jueves, 13 de julio de 2017

Pedro Manuel Salado de Alba, Misionero

Pedro Manuel Salado de Alba, Misionero
Enero 1, 1968 †Febrero 5, 2012

Pedro Manuel Salado de Alba, Misionero Pe­dro Ma­nuel Sa­la­do de Alba, na­ci­do en Chi­cla­na en Enero 1, 1968, co­men­zó el no­vi­cia­do en el ho­gar del Na­za­ret de Cór­do­ba en 1990.

Nue­ve años des­pués, es des­ti­na­do a Qui­nin­dé (Ecua­dor) don­de, ade­más de cui­dar a los ni­ños del ho­gar, lle­gó a ser de­le­ga­do pas­to­ral del Obis­pa­do de Es­me­ral­da, pro­vin­cia a la que per­te­ne­ce Qui­nin­dé.
Pedro Manuel pertenecía a la Familia eclesial Hogar de Nazaret, fundada por María del Prado Almagro

El hermano Pedro se consagró al Señor en el año 1990 y hasta 1998 vivió en el Hogar de Nazaret de Córdoba. En este año fue destinado a la misión que el instituto tiene en Quinindé (Ecuador).

Y allí ha servido al Señor, y a los niños desamparados dirigiendo un Hogar y la Escuela-Colegio Sagrada Familia de Nazaret, con una entrega reconocida por aquellos que lo conocían y habían convivido con él.

Tenía 43 años y dirigía un hogar-escuela en Ecuador

Fa­lle­ció el 5 de fe­bre­ro de 2012, en una pla­ya de Ata­ca­mes, ex­haus­to, al sal­var a sie­te ni­ños de mo­rir aho­ga­dos en un mar em­bra­ve­ci­do.

«Estaba en la playa con los niños a los que cuidaba, en un día que parecía tranquilo», explica el padre Manuel, compañero de la institución religiosa familiar Hogar Nazaret. «Siete niños quedaron atrapados entre las olas y se lanzó al agua para sacarlos uno a uno», explica.

«Luchando con el agua, las fuerzas se le fueron agotando y utilizó el último esfuerzo para sacar al último niño», relata. «Él no habría podido vivir sabiendo que un niño había fallecido», concluye el padre.

"Era un hombre sencillo y humilde", confiesa el padre Manuel. Y siempre se rodeo de niños. De hecho trabajaba en una escuela, en la que vivían niños en situación de riesgo o desamparo y donde le llamaban 'el papi'. "Él no quería volver a España, decía que no podía dejar a los niños allí". Y, al final, lo dio todo por ellos.


Al conocer la noticia el obispo de Esmeraldas, el español Mons.
Eugenio Arellano, afirmaba que

“el hermano Pedro murió como vivió” entregado a Dios y a los niños.

Pedro Manuel Salado nació el 1 de enero de 1.968 en el seno de una familia cristiana de Chiclana de la Frontera (Cádiz), era el tercero de 6 hermanos. En esta familia numerosa aprende el valor de la fraternidad y de la sencillez. Con experiencias como la visita a Taizé, Dios le va marcando el camino, que desembocará en la Familia Eclesial “Hogar de Nazaret”. 

Esta comunidad católica pertenece a los nuevos movimientos eclesiales, y es fundada por María del Prado Almagro en 1.978, en Córdoba (España). Está integrada por dos ramas, una de mujeres célibes y otra de hombres célibes, clérigos y laicos.

La misión principal de este movimiento es la atención a los niños y jóvenes, creando hogares de acogida, a modo de una familia, donde se les ofrece una educación humana y cristiana, también busca la atención y formación de la familia, impulsando la creación de “Movimientos familiares de Nazaret”

Estatua a un héroe, Pedro Manuel Salado de Alba

Pedro Manuel Salado, llegó al Hogar de Nazaret como joven voluntario, en el verano de 1.987, atrayendo a los niños con su guitarra y con su humildad. En este mismo año comienza el noviciado en esta institución en Córdoba, emite sus primeros votos el 15 de agosto de 1.990, y permanece en esa ciudad dirigiendo uno de los cinco Hogares que por entonces había en la ciudad andaluza.

En 1.999 es destinado a Ecuador, al Hogar que la Asociación tiene en la ciudad de Quinindé. En el año 2002 asume la dirección de la escuela Santa María de Nazaret. Fueron años duros, pues a él le toca la labor de fortalecer y proyectar una escuela con sólo 8 años de existencia y con más de 500 alumnos, muchos de ellos procedentes de familias muy humildes de Quinindé. En este tiempo el hermano Pedro, con su abnegada labor, no sólo logró mantener la Escuela, sino que realizó la ampliación hasta Bachiller.  Huía de cargos, por lo que dejó la dirección, aunque no la enseñanza.

De él se ha dicho que “pasó por la vida sin hacer ruido”. Unida a esta sencillez destacan también su pobreza evangélica, espiritual y material, su alegría y su bondad.

En una de sus visitas a España, en el año 2003, se vino con el único calzado de unos zapatos para todo. Cuando le entregaron unas zapatillas para jugar al fútbol y se le preguntó si le quedaban bien, el respondió: “Si, tengo pie de pobre”.

Su heroica muerte
El 5 de febrero de 2012, domingo, la comunidad misionera se había ido con los niños y niñas que tienen acogidos a una playa cercana a la misión. Estando los niños jugando en el agua cerca de la orilla un remolino se llevó a 7 hacia dentro. El hermano Pedro, a pesar del respeto que solía tener al mar, no dudó en lanzarse al agua diciendo “tengo que salvar a mis niños” y los fue sacando uno por uno. Tras sacar a los dos últimos niños (Selena y Alberto), fallecía en la orilla exhausto.
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