martes, 11 de julio de 2017

Luis López de Solís, Obispo

Luis López de Solís, Obispo O.S.A.
1605 - Julio 5, 1606

Luis López de Solís ( * Salamanca, 1534 - † Lima, 1606), fraile agustino español que ocupó altos cargos eclesiásticos en el Virreinato del Perú. Cuarto obispo de Quito.

Título Arzobispo de la Plata - Charcas
Otros títulos Arzobispo electo de La Plata o Charcas
Obispo electo de Asunción

Información religiosa
Ordenación sacerdotal 9 de mayo de 1553
Ordenación episcopal 1 de enero de 1594 por Toribio de Mogrovejo

Información personal
Nombre Luis López de Solís O.S.A.
Nacimiento 1534, Salamanca, Corona de Castilla y León
Fallecimiento 5 de julio de 1606, Lima, Virreinato del Perú

Profesión Teólogo
Alma máter Universidad de Salamanca

Biografía
Sus padres Francisco de los Ríos y María López de Solís eran de noble condición, muy joven luego de concluidos sus estudios de Artes en la Universidad de Salamanca, tomó el hábito agustino (1552) y profesó el 9 de mayo de 1553. Luego de recibir el diaconato se embarcó en Sanlúcar de Barrameda con destino al Perú. 1

Provincial agustino
Llegando a Lima se ordenó de sacerdote (1559), enseñó Filosofía en el recién creado Convento agustino, después pasó a Trujillo donde se estableció la cátedra de Teología que leyó por varios años. En 1570 se graduó de Maestro. El 71 fue electo Provincial de su Orden en el Perú por dos años y el 87 volvió a serlo. El 73 compró una casa y el martes, 9 de Julio se cambió en altas horas de la noche con toda la Comunidad y tomó posesión del local ante el alcalde ordinario Pedro de la Vega. Los religiosos de Santo Domingo y de la Merced pusieron pleito para arrojarles de su nuevo alojamiento y comprando una casa colindante se introdujeron allí a deshoras y asaltaron a aquellos, quitándoles la campana que ya tenían colocada, con otras violencias. La autoridad tuvo que intervenir para que los Dominicos se retiraran a su Convento y los Agustinos extendieron sus dominios abrazando toda la manzana. El 74 colocó la primera piedra del templo que hizo levantar con toda munificencia.

En 1577 fue el primer Catedrático asociado de Vísperas de Sagrada Teología en la Universidad de San Marcos. Después ocupó los prioratos de Lima y Chuquisaca. El 82 y el 91 concurrió como Teólogo Diputado de los Concilios limenses reunidos por el Arzobispo Toribio de Mogrovejo. "El Rey Felipe II le presentó para Obispo de Río de la Plata y el Virrey Marqués de Cañete le envió de Visitador a la Real Audiencia de Charcas, donde ejerció con rectitud y probidad sus funciones, suspendió a un Oidor y multó a otros, después realizó una equitativa distribución de las tierras baldías enmendando las usurpaciones que descubría y arreglando con justicia los gravámenes, pero le acusaron en la Corte de favorecer a los indios.

El Virrey manifestó: "El Padre Fray Luis López de Solís es muy virtuoso; sin codicia y muy discreto para gobernar: buena letra, buena edad y mucha experiencia de las cosas de esta tierra".

Obispo de Quito
Nuevamente en Lima, en 1592 encontró las Bulas para el Obispado de Quito y marchó a esa Diócesis. En Trujillo fue consagrado por Mogrovejo, que se hallaba en dicha ciudad practicando la Visita.

El 25 de julio de 1594 entró en Quito, predicó en contra de la recién concluida revolución de las Alcabalas a los frailes que habían participado en ella, reunió el primer Sínodo Diocesano el 15 de Agosto en la Catedral y comenzó la Visita de rigor, predicando en todos los pueblos hasta los confines de Loja con la ayuda de un jesuita conocedor de la lengua del Inca. El 95 celebró el segundo sinodo Diocesano en Loja. 2

A mediados de 1605 fue ascendido al Arzobispado de Charcas y tuvo que salir de Quito a ocultas y sin que nadie lo advirtiese para evitar que la gente acudiera en tropel a despedirle. Dejó, sin embargo, como mejor recuerdo suyo, su sobriedad en todo y el trato especial demostrado en la protección e instrucción de los indios y como cosa mala el haber perseguido con rigor y severidad a los clérigos que habían participado en la revolución de las Alcabalas.

