosa y larga carta de despedida, pidiéndole que comulgue siempre.

El 24 amaneció muy mal, fue visitada por el Dr. Noboa y cantó unas estrofas a la Virgen. La Superiora, comprendiendo lo injusto de su conducta, se había convertido en su enfermera y edificaba a las demás madres con su ejemplo y bondad. A las seis de la mañana del martes 25 el Dr. Noboa le aplicó una inyección y anunció que no durarla doce horas. La Superiora le dijo: Madre Eufemia, prepárese a comulgar por última vez, Ud. va a morir. 

En sus últimos momentos se ofreció de victima por la conversión de su papacito, el Párroco pidió por la prosperidad de la Congregación, también por el pueblo de Chimbo para que no pierda la fe y por él mismo para ser mejor. Eufemia accedió a todo con mucho gusto y falleció a las 9 de la mañana de ese mismo día, que como ya se dijo fue el martes 25 de Noviembre de 1.919, tenia solamente 39 años de edad.

Al saberse la noticia de su muerte la pequeña población se alborotó pues era muy querida. Su entierro fue apoteósico, de las poblaciones cercanas llegaron todas las bandas de música, sus alumnas llevaban charoles con pétalos que arrojaban al paso del cortejo. El cofre fue blanco, la vistieron de blanco y con palmas a los lados porque asi se enterraba a las vírgenes cristianas de la antigüedad, costumbre que subsistió en las pequeñas poblaciones rurales ecuatorianas hasta bien entrado el siglo XX como rezago de los tiempos del coloniaje español. Antes de enterrarla y en presencia de las autoridades se abrió el cofre y la encontraron tibia. Se dijo que estaba aun viva, pero otros opinaron que los santos asi mismo son y la enterraron de todas maneras. Fue una excelente religiosa y se ha abierto su causa de beatificación para que la Iglesia la condecore con el tratamiento de Santa.

¿I el Dr. Cicerón Cisneros, dejarla sus ideas liberales radicales? Creemos que no, pero tuvo que ausentarse de la población por algunos meses pues su presencia en San Miguel de Chimbo se tornó peligrosa, ya que las gentes le acusaban de ser el causante de la muerte de la madrecita buena.
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Luz Emilia Saa Cadena, Apóstol y Maestra, Laica

Luz Emilia Saa Cadena, Apóstol y Maestra, Laica
Enero 7, 1904 - Diciembre 11, 1949

EDUCADORA.- Nació en Machachi el 7 de Enero de 1.904, hija legítima de Rosendo Saa, ambateño y de Zoila Cadena, de Machachi. Inició su educación en la escuelita de las Madres de la caridad de su pueblo, "se le puso en la escuela porque era por demás traviesa, caprichosa, trepaba a los árboles con gran agilidad y gustaba andar sin ser controlada, también era voluntariosa.

Un día no quiso arrodillarse en la Misa a pesar de las reiteradas órdenes de la madre Superiora". "Despreocupada en su arreglo, interesándole ante todo sus travesuras y correrías".

En 1.912 la familia se trasladó a Quito; Luz Emilia estudió en la escuela de la señorita Amada Viteri y luego en la Municipal No. 1. No cursó en planteles religiosos porque eran pagados; sin embargo, don Rosendo se preocupaba de la formación religiosa de sus siete hijas y después de las seis de la tarde se instalaba en la modesta salita del hogar y alrededor de una mesa relataba historias piadosas que sacaba de libros guardados en una antiguo baúl al que llamaba "mi tesoro". Entonces salían a relucir "La Imitación de Cristo" de Kempis, que él decía "mi libro celestial" y "El temporal y eterno" del Padre Nieremberg, S.J, hasta que a las ocho el auditorio infantil iba a acostarse, no sin antes rezar el rosario.

En tan patriarcal como religioso hogar creció Luz Emilia y a los 12 años ingresó al Normal "Manuela Cañizares" donde los estudios la absorvieron hasta 1.924, que egresó de profesora normalista. Primero trabajó dos años en la escuela de varones de Machachi, luego ocho en la "Diez de Agosto" de la capital y fundó el catecismo en la Iglesia de San Francisco. En 1.935 ascendió a profesora de la Escuela anexa al Colegio "24 de Mayo". Su hermana mayor había entrado de religiosa franciscana y Luz Emilia era el alma del hogar, consistiendo su mayor dicha en entregar íntegramente a su madre, el sueldo que percibía.

Hasta entonces era profesora y nada más, pero durante una Misa en la novena de la Dolorosa en la iglesia de la Compañía, sucedió lo que después ella llamaba "Mi conversión". Terminado el sermón "estuvo conquistada toda yo para un nuevo ideal: la niñez. Desde entonces el magisterio se iluminó ante mis ojos bajo otra luz y tuvo sentido". El Sr. Luis Kuhn, empleado del Banco Central, la presentó a los jesuítas y comenzó su labor de catequesis que la haría tan dichosa entre los 1.000 niños que, sacados de diversas escuelas laicas, componían el Catecismo de San Estanislao en el templo de la Compañía, donde se preparaban para recibir la primera comunión. Los niños decían: "Qué clases las de la señorita Luz Emilia" y la querían mucho. También trabajaba en otras obras, fue Vocal del Comité pro construcción de la Iglesia de San Alfonso y catequista en la Iglesia del Belén cercana a su hogar. Igualmente terciaria franciscana y habiéndosele propuesto el honroso cargo de maestra de novicias, no aceptó, por modestia.

En 1.938 murió su padre de cáncer. Días antes el médico de cabecera quiso inyectarle morfina para mitigar sus intensos dolores pero don Rosendo protestó diciendo ¿Jesús en su agonía, tuvo acaso morfina? ¿No podré yo, por amor y gratitud a tantas mercedes, unir mis dolores a los suyos? I murió en su ley, dedicando a Dios los sufrimientos.

En 1.940 inaguró las clases de pedagogía que fueron un éxito y formaba parte del grupo de "Damas Catequísticas" que llegaron a tener tres casa en Quito, Guayaquil y Ambato. Acudía al penal García Moreno y dictaba clases de moral, después anotará en su diario "Los presos me piden no faltar nunca, manifiestan quererme...". También formó el "Centro de Instrucción de los Obreros" y dirigió la tercera sección, dictó clases de gramática, geografía, moral cristiana, deberes y derechos del trabajador y del patrono, alcoholismo, etc.

En 1 .944 obtuvo una beca para estudiar pedagogía religiosa durante un año en Chile y Argentina. El Ministro de Educación, Dr. Jaime Chavez Ramírez le encargó visitar oficialmente los planteles educacionales de esas naciones y dijo "Diez maestras como Luz Emilia salvarían al Ecuador".
Un año de bendición y gracias fue para ella su estadía en el Hogar Catequístico, anexo a la Universidad Católica de Santiago, año de superación y profundas vivencias con los más pobres, con los desamparados, que visitó diariamente.

En 1.946 regresó a Quito a dictar cursos de pedagogía catequística con salesianos y franciscanos. En los meses de Agosto y Septiembre, de vacaciones en la sierra, acompañó al Padre Benigno Chiriboga, S. J. a Portoviejo, en incansable apostolado, "oír misa y comulgar diariamente visitar la cárcel, recorrer caseríos y atraer a cientos de niños al catecismo", tal fue su vida en Manabí.

Jacinto Jijón y Caamaño, Alcalde de Quito, le mandó a ofrecer el rectorado del Liceo Fernández Madrid, que tenía 500 alumnas entre internas y externas; Luz Emilia estaba enferma y en cama y se "ríe de la ocurrencia del señor Alcalde", pero éste insistió y ella obedeció por orden del Arzobispo de La Torre.

En el Liceo atendió numerosos y urgentes problemas, se multiplicaba y hacía las veces de madre. Su sueldo lo repartía entre el alumnado, ayudando a las más pobres.

En 1.948 participó en el Congreso Eucarístico Nacional. El 5 de Agosto de 1.949 ocurrió el terremoto de Ambato y el 8 se creó esa Diócesis. La posesión canónica del nuevo prelado Bernardino Echeverría Ruiz tuvo lugar el 11 de Diciembre. Luz Emilia decidió concurrir con un nutrido número de catequistas y terciarias. En Ambato asistieron a los actos litúrgicos, recibieron la bendición del Obispo, visitaron a las damas catequísticas y visitaron el hogar de su hermana donde encontraron a otra hermana Carmen Amelia Saa, conocida en religión como Madre Paulina de la Inmaculada y le dijo “Todo este tiempo no has rezado por mi y yo lo he sentido...” Han sido unos días de tanto agotamiento y cierto que no he rezado, confesó la aludida y es que Luz Emilia solía adivinar las interioridades del alma.