Durante su obispado de doce años fundó cuatro parroquias y dos conventos de monjas costeando sus edificios, igual cosa realizó con el Seminario de San Luis que entregó a los jesuitas. Estableció una Casa y Hospicio para mujeres, monasterios en Loja, Cuenca, Riobamba y Pasto. Inauguró una etapa de mayor tensión espiritual y de exigencia a encomenderos y españoles.

En lo personal se había impuesto como regla invariable de vida vestir un sayal de lana tejida de negro que era su hábito y no tener en su casa sino a personas de virtud probada. Distribuía el tiempo levantándose antes del amanecer para rezar, asistía a los oficios, administraba las cuentas, recibía visitas siempre que fueran rápidas, almorzaba con gran parquedad, volvía a los Oficios, daba órdenes y disposiciones y se acostaba tarde después de otros rezos en su oratorio, por lo que dormía muy poco y casi no comía. En sus disciplinas corporales de sangre era riguroso y se las aplicaba por las noches y muy severamente. Los viernes se iba a pie a Guápulo a celebrar misa los sábados de mañana. Caritativo con los pobres, solía dividir las rentas del Obispado entre las construcciones y ciertas ayudas al prójimo.

En 1602 mantuvo competencias muy ruidosas con los oidores de la Audiencia a causa de la lectura de la Bula de la Cena, así llamada porque era usual publicarla en Roma cada Jueves Santo y establecía gravísimas excomuniones a los que atentaban contra la jurisdicción eclesiástica o de cualquier manera perjudicaban a la iglesia, a las personas o cosas sagradas. Dicha Bula estaba aun en discusión en la Corte que había apelado ante el Papa y su aplicación en Quito fue por orden de Mogrovejo.

Arribó a Lima el 28 de Junio y se dirigió a su Convento donde le recibieron cantando un Te Deum, se aposentó en la misma celda que había ocupado antes, estaba con ciertos achaques de salud nada serios, pero presintiendo su cercano fin exclamó "He aquí que moriré en mi propio nido" al séptimo día pidió el Viático y la Extremaunción, tomó un Crucifijo y en fervoroso coloquio le rodaron gruesas lágrimas por la mejillas. Finalmente dijo Jesús, Jesús y expiró en horas de la mañana del 5 de julio de 1606, a los 72 años de edad. Fue sepultado con gran pompa y acompañamiento en su templo agustino, en una fosa común con sus hermanos que le habían precedido en el viaje definitivo, pues así lo había pedido, por eso no existe su tumba.

Días antes de su muerte le había llegado una carta del Duque de Lerma, válido del Rey Felipe III, en que le comunicaba haber pedido el Arzobispado de Lima para él. Un familiar le comentó que se cumpliría la profecía de Cádiz, pero Fray Luis replicó "Yo no iré al Arzobispado sino al sepulcro".

Tuvo facilidad de expresión, su prosa fue funcional, clara y eficaz, animada por sentimientos fuertes y casi apasionados. Fue celoso por la verdad. Su carga emocional se traducía en devociones, trabajos y cólera.

Doctor, predicador, prudente, de ánimo esforzado para todo asunto del espíritu, gustaba construir templos y monasterios, en religión era cumplido, de gran ejemplo y severidad. Su fisonomía adusta, la delgadez de su cuerpo y la blancura de su tez, le daba una apariencia imponente pero dominaba a las personas con bondad aunque sin concesiones. Se conservan sus retratos en Lima y Quito. Nunca quiso aprender el Quichua.

1- Hallándose en Cádiz en 1558 con los demás padres destinados al Perú, ocupado en disponer las cosas necesarias para el viaje, mientras iba y venía de la posada a la playa, encontró a un hombre que pasaba por fisonomista, quien, mirándole fijamente, le preguntó ¿Padre, a dónde es el viaje? - A las Indias- Pues no vaya a las Indias, váyase más bien a Roma y será Papa. Riéndose, Fray Luis, le dijo: Yo soy un pobre fraile, así no tengo un solo cuarto conque pagar a Ud. por el pronóstico.

Padre, veo que Vuestra Reverencia tiene cara de ser muy feliz y por eso juzgo que llegará a obtener la primera dignidad eclesiástica en el lugar adonde vaya. Como la mayor del mundo es la de Papa, le aconsejo que vaya a vivir en Roma, donde tengo por cierto que conseguirá. Fray Luis despidióse del hombre, sin hacer ningún caso del pronóstico, que sin embargo se cumplirá al pie de la letra.