A las dos de la tarde tomó el bus de regreso a Quito, pero 31 kilómetros después chocó con un tren y el vehículo se partió en dos. Testigos presenciales aseguran que Luz Emilia quedó conciente pero con una mancha obscura en la altura del cuello, signo de un grave derrame interno y que alcanzó a decir: "Voy a morir, háganme rezar".

Llevada al hospital de Ambato, recibió la comunión, perdió el conocimiento y murió de 49 años el 11 de Diciembre de 1.949, a las 8 y 30 de la noche. Su cadáver fué trasladado a Quito y el sepelio se realizó el martes 13 con numerosos acompañamientos. Entonces se descubrió su "Diario Intimo" llevado por muchos años, donde acostumbraba anotar hasta sus más pequeñas emociones y sentimientos. ¡Algún día se publicará!.

En 1.951 la Madre María Victoria de Jesús editó un esbozo biográfico en 95 páginas titulado: "Luz Emilia Saa, apóstol ecuatoriana, modelo de católicas en un ambiente laico", con su fotografía, dedicatoria e índice. Tuvo el don de la clarividencia, una vida íntima muy rica, lo mismo en virtudes que en carismas, inspiraba confianza a los que trataba. Fue de mediana estatura, trigueña, pelo crespo y negro, facciones agradables y firmes, incansable para el trabajo, cumplidora de sus obligaciones y de conducta intachable.

Supo hacerse querer de todos y especialmente de los niños, a los que tanto amó.
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María Amalia Urigüen Espinoza, Fundadora de las Oblatas de Matovelle

María Amalia Urigüen Espinosa, Fundadora de las Oblatas de Matovelle
Septiembre 14, 1851 - Abril 12, 1948

FUNDADORA DE LAS OBLATAS.- Nació en el caserío de Huertas, cercano a la población de Paccha ,al pie de las estribaciones del Chilla y fue bautizada en Paccha el 14 de Septiembre de l.85l, cuando esta población pertenecía a la jurisdicción de Zaruma en la provincia del Guayas. Fue su padre el Presbítero Andrés Uriguen Torres que la bautizó y su madre Maria de los Angeles Espinoza, campesina blanca de esa jurisdicción, tuvo un hermano mayor llamado Daniel Maria, una menor Virginia y se criaron con Rosaura Toro Espinosa, una prima huérfana y pobre.

Tuvo una niñez tranquila, su madre le enseñó a leer, escribir y hacer números. Era de carácter dócil, de temperamento retraído, gustaba recorrer el campo y en los bosques cercanos arrancaba florecitas para regalar a la virgen Dolorosa.

De doce años de edad su padre se trasladó a Cuenca con toda la familia y habitaron en la casa de una de las tias Uriguen Torres que enseguida murió y luego también fallecieron sus padres. Amalia quedó con Virginia y Rosaura al cuidado del hermano mayor Daniel, que siempre fue con todas ellas un protector cariñoso ( 1 ) mas, estos cambio bruscos y la soledad de sentirse huérfana la hicieron sensible y retraída y desde entonces le dio por expiar pecados ajenos, ofreciendose como víctima de inmolación. Por eso se ha dicho que casi no tuvo juventud pues jamás asistió a bailes o festejos.

En l.872 el Padre Miguel Franco, jesuíta italiano a la sazón en Cuenca, sabedor de sus virtudes, le aconsejó que viviera con Virginia y Rosaura en una especie de retiro o cenobio en cuarto aparte, dentro de la casa de su hermano Daniel, como simples beatas. Cada una , por mes, llevaría el peso y la dirección de la casa y al poco tiempo otras mujeres del vecindario, de igual temperamento religioso, fueron a vivir con ellas, compartiendo la santidad de sus costumbres.

El 76 todas pasaron al cuidado espiritual del Padre Manuel Corral y Banderas y así transcurrieron diez años hasta que el 86 Amalia y sus seguidoras se cambiaron a una casita del barrio de la Merced, cercana a un conventillo que había sido de los padres jesuítas mientras estuvieron en Cuenca y que por entonces manejaba el Padre Julio Matovelle Pesantes, reciente fundador de la Orden de los Oblatos. La vecindad hizo que se conocieran. Un dia, Amalia le confesó que deseaban hacerse monjas.

Eran mujeres de edad madura, costumbres arregladas y sabían lo que querían, y aunque el asunto no progresó porque estaba muy atareado reactivando cinco congregaciones decaídas ( 1 ) les dio por confesor al Padre Virgilio Maldonado para que las ingresara por el momento a la Congregación de las Hijas de Maria que funcionaba en su iglesia; sin embargo, tal era la pobreza en que vivían, que había dias que no tenía qué comer, aunque todo lo sobrellevaban por amor y devoción a Jesucristo.

Fueron años asendereados y la casa de retiro de Amalia, que había llegado a albergar hasta diez mujeres, fue quedando solo con las tres , hasta que un dia, viendo Amalia que Matovelle no se decidía , le preguntó : Padre ¿ Hay o no esperanza de nuestra fundación? Perdone mi pregunta. --- Hija mia, ya nomás. I pronto, pues las obras de Dios no se hacen con plata solamente. No hay porqué desaminarnos, sus compañeras las han dejado solas, no importa, ¡Dios proveerá¡

En Abril de l.89l el dueño de la casa que ocupaban se las pidió para un familiar y habiendo fallecido la señorita Jacinta Segarra, dejó por testamento una casa en el mismo barrio de la Merced, que Matovelle cedió para que la habitara Amalia con sus compañeras y una doméstica, en calidad de beatas de claustro, haciendo vida religiosa, del que solo salían diariamente al templo. El 30 de Marzo se le unieron Micaela y Josefa Iñiguez pero siendo este género de vida de total renunciación del mundo, la sociedad y la familia, no fue del agrado de su hermano Daniel Maria, que se le distanció cosa de un año porque la quería mucho y no veía con buenos ojos estar separados.

El 7 de Abril de l.892, a eso de las cuatro de la tarde, vísperas de la fundación de la Comunidad, el Pädre Matovelle les mandó a obsequiar tres hermosos cuadros al óleo del Corazón de Jesús, la Dolorosa y San José, asi como las reglas comunitarias que había escrito para uso de las Oblatas del Corazón de Jesús. Al dia siguiente, 8 de Abril, les celebró misa y dijo: “Desde hoy Uds. se llamarán hermanas. Son las reparadoras. Las víctimas por su Patria el Ecuador y el mundo y enseñarán a la niñez desvalida. ( 2 ) Pasada la ceremonia y ya solas, se acordaron que era tarde y había que pensar en el almuerzo, pero solo había un sucre y ochenta centavos en la caja.

Entre el 93 y el 94 se unieron las lluvias y hubo una gran hambruna en el país. En el Azuay la población campesina gimió de hambre y los Oblatos comenzaron a distribuir trigo y carne los jueves, en el sitio donde hoy se levanta el templo del Cenáculo. Amalia y sus hermanas se estrenaron en las obras de acción social.

El 26 de Septiembre de l.893 las hermanas Virginia, Rosaura y Micaela, así como la doméstica Mercedes Barreto viajaron a Paute a fundar una casa en ese lugar. En Cuenca quedaban Amalia, Rosa Córdova, Josefa Iñiguez, Filomena Abad y la doméstica Cruz Pavaña.. El 2l de Noviembre fueron aprobadas canónicamente las Reglas y Constituciones. El 9 de Marzo de l.894 se trasladaron al edificio e iglesia de Todos los Santos donados tres años antes por Monseñor Miguel León Garrido, que por vetusta y húmeda no ofrecía ninguna comodidad.

En Julio regresaron a Cuenca las hermanas de Paute y el 8 de Septiembre celebraron el natalicio del padre Matovelle, que acababa de rechazar al Arzobispo Pedro Rafael González Calisto una de las Canongías de la Catedral de Quito por quedarse asistiendo en Cuenca a sus nuevas congregantes. El 24 de Septiembre se llevó a cabo la profesión religiosa de las primeras Oblatas para lo cual se cortaron las largas trenzas y vistieron el hábito. En el primer Capítulo de la Orden, celebrado al dia siguiente, fue designada Superiora General y Maestra de Novicias.