2- Entre los 144 artículos del Sínodo, los hay relativos a la instrucción de los indios, Hernán Rodríguez Castelo ha opinado que el Obispo defendió a los indios ante el Rey Felipe II denunciando los agravios que padecían de parte de los Encomenderos; sin embargo su paternalismo lo llevaba a menospreciar las calidades humanas del indio y su pesimismo y concepción fatalista le hacía ver las cosas al revés, como cuando manifestó que no era bueno darles libertad porque se dedicarían al vicio y al pecado.
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Personaje insigne
“Fray Luis López de Solís es una de las grandes figuras de la Iglesia quiteña, [que comprendía el Ecuador actual], así como uno de los miembros más insignes de la Orden Agustiniana en su siglo”, escribía este servidor al estudiar la Acción Pastoral de este prelado. Lo corroboro para añadir que se distinguió por su sabiduría en la cátedra de Teología, por su prudencia y acierto en el gobierno de la Orden en Perú y en la organización pastoral del extenso obispado de Quito. Es por añadidura, siervo de Dios, cuyo proceso de beatificación y canonización se halla en Roma.

Nacimiento. Ingreso en la Orden
Nació este ejemplar personaje en la ciudad de Salamanca el año 1534, en el hogar formado por Francisco de los Ríos y María López de Solís. Optó por usar los apellidos maternos, como era frecuente en la época.

Tuvo más hermanos, pues una sobrina carnal residió en Quito, casada con un secretario de nombre Cristóbal Macedo. En la célebre universidad de su ciudad natal siguió los estudios de Artes y a los 18 años entró en el noviciado del convento de San Agustín, donde emitió sus votos religiosos el 9 de mayo de 1553.

En este cenobio, lleno de recuerdos de hombres santos, entre otros, San Juan de Sahagún, Santo Tomás de Villanueva, en aquellos momentos arzobispo de Valencia, San Alonso de Orozco, a quien debió conocer de paso por allí, además de leer algunos de sus escritos de espiritualidad. Aquí siguió los estudios teológicos dictados por algunos de aquellos grandes maestros agustinos de la época, entre los cuales debió de conocer al joven fray Luis de León.

Misionero voluntario para el Perú
Ordenado de diácono, se alistó para ir de misionero al Perú. Según los biógrafos, los superiores y maestros sintieron su decisión porque “tenían todos puestos los ojos en él y esperaban de sus virtudes, ingenio y gran juicio, efectos admirables”. Ganó la Iglesia y la Orden en los nuevos reinos de Perú y Quito.

Se embarcó en la llamada segunda barcada, de acuerdo a los cronistas, bajo la responsabilidad del P. Pedro de Cepeda, el 6 de febrero de 1558. Se cuenta una anécdota que tuvo lugar en Cádiz, mientras se dirigía al puerto. Un astrólogo le pronosticó que llegaría a Papa si se decidía a ir a Roma y si, por obediencia debía de ir a Indias, alcanzaría allí la suprema jerarquía. No tiene otro valor que el de la anécdota, que el interesado río con ganas, sin embargo, poco ante de morir fue presentado para arzobispo de Lima, sede primada del continente suramericano.

Tarea misionera, teológica y de gobierno
En Lima recibió la ordenación sacerdotal y pasó dos años de misionero en el Alto Perú (actual Bolivia) entre las tribus de los Uros, situados en las cercanías del lago Titicaca, provincia de Paria. Aprendió el difícil idioma de la indígenas, como primera medida para mejor evangelizarlos, promovió el desarrollo cultural de los indígenas, creó el pueblo de Challacollo, como centro misional, desde donde irradiaba la acción misionera y formación humana. Los superiores le destinan a la formación de los jóvenes profesos, mediante su docencia de Teología.

En 1563, con solo 29 años ya fue nombrado definidor o consejero provincial, cargo que desempeñó en cinco períodos. Fue dos veces prior del convento de Chuquisaca ( actual Sucre), cuatro veces prior del convento de Lima y provincial en dos cuatrienios, la primera cuando sólo tenía 35 años.