El 95 fue un año de graves convulsiones políticas. La tarde del 3 de Agosto se acomodó la comunidad en una sola pieza de la planta baja previniendo el ataque de las fuerzas alfaristas contra la ciudad de Cuenca. El dia 5 el Padre Fidel Cevallos, de los Oblatos, en el sermón de la misa dijo a los feligreses que las Madres Oblatas les servirían de pararrayos “para detener los castigos que merecieran de la justicia divina y atraer sus bendiciones.” Tantos trabajos minaron su salud. El 10 su hermano Daniel y su sobrino Daniel Uriguen Uriguen la llevaron a descansar a la casa de Paute y empeoró por el presentimiento de que moriría su hermano, como efectivamente ocurrió a la semana siguiente durante el ataque a Cuenca.

Esto le ocasionó un gran dolor pues siempre se habían querido mucho. El 96 volvieron los conservadores a alzarse contra el gobierno liberal y el 24 de Agosto entró el ejército en Cuenca. Matovelle y otros políticos fueron desterrados. La Orden de los Oblatos sufrió menoscabo hasta su regreso a Cuenca en l.902 cuando retomó la dirección y volvió a trabajar con los suyos.

La Madre Amalia formuló sus votos perpetuos el 27 de Septiembre de l.908. Como fuentes de conocimiento a su labor educativa empleaba las lecturas comunitarias, las prácticas doctrinales dominicanas, los retiros predicados y meditaciones piadosas.

Su Generalato duró hasta l.92l, época en que creyó oportuno ceder el mando a la Madre Angélica Corral, permaneciendo unicamente como su ayudante, dejaba a la Comunidad fortalecida con Casas en Paute, Biblián, Girón y Deleg donde se dictaban clases en quichua para las niñas indígenas y en español para las demás y talleres para las domésticas. Era una educación elemental pero útil para una sección del país que no contaba con suficientes profesores.

En l.930, al fallecer de derrame cerebral la hermana Corral, fue electa por segunda ocasión y pudo fundar en l.933 tres casas en Quito y el 39 una en Charasol provincia del Cañar. En Noviembre del 33 sufrió el tifus que soló las comarcas azuayas pero se recuperó totalmente. Era una monja serena y alegre con sus ochentitres años encima, que vivía haciendo el bien, resignada a la pobreza general y de su Congregación, porque el país atravesaba una larga etapa de contínuas penurias económicas; mas, lo mejor de su personalidad era la ternura que usaba en el trato con los demás, por eso se ha escrito que su persona era el con junto de la austeridad unida al candor y la dulzura de un singular don de gentes.

En l.942 fue sucedida en el Generalato por la Hermana Josefa Iñiguez pues sus noventiun años de edad ya no le permitían trabajar con la misma intensidad de siempre. El 46 acaeció un trágico accidente a una avioneta Andesa frente a la casa central de las Oblatas y se conmocionó tanto que desde entonces permaneció sin salir de su celda, falleciendo tres meses después , a las tres de la mañana del l2 de Abril de l.948, de casi 97 años de edad, rezando su motete eucarístico preferido, coreado por sus hermanas y que dice: Volemos, volemos al cielo alma mia, buscando a Maria y ansiandola ver. El sepelio fue numeroso y en todos los presentes se notó un dejo de tristeza y melancolía.
( 1 ) En l.884, Matovelle, dejandose llevar por su optimismo, había fundado en Azogues la Congregación de Oblatas del Divino Amor que devino en fracaso cuando retornó a Cuenca. Este fue su primer intento por establecer una rama femenina de su Congregación.

( 2 ) Matovelle tenía el prurito de sentir que su Patria era amenazada por la impiedad como él solía llamar a los anticlericales ecuatorianos, pues no creía en la pluralidad de ideas.
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El  Decreto No. 8 de la Vida Formativa, el XXV Capítulo General,  nombró como patrona del Noviciado a la Madre Amalia Urigüen, Cofundadora de la Congregación; fue la primera Maestra de Novicias, primera Superiora General; verdadero testimonio de Inmolación, Serena y heroica, austera consigo misma, y blanda con las demás, amante de la Eucaristía y de la Santísima Virgen de los Dolores.
Actualmente estamos empeñadas en iniciar la Causa de Beatificación de nuestra Madre Cofundadora.

☆Santos, Beatos, Venerables, Siervos y Fallecidos en Olor de Santidad, Ecuador

Sant@s

Beat@s

Venerables

Sierv@s de Dios

Fallecidos en Olor de Santidad
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Fuente: OremosJuntos.net
Información recibida vía tefefónica y en la entrevista que tuve en Guayaquil, Ecuador, Octubre 2, 2006 en casa del Padre,
Hugo Vázquez Almazán
(Abril 29, 1936 + Abril 6, 2008)
Que después de una exaustiva y extensa investigación de muchos años, ha logrado reunir estos valiosos datos que muy gentilmente me los ha cedido, en víspera de la publicación de su libro "Nuestra Contribución al Cielo" cuyo borrador se perdió, pero yo dispongo una copia de ese Indice, que el me permitió fotografiar.

Fue publicada posteriormente en el 2014 por Monseñor Roberto Pazmiño +, tratando de recopilar por varios medios su original obra.

Padre, Hugo Vásquez y Almazán

Padre, Hugo Vásquez y Almazán
uno de los fundadores de Schoenstatt en Ecuador.
(Abril 29, 1936 + Abril 6, 2008)

El martes 6 de mayo del 2006, falleció en Guayaquil, Ecuador, el P. Hugo Vásquez y Almazán a la edad de 73 años. El P. Hugo pertenecía al Instituto de Sacerdotes Diocesanos de Schoenstatt. También perteneció al selecto y reducidísimo grupo de ecuatorianos que conoció y trató personalmente al Padre José Kentenich. Seguramente, una de las primeras noticias que tuvo el Fundador acerca del Ecuador las recibió directamente de él.

El P. Hugo, además de un buen sacerdote, fue un hombre notable, sencillo y polifacético. Fue autor de varios libros, artículos y revistas, por medio de los cuales dio a conocer el pensamiento del Padre y Fundador y la espiritualidad de la Alianza de Amor. Estos escritos hicieron de él un sacerdote muy conocido en el clero guayaquileño y ecuatoriano, y punto de referencia para los demás. Investigador incansable, contribuyó con sus estudios a la formación de la identidad del pueblo y de la Iglesia en el Ecuador.

Es muy conocida una obra suya "Nuestra contribución al cielo", en donde relata la vida de innumerables personalidades católicas ecuatorianas que murieron en olor de santidad. Entre ellas, escribió varias referencias acerca de Narcisita de Jesús, la santa ecuatoriana que fue canonizada en Roma por Benedicto XVI el 12 de octubre 2008

Sirvió fiel y desinteresadamente a la Familia de Schoenstatt ecuatoriana.

El P. Hugo también fue fundador de un instituto secular: la comunidad de las Guadalupanas, que tenían como advocación principal a Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona del continente americano. Además, animó muchos grupos parroquiales en su tarea de pastor. En Guayaquil fue párroco de Nuestra Señora de la Elevación, de San Eduardo y de San Antonio María Claret. Su último trabajo parroquial lo desarrolló en el conocido sector de Bellavista en la ciudad de Guayaquil, en la parroquia de Nuestra Señora de Altoetting y de la Unidad, advocación mariana de origen alemán.

Sirvió fiel y desinteresadamente a la Familia de Schoenstatt ecuatoriana. En Guayaquil celebraba todos los meses la Sta. Misa de Alianza en el Santuario y fue autor de muchos poemas y cantatas en las que manifestaba su cálido amor a María. En la consagración del Santuario Ciudad de Quito regaló una hermosa cantata que quedará como fuente de inspiración para la oración, meditación, y para mantener viva la conciencia de misión de los instrumentos marianos. Sus testimonios sobre el Padre Fundador ayudaron a la naciente Familia ecuatoriana en la década de los 60 – 70 a enamorarse del carisma profético del Padre Kentenich.

Muchas cosas más se podrían decir acerca del P. Hugo. Por ahora nos queda sólo agradecer a Dios y a la Mater por sus cuarenta años de vida sacerdotal y por todo lo que regaló por medio de este sacerdocio. Que desde el Schoenstatt Eterno, él siga regalando su bendición sacerdotal a la Familia de Schoenstatt para ame más, como él lo hizo, a toda la Iglesia. ¡Gracias P. Hugo!
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ECUADOR, P. Eduardo Auza.
Tomado de: archiv.schoenstatt