A sus grandes dotes de gobierno dentro su Orden, reconocidas por todos, unió su preparación teológica, como lector, maestro y doctor en Teología, materia que explicó en la cátedra de vísperas de la Universidad de San Marcos de Lima, obtenida por oposición. Su autoridad teológica le valió ser escogido por Santo Toribio de Mogrovejo para asistir como asesor suyo en el célebre III Concilio Provincia de Lima de 1583. A otros dos concilios provinciales posteriores asistirá en calidad de prelado. Siendo Provincial, envió a Quito a los PP. Luis Álvarez de Toledo y Gabriel de Saona, dos puntales de primer orden, para fundar la Provincia de San Miguel de Quito donde los agustinos llevaban ya varios años ejerciendo su labor pastoral.

Obispo de Quito
El 1 de octubre de 1591 es preconizado Obispo de Asunción (Paraguay). No pudo tomar posesión porque, mientras esperaba las Bulas del Papa para ser consagrado, fue nombrado Obispo de Quito. Entre tanto, ….llegaban las citadas bulas pontificias, el Virrey le encomendó hacer la visita a la Audiencia de Charcas, cometido que realizó con el mayor fruto social y religioso. Consagrado obispo por Santo Toribio de Mogrovejo en Trujillo, siguió camino a Quito.

Entre las primeras providencias pastorales, fundó el Seminario San Luis para la formación de sacerdotes, uno de los primeros y modelo, dotado de un selecto grupo de profesores de la Compañía de Jesús, a quien se lo encomendó.

Poco después, adosado a éste, fundó otro colegio-seminario para indígenas con la idea conseguir sacerdotes celosos y evangelizadores, que supieran llegar al indígena y su cultura. Creó una serie de becas para aplicarlas con preferencia a los más pobres. Con el empeño de tener un clero bien capacitado, pidió con insistencia la creación de la Universidad, que conseguiría el agustino P. Gabriel Saona para el convento de San Agustín (Universidad de San Fulgencio).

El Prelado Solís se impuso a sí mismo la obligación de conocer todo su extenso obispado, que comprendía el actual territorio del Ecuador y alguna zona más. Para eso organizó una serena visita pastoral. Según los datos de la historia, llegó a todos los rincones, ya fuera de la dura montaña, del cálido clima de la costa o del oriente y proveía a las necesidades humanas y espirituales. Denuncia los males e injusticias, que encuentra y pone remedio. Al mismo tiempo comenzó la organización de su diócesis creando nuevas parroquias a fin de satisfacer las necesidades pastorales las ciudades, de los barrios y de los campos. Fomentó y proveyó de la atención a los santuarios, como centros de evangelización: El de Nuestra Señora Quinche, ante el cual el pueblo erigió más tarde una estatua en su memoria, el de la Virgen del Cisne, nuestra Señora de Guápulo y otros.

Una de las obras de mayor fruto para el gobierno de la parcela eclesial que le tocó cuidar fue la celebración de dos Sínodos diocesanos, en Quito en 1594 y en Loja, 1596. Sobre todo el primero de estos constituyó la base de la legislación de Ecuador en un largo periodo de su emancipación en gran parte del siglo XIX. Tanto en las actas de estos sínodos como en sus actitudes ordinarias, López de Solís se distinguió por la promoción humana de los naturales y defensa de los derechos humanos, que se dice hoy.

Como síntesis de la obra pastoral de Solís, podemos resumir su programa en dos de sus grandes opciones, la verdad y la justicia. La primera le lleva a organizar todo en torno al anuncio íntegro y fiel de la revelación y de la evangelización. La segunda a dar la cara por la defensa de los indígenas, de los pobres y los derechos de todos, incluidos los de la Iglesia frente a los abusos del poder civil.

Promovido al arzobispado de nueva creación de Charcas o La Plata (actual Sucre), de paso para ir a tomar posesión, muere en el convento de San Agustín de Lima, rodeado de fama de santidad en todo el Reino de Quito y en Lima, el 6 de junio de 1606.

Mensaje para el mundo de hoy
Dado que el proceso de beatificación de nuestro siervo de Dios está ya en Roma,podemos señalar alguno aspectos del mensaje que pude darnos para el mundo de hoy. En primer lugar es su generosidad al llamamiento de Dios, su humildad y servicio a los demás desde su puesto de pastor. Se distinguió en su vida por una opción clara por la verdad y la justicia, la defensa de los derechos humanos y su amor a Cristo presente en el culto y en cada uno de los hombres, sobre todo los más necesitados.
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Félix Carmona Moreno, OSA

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